Monday, July 11, 2011
UXUÉ
¿Por qué los ateos creen en San Fermín? Porque San Fermín son los padres (leído en una entrevista a Uxué Barcos: genial Uxué, ánimo, estás muy guapa con tu pañuelo)
ALESSIA
Mañana de forzado bricolage, colocando estores, cuando pensaba dedicarla a analizar las migrañas de estos días. Me viene el recuerdo de Alessia, mi alumna Erasmus ¿se acordará de su profe en Catania? Catania -me decía- sí, la del elefante. Qué luz tiene Alessia. Ah...los españoles son muy cerrados, decía. Qué pena. Hoy paseando por la playa siento la alegría que me ha dado su presencia dulce y atenta estos meses en mis clases, y sonrío recordando mis esfuerzos por hacerme entender, mis éxitos escasos en mi empeño por hacerla reír, su maravilloso e inesperado exámen, nuestra conversación del último día...
Sunday, July 10, 2011
AL BORDE DEL PRECIPICIO
Escribo esto -literalmente- al borde del abismo, arriesgándome mucho, sitiendo el vértigo de dar un paso más de lo que sería prudente. Aprendo que el dolor me dice dónde estoy, para que no me crezca. Me duele y esa es mi identidad, y ahí me reconozco y aguanto, aterrado, al borde del pánico o precipicio.
Saturday, July 09, 2011
Cree uno en el fondo que va a recibir respuestas, que sus mensajes serán recibidos, pero no siempre pasa. Comprende que él tampoco comprende, que no ha sabido responder o ha sido negligente o frívolo o directamente no ha contestado, y cuando llega el silencio no sabe descifrarlo y lee mensajes anteriores que no supo escuchar y en los que distingue ahora una llamada.
Friday, July 08, 2011
Perder peso, dar el salto inglés, como dice Marías. Es un programa. Acercarse a la ingravidez, porque ¿qué importa nada? ¿para qué sirve un viejo inútil? Hacer algo, lo que sea. Iocandi causa, riéndose de la ausencia de toda lógica en este caos que es la vida...E la vida va. Diviértete en el trayecto.
Thursday, July 07, 2011
DUBLINESCA Y VILA-MATASDUBLINESCADUBLINESCA Y VILA-MATASDUBLINESCA
Releo a Vila-Matas, preparando mi viaje a Dublín. Como Riba, el protagonista de "Dublinesca", vivo en una sensación de `fin de todo` y de autismo afectivo y repliegue social y preparar el viaje es una forma de dar un poco de sentido y orientación a estos días que faltan, días de espera, yo campeón del mundo en esperar, sin que sepa en verdad porqué he de ir a Dublín, pero suponiendo que allí me espera una revelación o un mensaje, algo que tendrá que ver con el fantasma de un niño que jugaba solo en un patio y que era a la vez el equipo visitante y el equipo local, esa plenitud soñada, y tendrá que ver con la celebración de un comienzo de funeral, el funeral de un proletario borrachín, alguién que reventó, o de un hijo que busca eternamente a su padre, un héroe moderno que vuelve a casa después de un largo viaje, con sensación de paraqué, pero aún sediento de algo de entusiasmo tras los afanes arrumbados por la poderosa y tozuda realidad de los años.
Wednesday, July 06, 2011
Con el móvil es escribir letra a letra. Mi natural perezoso me lleva al laconismo, casi al telegrama. Voy a intentar, desde este lugar de descanso -sanatorio veraniego- algún mensaje breve. Hoy con mi corazón ante el balcón consistorial, junto a Cristina, prestos a saltar cuando suelten el chupinazo. Viva San Fermín.
Thursday, June 30, 2011
LA VIDA EN EL PUEBLO

¿Cómo construir una intimidad? Con tiempo.
En la película francesa “Conversaciones con mi jardinero”, dos personas muy diferentes, antiguos compañeros de colegio, se reencuentran e inician una relación de amistad. Uno, famoso pintor que vive en Paris, en trámite de separación, busca la serenidad en su pueblo natal, se instala en la casa familiar, abandonada tras la muerte de su madre. El otro, felizmente casado,un ferroviario prejubilado, que nunca ha salido de su pueblo, se presenta como candidato al puesto de jardinero.
La relación se va construyendo poco a poco. Sin prisas. De forma natural. Uno escucha al otro. Se cuentan cosas. Van abriéndose mutuamente. El hombre de ciudad, el pintor, aprende de su antiguo compañero el gusto por la naturaleza, por las cosas sencillas de la vida. La pesca, los arenques, una buena navaja y un cordel siempre en el bolsillo. La vida rural, en apariencia rutinaria, se acompasa a los ritmos de las estaciones, da tiempo a las personas, da espacio. Y las personas se acompasan a ese ritmo lento, despacioso, que les permite disfrutar con calma de las cosas, de las pequeñas alegrías, que permite el silencio, la contemplación. Así se explica que las vacaciones del matrimonio puedan consistir en ir una semana, siempre al mismo lugar, a Niza, para pasear juntos por el paseo marítimo, y sentarse en el mismo banco a mirar juntos el mar.
Ese mismo ritmo pausado, amable, es el ritmo de la película, ritmo al que nos vamos acomodando, confortablemente.
Estos dos hombres, tan distintos, van construyendo despacio su intimidad. La intimidad, tan añorada en las grandes ciudades. Y la intimidad se va haciendo al ritmo lento del campo.
La intimidad es dar espacio al otro en mi vida. Ir dedicándole espacio en mis pensamientos, en mis sentimiento y, a la vez, construir con el tiempo un espacio común, nuestro, de los dos, hecho de lugares que disfrutamos juntos (aún en silencio), sabores que compartimos, cosas que son nuestras y vamos mostrando al otro, cosas que vamos haciendo nuestras con tiempo, porque van siendo hitos en la historia de nuestra amistad.
Vuelta al pueblo. Al espacio para vivir. Para vivir de-espacio. Con el tiempo que nos falta en la ciudad. Con tiempo para vivir con los otros, para descubrir poco a poco una intimidad, un placer de estar juntos. Con tiempo, para estar, para no hacer nada, para hablar, para comer despacio, para construir un huerto o una complicidad, para acabar pintando el pintor las cosas del jardinero. Vida en el pueblo, fuera del tiempo, con ir y venir de estaciones, con auroras, con ocasos, con frutas, con verduras, con animales, con ríos para pescar y montañas para ascender, con vecinos, rutinas, almuerzo, siesta. Eternidad de tiempo detenido. Sencillo. Natural. Curativo. Amable. Tranquilo. Íntimo. Como esta película francesa.
Monday, June 27, 2011
EPITAFIO

En una callejuela de Sevilla encuentro esta placa, en memoria de Alejandro Sawa, el escritor que apenas escribió y al que los escritores de su tiempo consideraron -a pesar de ello- el mejor de todos. El bohemio cuya vida constituía su mejor y más acabada obra de arte, que fue dejando en las tabernas y las tertulias la destilación de su pureza literaria (literaria era su vida y la obra era innecesaria o redundante). El amigo de Manuel Machado, que le dedicara ese tremendo epitafio que en las baldosas sevillanas se lee: "Jamás hombre más nacido para el placer, fue al dolor más derecho".
Y me viene a la cabeza ese lema taoísta del "hacer no haciendo" y la certeza de que muchas veces dejan estela profunda de sabiduría los que menos dicen y hablan. Ese arte que mi suegro tan bien ejercitaba: el arte de convertir la apatía en una forma de acción. Alguien dijo "es urgente no hacer nada", y recuerdo a Sawa, que tan necesario sería en estos tiempos, ahora que el silencio superaría en elocuencia a cualquier palabra y el gesto será lo único que nos quede. Como contrapunto al "estrepitoso silencio" con el que se derrumba nuestro sistema, ese otro silencio despectivo.
Toda palabra es efímera. Las palabras más importantes que se dijeron entre dos personas, el aire las dispersó. Los recuerdos más imborrables que atesoramos un día, cayeron en el olvido ("Recuerdo de un olvido", tituló un amigo -también bohemio- su libro de relatos). Y allí, encabezando el cortejo de los que van derechos al dolor, aunque nacieron para el placer, de los que trágicamente se empeñan elegir el mutismo, de los que dilapidan su juventud con generosidad, para sembrar el recuerdo de un gesto rebelde y desafiante, este Alejandro Sawa del azulejo, denuncia silenciosa de la futilidad de toda ostentación o engreimiento, de toda seriedad, mártir de los bohemios de España, de los que en nada creen, salvo apenas en el amor y en el romanticismo del gesto, pañuelo digno en el bolsillo de la solapa, Alejandro, con su amigo Manuel oficiando su epitafio.
Saturday, June 18, 2011
FOTOGRAFÍA
En "La Gaviota", Sándor Márai se debate entre el cuerpo y el alma. El álma de cada uno, su identidad, la considera él mismo única. Sin embargo, puede haber en el mundo muchas personas que físicamente sean idénticas a nosotros mismos (no son tantas las combinaciones y modelos con que juega la naturaleza).
Hace poco me felicitaban en un Congreso por una ponencia que no dí. Yo mismo asistí a esa ponencia y me impresionó el parecido conmigo del conferenciante. Sentí ese sobresalto de verme desde fuera, como espectador de mí mismo.
Al funcionario protagonista de la novela se le presenta un día, al cabo de los años, en la puerta del despacho, la mujer que amó. La muerta. Y por un momento piensa que ha vuelto de la tumba, que es una segunda oportunidad que le ofrece el destino. Aunque sabe que es otra, que es el simple azar que le permite encontrar un cuerpo idéntico al que le falta. Se forma así un trío, en el que uno de los protagonistas se resiste a abandonar la escena.
Mira su fotografía. La de la otra. La fotografía retiene esa parte material. Esa parte que es intercambiable y común, que puede reencarnarse y se ha reencarnado, está reencarnada ahora, en muchas otras personas en el planeta. Esa parte física en la que, casi siempre, ninguno se reconoce, porqué ¿éste cuerpo soy yo? ¿este instinto que me arrastra soy yo? ¿ese deseo de coger, de agarrar las cosas soy yo?.
"Dime ¿es esto el amor?", había preguntado al protagonista de la novela de Márai su amante, sentada junto al lecho, pocos días antes de suicidarse. Hay algo que no sacia en el cuerpo. Algo insufiente, porque con el cuerpo, como con la materia, todo es lucha, forcejeo insatisfecho. El alma quiere comunicarse en caricia o abrazo, pero la materia se resiste, no parece porosa al alma. El alma queda fuera. Sólo la palabra, y deficientemente, puede llegar al otro. Y esa insatisfacción del ser que no se identifica con su cuerpo, que como yo no quiere que le fotografíen porque no reconoce esas orejas, ese pelo, esos ojos, esa expresión pasmada, ese cuerpo que no ha elegido, esa insatifacción y esa desdicha la conocemos.
¿Cómo casa eso con la evidencia de amar el cuerpo del otro? Porque el cuerpo no es su identidad. Cuando retorna ese cuerpo de la tumba y se presenta de nuevo al funcionario de la novela, éste sabe que comienza de nuevo, con otra, la historia que la muerte dejó interrumpida. "¿No se trata de una ofensa hiriente? Uno cree que ama a determinada persona, que ama algo personal, algo trágica y grandiosamente individual...". ¿O es que uno sólo puede amar el amor?
Tuesday, June 14, 2011
AL LEVANTAR LA ACAMPADA

Ahora que levantan la acampada, recuerdo los años de la música. Los años de la única revolución juvenil. Luego vino el venderse a lo fácil, al consumo. Pero aquellos años fueron de música y sueños. Sueño de libertad, de integración racial, de paz en la guerra, de amor más o menos libre o liberado, de liberación de la mujer. De todo eso algo fue quedando y todos los que lo vivieron, lo viven de alguna manera. O lo reviven ahora, viendo de nuevo a los jóvenes movilizarse y cantar y hacer asambleas, y ser disueltos a golpes por las fuerzas del orden público, los nuevos grises, con la misma furia contra los revoltosos del idealismo, que ensucian, que fastidian, que ocupan la vía pública, que molestan. Pero cómo no indignarse. Mucho habían tardado en abrir la boca, en revelar la desvergüenza del rey desnudo. Qué alivio saber que no estáis muertos todavía. Qué alegría escuchar vuestras voces, leer vuestros carteles que anuncian una juventud sin casa, sin curro, pero también sin miedo. Que prometen pesadillas a quienes destruyen sus sueños. Vale: no funcionaron las comunas, no funcionó el poder de las flores, no funciono el sesenta y ocho. Pero todo eso junto, esa risa de fondo, esa insolente risa ante la mentira, eso funciona y funcionará y cambiará el rumbo de nuestras vidas. Otro mundo es posible. Otra sociedad es posible. Tenemos que hacerla posible. Tenéis que soñarla para hacerla, entre todos, posible.
Arcadio: he estado contigo en tu valerosa presencia, joven filósofo, amante de la vida. En tu detención, en los golpes recibidos. Me he sentido orgulloso de vosotros. Que estábais allí, pacíficamente, diciendo verdades con vuestras manos. Y he creído en esa metáfora: en esta sociedad oscurecida, vosotros habéis abierto la Puerta del Sol.
Tuesday, May 31, 2011
LOS ENAMORAMIENTOS

"No podemos pretender ser los primeros, o los preferidos, sólo somos lo que está disponible, los restos, las sobras,los supervivientes, lo que va quedando, los saldos, y es con eso poco noble con lo que se erigen los más grandes amores y se fundan las mejores familias, de eso provenimos todos, producto de la casualidad y el conformismo, de los descartes y las timideces y los fracasos ajenos, y aún así, daríamos cualquier cosa a veces por seguir junto a quien rescatamos un día de un desván o una almoneda, o nos tocó en suerte a los naipes o nos recogió de los desperdicios; inverosímilmente logramos convencernos de nuestros azarosos enamoramientos, y son muchos los que creen ver la mano del destino en lo que no es más que una rifa de pueblo cuando ya agoniza el verano".
Javier Marías (o su voz femenina en "Los enamoramientos", Maria Dolz) ¿es demasiado pragmático? ¿se puede ser demasiado pedestre? A veces es necesario remontar el vuelo del romanticismo. Quizás necesitamos un poco menos de realismo. Sí, es cierto: cuando se nos muere un ser querido, a pesar de nuestras protestas de amor eterno, sabemos que pasado un periodo de tiempo, unas etapas de duelo, iremos olvidando (aunque no hubiéramos nunca querido), sabemos que traicionaremos esas promesas, que tal es la fuerza del presente que oculta y entierra el pasado, que olvidaremos a nuestros muertos, que las protestas de amor eterno serán risibles al cabo del tiempo. Sabemos que somos así, poco fiables, inconstantes, incapaces de morir de amor (porque no obedecemos a ese impulso de irnos con él). Que nos podemos acostumbrar a todo, a su ausencia, con tal de seguir viviendo. Incluso sabemos que todo esto es razonable e incluso sano, que es natural que encontremos una nueva vida para nosotros, una nueva persona que ira convirtiendo al otro, poco a poco, en un dato de nuestra vida, un dato biográfico, como la fecha de nacimiento, o el lugar dondes hicimos el Bachillerato. Mientras hay recorrido...mientras hay tiempo, la vida se impone, el presente y su poder acaban por enterrar a todos los muertos. Y sobrevivimos, y renacemos de los restos de cualquier naufragio. Sabemos todo eso, esa mierda que somos. Seres superficiales, que un día amamos y al día siguiente odiamos, que no soportamos la continuidad en nada, que todo lo rompemos por aburrimiento y ansia de cambio.
Sabemos esa mierda. Pero ¿hay que recordar esto -tan evidente- en un texto literario? Esta filosofía de lo chato, de lo rastrero ¿precisa de un maestro que bellamente la exponga? Marías es el típico aguafiestas. Yo necesito que me hablen de amor, necesito elevar el vuelo, creer que puedo amar con un amor eterno. Necesito seguir enamorándome, sin razones, sin argumentos, irracionalmente. Dejar la razón a Marías, las pausadas radiografías de la insignificancia humana, para que se vean los huesos del muerto viviente que soy. No hay engaño: los huesos están ahí. Pero la belleza pertenece a otro territorio. Un territorio mágico que Marías no transita, porque no sabe o no quiere. Será así, te olvidaré, pero no quiero vivir en un mundo en que pueda olvidarte.
Saturday, May 21, 2011
EL PLACER DE VIVIR

André Comte-Sponville es un filósofo francés, un filósofo que cree que la claridad es una exigencia del filósofo (frente al tradicional prestigio que ha proporcionado a los profesores la oscuridad). No sabe más el difpicil de entender sino el que se impone a base de esfuerzo y concisión, la exigencia de la claridad. Por eso se le entiende y se le lee tan bien. Poder leer filosofía y disfrutar de ella es algo que hace tiempo no me ocurría. Tras el éxito de sus primeros libros publicados en España ("La felicidad desesperadamente" y "Pequeño tratado de las grandes virtudes"), está en las librerías una recopilación de artículos periodísticos, que puede servir para empezar a leer a este pensador que cree en el placer y en el deseo como motores de una felicidad posible: "El placer de vivir", es el título sugerente de este volúmen, que se puede leer a ratos perdidos y siempre aporta algo positivo.

Creo que tiene razón Comte-Sponville cuando dice que la vida es, fundamentalmente, vida cotidiana. Es cierto: el 90 por ciento de mi vida es pura cotidianeidad. Nada especial. Cosas sencillas y hábitos arraigados. La memoria olvida este porcentaje y suele recordar ese diez por ciento de momentos especiales, y dentro de ellos, suele quedarse con los de más carga dramática, con los momentos de dolor, sobre todo. Por eso, muchas veces evocando mi infancia, no recuerdo apenas nada: es porque la vida cotidiana no deja huella. Y esa cotidianeidad que no se recuerda suele ser la felicidad. Lo que no recordamos fue la felicidad real que sucedió a diario, en nuestro entorno familiar, en nuestro barrio, con los amigos, con los vecinos. El alma es un alma vernácula -ha dicho Thomas Moore- es decir, el alma se anuda sobre todo lo cercano, encuentra su felicidad en lo cotidiano.
Leyendo a Comte-Sponville, cuando habla del deseo, me parece muy clara su distinción entre dos formas de deseo: el deseo como carencia (el deseo de lo que nos falta) y el deseo como fuerza o acto (el deseo de lo que tenemos). La felicidad no es posible si sólo deseamos lo que no tenemos: el deseo de felicidad está condenado al fracaso, a la frustración, porque basta que obtengamos lo que deseábamos, para que pasemos a desear otra cosa, para que llegue el aburrimiento de aquello que antes nos faltó y nos alentó. En cambio, hay quien descubre en sí la felicidad del deseo: la capacidad de gozar. Entre el hambre y la saciedad está el disfrute de comer.

El amor, entonces, hace referencia a lo real. Amar es amar lo que tenemos, aquello de lo que disponemos, la persona que está con nosotros, nuestro hogar, nuestro barrio, nuestros amigos, nuestras posibilidades de goce. Sacar el mayor partido a eso que está ahí para nosotros. La esperanza se refiere a lo que no tenemos, a algo que -por ahora- no es real. En cambio, el amor, se refiere a lo que es, tal como es. La esperanza es pura potencialidad, a la espera de una realización o una falta de realización. El amor es un acto: coger lo que ofrece el momento.
Recuerdo haber invitado una vez a alguien en un bar y haber pedido unos langostinos, con sus copitas de manzanilla y recuerdo cuando me decía: "Están buenos, pero...como los que me comí una vez en Sanlúcar de Barrameda...". Sentí la tristeza (e incluso la rabia) de esa incapacidad de disfrutar lo que uno tiene delante, lo que tiene en el plato. Sentí cómo lo ideal, lo fantaseado (porque ese recuerdo de un olvidado día en Sanlúcar seguramente era ya el deformado recuerdo de un recuerdo), lo imaginado, dido suele ser enemigo de lo real. Comer con buen apetito, en cualquier tasquilla, lo que haya. Ser capaz de disfrutar de lo que brinda el ahora, de quien está aquí conmigo, de su compañía...ese es el amor que puedo hacer crecer en mi vida. Para recuperar, si he perdido, el placer de vivir.
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