
Uno es de la calle de su infancia. Yo vivía en la calle Pozoblanco doce, primero. La curiosidad era que la calle era Comedias hasta un determinado número y Pozoblanco después. En el balcón de mi casa veía el mundo. Tuve enfrente una pastelería, luego una tienda de lana (Phildar). Desde mi atalaya veía los dias seis de julio el trasiego de gentes hacia la plaza del Ayuntamiento para el chupinazo. También, muchas noches, las carreras de los grises detrás de los comunistas. Mi calle. Allí los sonidos de siempre, las voces del vendedor de cupones, la calle San Nicolás, que hace esquina, las escalerillas para la Plaza del Castillo y...los domingos Amóstegui, el restaurant (palabra mágica que evocaba a Paris y sus esplendores). Allí comíamos los tres, las pochas y las borrajas. Los tres, siempre juntos.
Este fin de semana estoy en Pamplona, unos amigos han reservado hostal. Vamos a localizar exteriores para el Camino de Santiago. Me dicen la dirección del sitio: calle Comedias, 14. Vaya sorpresa. Reservó mi amigo Luis, que no sabe nada de esto y va por primera vez a Pamplona. Se lo digo. No sabía que hubiera un hostal en mi calle. Hostal Arriazu. Estará junto al Amóstegui. Pamplona. Voy con mis amigos cordobeses, para enseñarles mi tierra. Mi calle. Mi casa. Mis lugares (Noé, Bearin, Burgalés, Señorío de Sarría), mis recuerdos (magras con tomate, cazuelicas de ajoarriero).
No lo esperaba. Y, quizás pueda presentarles a alguna amiga allí, si estuvieran. Me quema el deseo de estar de nuevo en mi tierra, de ver de nuevo a mis amigos.
























