Thursday, May 31, 2007

SEPARARSE PARA VOLVER



El problema es que muchas veces no sabemos si somos felices o no. No nos damos cuenta de lo que tenemos entre manos.
Nuestra felicidad es siempre retrospectiva. La descubrimos en el pasado, en un tiempo ya perdido.En el presente no nos damos cuenta. Estamos tan metidos en lo cotidiano, en la rutina que no somos capaces de asegurar si late nuestro corazón.
En un cuento titulado Wakefield, Nathaniel Hawthorne nos habla de un hombre casado que un buen día coge su maleta y sale de su casa. Se instala en la calle de al lado y vive a allí durante veinte años, oculto junto a su hogar, sin dejarse ver, en un voluntario exilio, espiando a su mujer y a sus hijos, con el deseo de comprobar qué sienten por él. Ve cómo se le da por muerto y se reparte su herencia. Ve cómo sigue la vida sin él. Cómo su viuda se va acostumbrando a su nueva situación, cómo cada uno reestablece su nueva rutina. Y entonces, un buen día, con toda normalidad, entra de nuevo en su casa, como si no fuese "otro mundo" sino el mismo en que él vivía. Y desde ese momento hasta su muerte vive con su esposa e hijos una vida normal. La historia, contada por los periódicos, no se le apartaba de la mente a Hawthorne. Lo extraordinario de ella es esa posibilidad de salir de un mundo y volver al mismo mundo que se abandonó.
Juan José Millás en su libro "Laura y Julio" recrea esa fantasía de la imposible vuelta. Julio, que se ha separado de Laura, se instala en el piso de un amigo ausente -Manuel- justo enfrente del suyo y desde allí contempla la nueva vida de la que fue su esposa. Sin embargo Julio, a diferencia de Wakefield, lo que descubre en su mujer no es dolor, sino que le engañaba desde hace años con su amigo. Algo que -ahora se da cuenta- siempre ha sabido.
Saber la verdad de nuestra vida es un afán peligroso. Sabemos ya. Salir, irse para verlo claro, pensando en regresar supone ignorar que uno nunca puede volver atrás. Lo perdido es irrecuperable. No podemos tomar el autobús que ya pasó.
Pero Julio encuentra una solución: asume la personalidad del amante y desde su ordenador continúa la relación epistolar de Manuel con su esposa. Y aprende a tratarla como Manuel y a verla como ella es de verdad. Y de ahí surge una oportunidad impensable de reencuentro. De vuelta, tras la separación.

Monday, May 28, 2007

EUGENIO TRÍAS Y LA VIDA ETERNA


El pasado 24 de mayo, EL MUNDO publicaba un espléndido artículo de Eugenio Trías titulado “Sinfonía Resurrección”. En él hace un ejercicio ensayístico que hubiera sido del gusto de Borges, sobre el tema de la vida eterna. Desechando los argumentos en contra del fundamentalismo ateo así como los argumentos a favor, anclados en la teología del siglo XIII, aborda la cuestión desde la convicción personal que suscita en el Trías melómano la identificación fraternal con Gustav Mahler y su forma de vivir una fe personal, sin ataduras que pusiesen limites a su imaginación musical ni a su religiosidad o concepción teológica, concepción que, por lo que hace a la Eternidad, tiene su expresión juvenil en la Segunda Sinfonía, con treinta años, y se confirma en la madurez con la Octava.
Más allá de la belleza literaria (que ya es una verdad) admiro en Trías esta forma de dialogar con las artes, desde la total libertad imaginativa. No es una propuesta nueva del filósofo catalán. En ocasiones anteriores ha tomado pie en obras artísticas (por ejemplo, la película de Hitchscock “De entre los muertos”, titulada entre nosotros como Vértigo) como recurso motor del ejercicio de pensar y entender realidades “fronterizas” con la razón. En el arte se expresan sentimientos, emociones y pasiones que permiten una apertura de lo puramente racional más allá de sus límites.
Trías, al enfrentarse al tema de la Resurrección, parte de una afirmación de Espinosa que creo fundamental: “El deseo es la esencia misma del hombre”. Según sea tu anhelo -concluye- así serás tú. La experiencia de no desear la inmortalidad la han tenido y expuesto muchos. Así, por ejemplo, Borges. Esas personas no quieren ser nada tras la muerte. Desean la nada. Les falta el Gran Anhelo de eternidad que han tenido otros, como por ejemplo –torturadamente- Unamuno. Se trata, por tanto, de un deseo personal, que no todos experimentan, sin que podamos prescindir de este deseo en la labor hermenéutica de la obra de un autor. Negar con argumentos la verdad de este sentimiento es inútil y erróneo en términos intelectuales.
Tal como lo experimento yo, el deseo de Resucitar, de volver a la carne, es quizás más un anhelo de reencontrar a los seres queridos que perdimos. Es un deseo “para ellos”, más que para nosotros. También es un deseo de “justicia final”, ante la irreparable injusticia de la muerte y la enfermedad en este mundo. Otra vida pondría un final feliz, permitiría reestablecer el orden en tantas injusticias de este mundo. Como dice Trías, sentimos que si hay vida eterna, la tragedia se convierte en comedia. Los misterios dolorosos, a través de los misterios gozosos, se transforman en misterios gloriosos.
No sé si hay otra vida. Tampoco tengo ese anhelo. Sólo un deseo abstracto de justicia. Deseo que triunfe el amor sobre el mal. Y eso es lo que probablemente deseaba Mahler.
De la misma forma en que la vida fetal es perfecta y cálida, y sin embargo hay una separación traumática para pasar al verdadero mundo ¿por qué no puede ser esta vida un estado fetal en el que nos transformamos para dar el paso a un estado nuevo que “es” la vida verdadera? Tan insólito nos puede parecer vivir esta vida “preparatoria”, como al feto que haya todo un mundo fuera de la placenta. No estamos dotados de los sentidos necesarios para salir abarcar otra realidad posible. Sólo la fe, una fe personal que no se basa en argumentos ni lógica, puede dar ese paso. Sólo el deseo de que un sueño infantil sea la verdad ignota de la vida: la eternidad como horizonte amoroso del ser humano.

Tuesday, May 22, 2007

BRYCE ECHENIQUE Y EL PLAGIO


Se ha vuelto a producir un fenómeno similar al descrito por Borges en su cuento “Pierre Menard autor del Quijote”. Alguien se ha aislado en su casa y ha realizado una inmersión total en la sociedad en la que vive (España) a través de su prensa, con el propósito claro de llegar a ser realmente un periodista español del siglo XXI, y ha alcanzado al cabo del tiempo de leer prensa española una identificación tal con los modos de hacerse aquí periodismo, con los giros expresivos, con el pensamiento predominante (si no único) entre los columnistas, con la ausencia de genio o con el exceso de vulgaridad que domina el papel impreso, que finalmente, ha sido capaz de escribir diez artículos, todos ellos coincidentes, palabra por palabra, con otros publicados antes por los más diversos columnistas y los más distintos medios nacionales, incluso periódicos catalanes. El fenómeno de mimetismo cultural no es nuevo, por tanto. Confundir esta gesta con el plagio es vano. También Shakespeare pudo tomar sus temas de las sagas medievales, sin que nadie pretenda comparar los textos. Pero, dejando aparte el infundio, lo escrito en tales circunstancias no es en absoluto una reproducción, aunque reúna las mismas letras y signos de puntuación. Las frases de Bryce, dichas por Bryce, tienen todo el contenido de la experiencia de Bryce, de la obra de Bryce y aportan el mundo propio de Bryce. Son frases dichas por un extranjero. Son frases dichas por un hombre de ultramar, por un exiliado. Bryce ha hecho, como quien dice, ingresar esos textos en un contexto propio, transmutando su sentido. Pero a la vez, ahora, su obra no puede ser entendida sin integrar esos textos apócrifos, que van a pasar a interactuar con el resto, con los que futuros investigadores hallarán coherencia y mutuas aclaraciones, con lo que un día será necedad decir que esos textos no son tan o más de Bryce que los demás publicados a su nombre. Es más, quizás –ese es un riesgo que él asume- un día sean sus únicos textos recordados o se incluyan como antológicos, o den la clave de un complejo de Edipo mal curado.
Por último, hay que insistir en que el concepto de “autor”, en literatura, es discutible, dado que en definitiva el autor de una obra es, en realidad, la tradición o el tiempo (lo dijo también Borges). Sólo desde el siglo XVII ha empezado a hablarse de autor, concepto que tiene que ver con la percepción de pensiones u otras rentas como consecuencia de la protección del escritor por parte de la nobleza. El concepto de autor es un concepto, pues, mercantil, económico y se refiere a los derechos que devenga la producción intelectual. Eso, lo económico, los derechos que sí gana y en cantidad Bryce y no otros, puede que justifique y dispense las opiniones duras que se están vertiendo. Nada que ver el plagio con algo intelectual. Se trata de moralina, de moralizar una acción que como decimos pudiera ser, o una boutade, o una metáfora o acto poético (ante la niebla de la autoría en la era de Internet) o simplemente un acto fallido o inadvertido (el cual también sería interesante para un análisis psicológico futuro del autor). Trabajo para los biógrafos y los críticos. Una travesura, no más, en el devenir de la historia de la literatura. Con lo sencillo que es pensar bien.

Friday, May 11, 2007

JAVIER COLINA

No sé si era amigo de Tochi Sanchez Ostiz o de Floro o de Michi…Era dos años más chico que yo. Pero es que yo era “el decano” allí. Vino con alguien al piso de Carlos III, cuando empezábamos a escuchar música con el equipo recién estrenado. Enseguida se formaron dos grupos: los que preferían escuchar “Eagles” y los que preferíamos a “Deodato” (que fue el origen de mi pasión por el jazz). En aquellas ya remotas tardes de invierno, nos reuníamos y poníamos una y otra vez las mismas canciones. Y Javi cogía la guitarra y siempre hacía algo especial, un toque, un adorno que nos dejaba pasmados. Compartíamos esas audiciones. Luego, al cabo de unos años, me enteré de que tocaba en el “Conocerte” o en algún otro sitio de San Juan. Y allí fui a escucharlo. Tenía mucho desparpajo ante el público. Mucho valor también. Era un “free-lance”, un poco canalla, que se buscaba la vida en las noches de Pamplona y que gustaba a las chicas. Entonces yo sólo le envidiaba eso.
Pasaron muchos años. Ahora me acordé de él, no se porqué, y entré en su página web. He recordado su mirada, sus grandes ojos. Su aspecto tan navarro. Y he visto esa foto en la que aparece con un Tete Montoliú ya enfermo. Yo, que todos estos años he seguido escuchando “Blues for Nuria”. Es lo máximo. Es una foto increíble. Pero es que Javier Colina es uno de los mejores contrabajistas del mundo. Ha tocado con los más grandes. Aquél chico simpático es hoy uno de esos navarros universales.
Esta mañana me enteré de que el Getafe remontó un 5-2 al Barcelona. Nada es imposible. Tampoco lo ha sido que Javi Colina esté donde está, donde sería un sueño para mí haber estado. Pero, de igual forma, es posible que un día, en Sevilla, recale Javier y me eche el teléfono y quedemos a cenar. Y es posible que podamos hablar de nuestra común pasión por el jazz. Y me cuente cosas de NHÖP, o de Curtis Lundy, o me diga qué sintió tocando con Tete.
Sea como sea, vicariamente, toco con él en cada concierto y voy de aquí para allá con mi contrabajo imaginario y soy uno más del grupo que escuchaba a "Deodato" en las tardes invernales de Pamplona.

Tuesday, May 08, 2007

IMITACIÓN A LA VIDA




Dice Vila-Matas que lo que él quería no era ser escritor sino ser Marcello Mastroianni en la película de Antonioni "La notte", vivir como vivía un escritor como Mastroianni en esa película. Fumar como él fumaba, mirar como miraba, hablar como hablaba. Tener ese atractivo para las mujeres y ese éxito social entre los ricos. Claro que, para eso, había que escribir. Aunque eso, en el fondo, era secundario. Ser escritor era una forma de vivir que él quería imitar.
Por eso, para vivir como un escritor (aunque para ello tuviera que escribir), se marchó a Paris y se instaló en un piso arrendado a una escritora madura (Margarite Duras), y comenzó a frecuentar el Café de Flore y Les Deux Magots, como habían hecho, antes que él, tantos escritores. Y comenzó a llevar (aunque le sentase mal) una vida bohemia y noctámbula (él que era tan metódico y propenso a resfriarse). Y cultivó incluso un parecido físico improbable con Hemingway (que aprendió a escribir novelas también en París) y se atrevió a usar chillonas bufandas y estrafalarios sombreros, como pensaba que era propio de los escritores. Se paseó interesante por todos los lugares interesantes y literarios de Paris. Su vida, sin embargo, no fue interesante, paso hambre y frío y no triunfó demasiado con las mujeres ni en la alta sociedad. Volvió a España con su primera novela bajo el brazo y con un ganado prestigio de raro. Y convertido, ahora sí, en un escritor, pues había escrito una novela y había vivido en París y frecuentado -se decía- a Margarite Duras.

Friday, May 04, 2007

JAVIER GOMÁ, FILÓSOFO


Leo unas declaraciones del filósofo Javier Gomá, quien después de terminar las carreras de filología y filosofía, hizo Derecho en tres años y ganó con el número uno una de las oposiciones jurídicas más difíciles: Letrado del Consejo de Estado. Aparte su actividad jurídica, dirige la Fundación March y publica libros de pensamiento, habiendo obtenido el Premio Nacional de Ensayo. Un impresionante currículum, para un hombre que en la foto aparece todavía joven (tiene 42 años) y con todo su pelo, aunque grave y circunspecto.
De sus declaraciones me interesa la referencia autobiográfica precisa acerca del momento en que el romántico estudiante de filología dio paso al fulgurante triunfador social: “En determinado momento, en torno a los 24 años, tomé la decisión totalmente meditada y consciente, de pasar al estadio ético, el amor comprometido y la productividad profesional, sabiendo lo que eso significaba y con todas sus consecuencias.” Decidió, en palabras vulgares, “ser un hombre de provecho”, y aspirar a lo más alto del escalafón en la Administración Pública. No conocemos las razones. Pero podemos lanzar hipótesis. Podemos suponer que la referencia a un “amor comprometido”, tuviera que ver con el deseo de formar una familia (24 años es edad para ello). La “productividad profesional”, en tal caso, justificaría la necesidad de mejorar las perspectivas profesionales de un filólogo. Es una historia repetida (y si no es la suya, es la mía).
En definitiva, unos años más tarde, con 38, este Letrado hace su aparición en la escena de la literatura, publicando un primer libro, que recibe un Premio Nacional (“Imitación y Experiencia”, Pretextos 2003), y que podemos figurarnos, por lo que cuenta el autor, escrito a ratos sueltos, -en el metro, o con la tele puesta y con los hijos alrededor- ¿El libro de un filósofo metido a Letrado?
El propio Gomá –elaborando sus conceptos- formula una afirmación curiosa: “la finitud debe elegirse”. Como Aquiles, uno debe en un momento dado de su vida, renunciar a la inmortalidad y ofrecer a la sociedad ese sacrificio: asumir su papel. La mortalidad, para Gomá, supone adquirir conciencia de que uno puede ser sustituido por otro en la sociedad, de que uno es prescindible, y la vida seguirá igual cuando uno falte. “Debemos aprender a tener un precio”.
Y, leyendo esto, con cierta tristeza, recuerdo lo que escribió un amigo: el proceso educativo convierte personas diferenciadas e insustituibles en “personajes” absolutamente intercambiables y por tanto prescindibles…
Gomá, aunque como muchos hizo un día la gran renuncia, no dejó de ser el filólogo, el filósofo que es. Esa es su esencia y la esencia siempre acaba saliendo a flote.
Pero la salida ¿cuál es? Mi amigo, curiosamente un triunfante opositor como Gomá, ha encontrado una: "no confundas tu personaje contigo mismo y vive tu propia vida; puesto que vives en un sistema, juega tu personaje o personajes, pero de la misma manera que el niño juega a policías o ladrones, sabiendo que él no es ni una cosa ni otra, pero se divierte haciendo de…”. Es decir, mantén cierta ironía sobre tí mismo y los demás. Eres y serás único.
Recuerda que eres mortal”, le decían a César. A un triunfador le conviene esta filosofía. Pero, sobre todo, diviértete con el juego y que tu propio personaje no acabe contigo.

Saturday, April 28, 2007

ADIÓS A UNA FERIA

La vida avanza. Quererla detener en un punto no funciona, porque la vida es continua renovación: como el río, no podemos bañarnos dos veces en las mismas aguas, porque cambian las aguas, pero también nosotros somos distintos. La Feria de Abril está ya terminando y algo parace que termina en nosotros también con ella. Cada año igual pero siempre renovada e indefinible. Como otros años hemos estado allí, dejando que ocurran las cosas. Dejando que se produzca la magia de un encuentro, que surja el baile, que aparezca por sorpresa la belleza, en forma de mujer o bulería. Los sentimientos no se puede sujetar y vivir consiste en renunciar a fijarlos, a definir lo que siempre es nuevo. La Feria es un ámbito espiritual y como tal, siempre algo fugitivo: "el espíritu sopla". El momento hay que estar allí para vivirlo. Contarlo no sirve. La Feria es como el fuego: querríamos cogerlo, pero el fuego no es para cogerlo: el fuego calienta, lo que se recogen son cenizas. Escribir sobre la Feria es recoger cenizas de estos días pasados. La Feria de Abril no se puede contar, hay que calentar en ella el corazón.

Wednesday, April 25, 2007

DEJAD QUE LLORE EL MUCHACHO


"No pienses que tiene nada contra ti,
si te atropella por la calle y no te dice adiós,
es porque no te vió
no hables de ingratitud.
Sabes que estima tu compañía en lo que vale.

No es que se haya vuelto imbécil de repente,
a juzgar por esa estúpida sonrisa.
Ni creas que se confunde si te llama Margarita.

Es difícil, pero trata de entender
que no se le rompe el alma aunque le veas llorar,
ni juega sucio por no decir la verdad,
ni oculta nada porque esconda algunas cosas.
Dale tiempo y disculpa la soberbia
de quien se siente un hombre afortunado.
Dejad que cante el muchacho
ese que se ha enamorado".


Joan Manuel Serrat cantaba esta canción en el disco que nos regalásteis al marchar. "La distancia es el olvido", pero no fue así entre nosotros. Nos dejamos en prenda estas canciones que, juntos, escuchábamos entonces y que nos emocionaron juntos. Eramos, en aquellos días (recién casados), los enamorados del poema. Hoy, los padres que sufren cuando ven llorar a su hija (que no sabe por qué llora) y que quisieran creer que no se le rompe el alma aunque la vean llorar, porque pasaron antes que ella por ese trance desolado de la adolescencia. Y saben de ese primer amor que no llega, o del otro que marchó. O se ven reflejados en la soberbia de un hijo, que no se digna mirar a sus padres. Así sufrirían también ellos con nuestro silencio, con nuestra inseguridad, nuestras tristezas, sin poder tampoco -nadie puede- aliviarnos el dolor.

Sunday, April 22, 2007

TALAVANTE

Estuve allí. Fue un natural largo, profundo, eterno...alguien ha dicho "sobrenatural". El tiempo parecía detenido, mientras el toro (Soleá) seguía recorriendo el camino marcado por la mano baja del torero, el recorrido no tenía fin. Fue en medio de una tanda cuando sucedió. La faena iba siendo correcta pero no vibrante. De pronto salió ese natural y todos supimos que había ocurrido algo importante, algo diferente. Surgió una ovación cerrada, unánime, entusiasta. La ovación a un único pase. Algo que nunca había visto. Tal fue la importancia del momento, que se interrumpió al torero. Como queda en suspenso el tenor, así quedó quieto el joven Talavante, en medio de la tanda de naturales, aclamado ya como "torero, torero". Ese chico, que en su primer toro, me había parecido muy verde, falto de recursos y quizás sobrado de un valor proclive al tremendismo, que no me gusta. La plaza reaccionó con frialdad. El torero no parecía saber colocarse delante del toro, quedando más de una vez a su merced, descubiero. Pero llegó aquel natural y siguieron otros con una estética y una verdad difíciles de olvidar. Al entrar a matar todos queríamos la muerte. No pudo ser. Talavante nos ha dejado el recuerdo de ese momento, en una tarde de lluvia fina, diminuta, más propia de San Sebastián que de Sevilla. El recuerdo del momento inaugural y mágico de una futura figura del toreo.

Wednesday, April 18, 2007

RENACER CON HERMANN HESSE


Hace muchos años ya, leí a Hermann Hesse. “Demian”, la novela de iniciación del muchacho que encuentra en su amigo un guía espiritual, me deslumbró (era estrenar el ideal de la amistad, como “Servidumbre Humana”, de Somerset Maugham, era estrenar el ideal del amor). Son novelas para adolescentes. Adolescentes que leíamos a un viejo.
Hace unos días apareció por entre las rendijas de la biblioteca de mi lugar de trabajo, oculto entre los gruesos tomos de mi especialidad, “Lecturas para minutos”. Me lo habría traído aquí hace años, para leer a salto de mata, en uno de esos momentos vacíos (o de vacío interior), que durante el trabajo se me producen. Es un librito con las hojas amarillentas, ya despegadas, de una edición barata de Alianza. En su primera página aparece una pegatina “Librería ‘El Parnasillo’ Paulino Caballero, 47. Pamplona”. Allí acudía yo algunas tardes (las de la desesperanza o la inquietud) y pasaba las horas mirando por las estanterías, con avidez por encontrar algo para mí, algo que me guiaría, sin yo saber (sin yo tener quien a mi lado supiera). Al pie del libro está mi firma (la de aquellos años), preocupada por la estética. Arriba figura mi nombre y dirección (calle Padre Calatayud, 17-1º). El ejemplar está muy fatigado. Los aforismos varias veces subrayados con distintos colores, bolígrafo, rotuladores…Como si quisiera aprenderlos de memoria. Como si, haciendo míos esos pensamientos, creyera poder adquirir la consistencia de una identidad adulta.
Aparte la felicidad que conlleva todo descubrimiento, siento ahora, con este librito en las manos, el vértigo del tiempo que pasa. El tiempo en el que en este libro me deleitaba, con un futuro informe por delante. El tiempo extenuado del que ahora extraigo lascas, pequeños huecos para escapar al cielo de la contemplación, al cielo de las ideas, para volver por un momento a la habitación cerrada donde leía este mismo libro hace tantos años.
Y este inactual y olvidado Hermann Hesse ¿qué me dice hoy? ¿de qué le habla a este hombre ya mayor?
"Para nacer es preciso morir, pero para morir es preciso despertar".
Hermann Hesse me habla de transformación, de renacimiento. Sigo bajo el signo de la resurrección. El paso previo es despertar. Darme cuenta de la ilusión de vida que me ha ido hipnotizando, tomar conciencia de aquello más genuino en mí, que estoy matando con mi vida de ahora. La muerte no es muerte, es vida falseada. Puedo renacer, despertando a lo que en mí no dejo vivir. Puedo despertar del encantamiento (¿con un beso?) y tomar posesión de mi reino, el reino que me pertenece por el hecho de haber nacido. Libro amigo, que sigue hablándome de lucha diaria y transformación.

Thursday, April 12, 2007

RESURRECCIÓN BAJO EL PUENTE DE WILLIAMSBURG


Williamsburg. El puente metálico, entre Manhattan y Brooklyn. Sonny Rollins, el saxophone colosus, había desaparecido en 1959, se había esfumado en lo más alto de su fama. Nadie sabía de él. Un día, alguien lo encontró, de madrugada, bajo el puente de Williamsburg. Iba allí solo cada noche y practicaba durante horas. Tocaba a cielo abierto para esforzarse en conseguir un sonido poderoso, una sonoridad más plena. Al volver a los escenarios, tres años más tarde, Sonny Rollins había transformado su sonido y se había transformado a sí mismo buscándolo. Algo había resucitado en él. Había reconocido su sonido. Requiere mucho valor prescindir dejar de lado el éxito, la posición económica, la seguridad, para buscar algo que no sabes qué es: la pasión, la autenticidad, lo que uno tiene para el mundo. Quedarse quieto es una forma de morir, una forma de dar gato por liebre a la vida. Repetir una y otra vez lo mismo le convierte a uno en un autómata, en una máquina. Pero la música no se deja estandarizar. Es algo vivo y que canta en nosotros. El puente de Williamsburg es un lugar donde retirarse uno consigo mismo y escuchar el sonido de su propia voz, para saber cómo suena y cómo quiere sonar más plena. Me gustaría poder decir de mi vida lo que decía Sonny Rollins sus solos: "Improvisar es como vivir un trance espiritual, no es algo que se pueda analizar mediante la razón. La esencia de la improvisación es permitir que la música surja por sí misma. Es un ir siempre adelante: no puedo quedarme tocando cosas que ya sé". Es mantener la vieja llama del entusiasmo.

Sunday, April 08, 2007

SEMANA SANTA

Semana Santa, entre Sevilla y Priego de Córdoba. Los costaleros en sus trabajaderas, los penitentes en su procesión. El esfuerzo colectivo para sacar adelante tanta belleza, tanta emoción, sentimientos muy íntimos de cada uno, como estremecimientos, sentimientos ajenos a toda expresión racional o verbal. Cada quien vive su Semana Santa. Preparación de meses, esfuerzo, compromiso, sacrificio, dolor. Todo esto, que sin amor, es incomprensible, que sólo tiene sentido para cada cual, como una llamada profunda, que se escucha o no se escucha. Virgen de las Aguas de Sevilla, procesionando por la ciudad, entre olor de azahares, a los sones de su marcha. Despacio, tras el Santo Cristo de la Expiación, el Cristo muerto. Lunes Santo. Cofradía del Museo. Estación de penitencia. Ausencia. Presencia. Siempre presencia, junto a Ella. Aunque mi amor te olvidare. Nadie sabe. El silencio y la música. La noche, la madrugada.


El Jesús Nazareno de Priego de Córdoba. Su palidez, su mirada, que traspasa, bajo el peso de la cruz. Su mirada con la que uno se encuentra. Avanza por las calles de Priego a empujones de pasión, llevado en volandas por unos y por otros, navegando por encima de una humana marea que subirá con él al Calvario. Y vamos de aquí para allá todo el día para verlo pasar otra vez, por ese sitio y por el otro, como cada año. Los vivos recordamos, a su paso, a los muertos que también veneraron esta imagen. El tiempo parece detenido y todos allí, los que están y los que faltan, por un instante parecen juntos viendo a Jesús pasar a nuestro lado. Y asoman lágrimas en quienes no lo esperaban, porque no creen en estas cosas. Pero las cosas suceden. La belleza surge y el sentimiento se comunica. Y si es una burbuja de irracionalidad en una vida tan racional y lógica, hay que meterse dentro de esa burbuja y vivir esa parte nuestra de emociones, que llora y ríe sin saber porqué. Otro año, en Viernes Santo.

Monday, March 26, 2007

CALLE NASSAU


En Dublín. Dias de descanso. Pubs, whiskey Jameson. El Liffey. Los edificios de ladrillo rojo, con sus chimeneas. Paseo por estas calles que me retrotraen a finales del siglo XIX (los oscuros alrrededores de la Guiness Storehause, esa gran fábrica y esos carros tirados por caballos percherones a la entrada, esos obreros que en la película construyen toneles con precisión y sin descanso, como máquinas eficientes, cientos, miles de toneles). Calle Nassau. Aquí miraría por primera vez Joyce a esa mujer, Nora Barnacle (un encuentro definitivo, como el de Dante y Beatriz), un 10 de junio de 1904. Aquí sería -junto al Trinity College- donde venció su timidez para pedirle una cita -él poeta joven (22 años), licenciado en letras, lleno de sueños y furor, a ella, una camarera de hotel, sin estudios, dos años más joven- y ella que le creyó un marinero noruego (sus ojos azules, su afilado rostro -Klinch-, su gorra) no acudió a la cita...El encuentro de dos jóvenes muy diferentes pero unidos por un común origen -sus padres borrachos- y un destino compartido -el voluntario alejamiento del hogar y de la patria-, se produciría el 16 de junio (Blomsday) y su complicidad sexual surgiría ese mismo día. Nora resultó la compañera perfecta del escritor- desentendida de cuanto él escribía, tolerante con su feroz independencia y sus excesos de juerguista impenitente, madre y compañera en juegos fetichistas privados, lo pervertido, compartido- sobrelleron ambos un estado permanente de ruina económica y la enfermedad mental de una hija. Aquí -en la calle Nassau- encuentra Joyce la horma de su zapato y se hace hombre el niño. Aquí concibe el proyecto de marchar, de abandonar todo aquello: a sus diez hermanos y a su padre, la pobreza, la sordidez, la mojigatería. Luego se llevaría a Stanislaus y a alguna de sus hermanas. Pero Dublín quedó allí, en el recuerdo, adquiriendo de esta forma todo su poder de evocación ("solo tenemos de verdad lo que hemos perdido" -como yo Pamplona- y nadie puede volver ya al lugar que voluntariamente ha convertido en un conjunto de recuerdos, quedaría defraudado porque ese lugar quedó fijado en el pasado, en un 16 de junio personal -el mío-). Escribir es así igual que vivir: se recuperan olores, sabores, colores...la palabra (la jerga, el slang) cobra todo su valor, como isla vital del naúfrago, del que se tiró del barco. La lengua es el único vínculo del exiliado con su patria. Para conseguir este dominio del idioma, hay que vivir en otro país y sobre todo en otra lengua (la lengua utilizada en el hogar de Joyce y Nora fue siempre el italiano), para así destilar toda la sustancia de cada preciosa palabra, como si uno explorase un terreno prodigioso y virgen. Hay que abandonar definitivamente a las personas queridas, para hacerlas eternas en el recuerdo, mediante los oportunos personajes de ficción (más verdaderos que sus modelos). Paseo por la calle Nassau y pienso que aquí no hubiera podido Joyce escribir nada (no hay brillo, todo es gris). Sólo el recuerdo convertiría esto en tiempo y el tiempo es la literatura. Paso por el puente del medio penique y tiro un papel, como hizo Bloom, para que se vaya navegando hasta el mar...En el papel he escrito una apuesta y es la apuesta de Joyce: la apuesta de Bloom.

Wednesday, March 14, 2007

TORRE MARTELLO



Hay un día en que uno se encuentra con el que fue y se da cuenta de que ha cambiado. Borges se encuentra con un joven en el parque, junto al río de la vida. Joyce se encuentra con el artista adolescente, en la madurez de su Ulises.
Cuando al hombre maduro se le aparece el fantasma del pasado, las relaciones no son fáciles. Uno se ha convertido, para ese joven impetuoso y vehemente, en un desconocido. No se entienden: como un padre y un hijo (aunque se aman).
Al joven no le puede interesar el hombre maduro (es algo ajeno a su experiencia y sólo podemos entender –y amar- lo que ya hemos experimentado). En cambio, al hombre maduro le nace en el corazón una gran ternura por el joven. Quiere protegerlo, defender su inocencia, su inconsciente arrogancia.
El hombre maduro ahora comprende, ahora al fin se ha aceptado, ha dejado de imponerse a sí mismo la dureza y la integridad, se ha liberado de todo modelo, de toda imitación.
Stephen quiere ser duro, quiere fingir que no le importa la muerte de su madre, que no le importa lo más sagrado. Se ampara en su integridad: frente a los británicos, frente a los curas, frente a toda autoridad. Hace frente a toda ofensa: se ofende. La Torre Martello, donde vive, representa su aislamiento, la dificultad del joven para salir de sí mismo.
Leopold sabe amar. Alimenta a su gato, trata bien a los animales. Condesciende con sus propias debilidades (bebe en exceso, juega en las carreras, se va de putas, es un marido mediocre, un pésimo amante), y por lo mismo, es generoso con las debilidades ajenas. Vive y disfruta de su propia individualidad (de sus gustos peculiares, de sus manías, de sus pequeñas perversiones…). Es –diría Joyce- “un hombre bueno”. Mantiene –dijo alguien- una “poesía interior”. Para un joven, este hombre sería un fracasado, uno que no hace cambiar a la sociedad. "Bloom is a cod": Bloom es un merluzo. Puede ser, pero para Joyce (también para Borges), este tipo de personas son los héroes modernos (los santos, gracias a los cuales se salva el mundo).

Saturday, March 03, 2007

TINTORETTO



Ser artista sería mi sueño. Tener un sello especial en todo lo que hiciera, genialidad. Un don. Pero ahora, avanzo por la exposición y contemplo sus primeras obras juveniles: nada original, nada distinto. Y sigo por una sala en que se explica su forma de trabajar. Copiaba. Insistentemente copiaba. Copiaba de maniquíes. Fabricaba muñecos de cera con los que buscaba las contorsiones extremas del cuerpo. Y copiaba. Copiaba las esculturas de Miguel Ángel, reproduciéndolas en barro y luego, desde los más diversos ángulos, copiaba y copiaba...Esto no es lo que yo consideraba un artista. Pero es que incluso los fondos los fabricaba, como una escenografía previa, mediante cartones y diminutos objetos a escala, utilizando técnicas que aprendió de gentes del teatro... y para los paisajes utilizaba dioramas. Copiaba, todo lo copiaba. Copiaba a Miguel Ángel el dibujo, el tratamiento del cuerpo. Copiaba de Tiziano y Veronés el colorido y la composición dramática. Debió de trabajar mucho. Ninguno de sus cuadros es genial...pero cada uno es personal, es un esfuerzo de dar un nuevo tratamiento a los viejos temas, de combinar de otra forma los elementos ajenos.... Al final de su vida, se vuelve a colocar ante el espejo y se pinta viejo, acabado, pero por fín él mismo. Es él. Tanto le costó serlo. En sus últimos años ya se limitaba a dar las ideas para que sus colaboradores llevasen a cabo la obra. Ser artista quizás es trabajar mucho toda tu vida para poder mirarte al espejo.

Monday, February 19, 2007

CARNAVAL


Viernes de carnaval. Los amigos llegaron a nuestra casa, allí en el pueblo, para pasar juntos estos días. Me traían un regalo: "Vinícius, o poeta", un libro-disco, de la colección "Music Comix", de Gani Jakupi y Miquel Jurado, que contiene los dos famosos discos grabados por Vinicius de Moraes y Toquinho, en 1970 y 1971, en Buenos Aires, el primero con Maria Creuza y el segundo con Maria Bethania, y que recoge las actuaciones de los músicos brasileños en el cafe concierto "La Fusa". Mi amiga Paqui, sabe cantar las letras queridas de Vinicius: "Eu sei que vou te amar" y juntos entonamos para ellos. La tímida lluvia no deja de caer y la música ocupa su sitio, mientras miro una y otra vez los preciosos dibujos de Giani, llenos de fuerza y colorido, y las fotografías de aquellos días mágicos. "La tristeza no tiene fin, la felicidad sí. La felicidad del pobre se parece a la gran ilusión del Carnaval; la gente trabaja durante todo el año por un momento de sueño, para ser un rey de fantasía, un pirata, un jardinero y todo se acaba el miércoles (na quarta feria)". El siguiente día por la tarde salimos a ver el desfile, los disfraces, las canciones y llevo dentro esos textos y esas imágenes. Vinicius, el que amaba a todas las mujeres (con nueve llegó a casarse, pero a todas podía amar), y que sin embargo está enterrado con su madre y su hermana, al final, las mujeres más importantes y verdaderas, y el origen de su amor por las otras. Vinicius, que cantaba sentado delante de su mesa, con sus poemas delante y su bolígrafo, con su vaso de whisky y su tabaco. Vinicius, el amigo, que llamaba a los suyos nada más que para preguntar qué tal estás. Vinicius el que recibía por las mañanas metido en la bañera, mientras se daba su baño diario por inmersión (allí apoyada en una tabla de madera, la máquina de escribir, para no perder el momento de inspiración). Vinicius que, en el fondo de su alma, no se hacía ilusiones y sabía mandarlo todo "a tonga da milonga do kabureté". Vinicius, con su carga de formación jesuítica (el amor es sufrimiento): "O poeta só é grande se sofrer", minando la alegría del amor. Vinicius, el blanco más negro de Brasil, el hombre que amaba la noche, que hacía del encuentro humano un rito, en su Bar Antonio's del barrio de Leblon, en Rio de Janeiro, el conversador incansable, el hombre sin ambiciones ya y por lo mismo libre: después de todo estoy hecho a los fracasos, uno más o menos ¿qué cambiaría? Ya me he resignado a hacer lo que me gusta, sólo porque me gusta". Vinicius, también, el hombre contradictorio, el "depravado", difícil de comprender, esquivo, celoso de su libertad. La libertad de no tener nada, teniéndose, sin embargo, a sí mismo y a los amigos, generoso, siempre entregado a la vida, sin prejuicios (nos cuenta el productor del disco, Alfredo Radoszinsky). Yo recuerdo, escuchando esa música de Vinicius, esa voz madura, inimitable, llena de amor a la vida...y recuerdo a mi amigo Bernardo, tan parecido físicamente a él, tan parecido también en su vida desasida, pero finalmente pegada a la tierra. Bernardo a quien quise y me quiso, siempre dispuesto a nuevas ilusiones sabiendo que las desilusiones eran sus inseparables compañeras de siempre. Es Carnaval. La vida es un Carnaval. Hoy se celebra la vida, el engaño, la alegría que engaña a las penas. La vitalidad invade la calle, a pesar de los paraguas hace poco abiertos. Los jóvenes crean sus ilusiones, sus fantasías, el cuerpo se exhibe. Vinicius sigue fumando sus cigarrillos, bebiendo su whisky, mientras canta "Minha namorada".

Thursday, February 01, 2007

BOBBY


Bobby” es una obra coral llena de atención a los detalles, a las cosas pequeñas de la vida. Se narran sucesos insignificantes, ocurridos un día corriente a gente común que vive en un hotel. Hay pequeñas ilusiones (alguien acaricia en su bolsillo las entradas para el partido de béisbol de esa noche), pequeñas rutinas (dos viejos pasan su tarde en el hall, jugando su cotidiana partida de ajedrez), pequeñas ruindades (la telefonista se acuesta a escondidas con el jefe), pequeñas derrotas (la del esposo sometido al desprecio de una mujer alcoholizada)…

Todo esto es la ganga de la vida. Pero en ella, observando con atención, también puede descubrirse el oculto brillo del oro. Un pinche de cocina chicano es capaz de reconocer la grandeza moral de su jefe de cocina (Laurence Fishburne, en un papel precioso); una peluquera sabe entablar relaciones auténticamente humanas con cada una de sus clientes, participando de sus alegrías y tristezas, convirtiendo una relación profesional en un encuentro personal (Sharon Stone, bellísima, más hermosa en su madurez, es esa mujer, firme en su trabajo, firme en su matrimonio, firme en su proximidad a los demás, a pesar de todas las rutinas y de todos los engaños); una periodista aguanta sin comer, sin dormir durante días, vagando por el hotel con tal de cumplir su misión: transmitir a la juventud checa el mensaje del Senador Kennedy.

El atentado reúne todas estas vidas en una encrucijada trágica, imprevisible, sacándolas del anonimato. Pero, más allá de cualquier apariencia, cuando llega el crimen sabemos ya que los héroes de verdad son ellos: la gente común, que con heroísmo cotidiano, lleva adelante sus vidas, contra el viento del desamor y la marea del odio.

Monday, January 29, 2007

BABEL: UNA PELÍCULA DE FRONTERAS


¿De qué trata “Babel”? De la frontera, me dice M.

La frontera es una frontera física (México y USA). Pero es también el abismo que separa la forma de vida de las personas, según el lugar donde nacen, según la educación que esa circunstancia les proporciona, según los requerimientos de su cultura, de su situación económica. Niños condenados a realizar tareas que no les corresponderían. Niños que tienen que ser adultos prematuramente.

Pero la peor frontera no es física, es mental. Es la frontera que crea nuestro miedo, cuando nos internamos en un país subdesarrollado. Vamos parapetados tras nuestros prejuicios, llenos de prepotencia y desprecio. Ese autobús que se interna lleno de turistas por un territorio extraño es nuestro territorio. Nos sentimos a salvo allí dentro, con ese guía que entiende nuestro idioma, que nos protege frente al exterior hostil.

En algunos puntos, la película es discutible. La idea de los niños como esperanza de un mundo sin fronteras, la retórica de que los niños de distintas culturas son capaces de convivir y compartir los mismos juegos…todo esto parece algo tópico. Por otra parte “Babel” insiste de forma en exceso evidente en otra frontera: la de la propaganda política norteamericana: El mensaje que se nos transmite denuncia esa propaganda como algo que nos separa de la realidad, y no sirve a los intereses reales de los propios ciudadanos americanos. Aquí, de nuevo, el cine americano expone su faceta autocrítica, pero con cierta tendenciosidad: aquí –más allá de la ignorancia- los buenos son los pobres; son los pobres quienes, finalmente, ponen los muertos o los deportados.

La película gana en intensidad, a mi juicio, en la parte de la historia que se desarrolla en Japón. Aquí González Iñárritu nos coloca un espejo, para que veamos la frontera que separa a los padres y los hijos. Los adolescentes, en las grandes ciudades, con todas las posibilidades a su alcance, la tecnología, el consumo, pero que se enfrentan al vacío, a la falta de afecto, a la incomunicación (representada por esa niña sorda y sin madre, completamente desorientada, con un padre ausente, permanentemente secuestrado por su trabajo). La soledad, ese aislamiento en que vivimos dentro de nuestras ciudades, es esa frontera, invisible que nos separa a unos de otros. La frontera más dramática, la que quieren traspasar los adolescentes mediante el recurso a la droga, al aturdimiento, a un sexo frío y sin ternura. México proporciona el contraste de la perdida vida comunitaria, rural, participativa, lúdica, emotiva, humana, pero igualmente sin salida, que arroja a sus hijos, como consecuencia de la pobreza a la emigración, a vivir como ilegales en una cultura ajena.

Thursday, January 25, 2007

PARA A. (Y PARA C;)

A veces nos sorprende el fulgor de un suceso casual. Estábamos pensando en alguien, y otro menciona su nombre. Estábamos leyendo un libro y alguien nos escribe diciendo que nos recomienda...ese mismo libro. A veces, esa casualidad es de tan genial diseño que nos deja por un tiempo noqueados. Parece como que alguien nos diera una pista de algo, pero no sabemos de qué. Parece como si hubiera un mensaje ahí, para nosotros ¿cuál? No importa, de momento. Ni se trata de razonar. Basta disfrutar de la luminosidad, del fulgor que produce esa sincronía, ese escapar de la razón que domina nuestros días, por un momento. Basta dejarse dominar por el gozo de ser guiados por alguien, que de nosotros se cuida.
Hay mensajes y mensajeros (ángeles les llamaban en otros tiempos). Hay un mensaje cuando -por un momento y olvidando nuestro agnosticismo- tenemos la sensación (no es algo de cabeza) de que es "demasiada" casualidad. En tal caso ¿qué me dice ahora, hoy, en mi situación de ahora, en mi problema de hoy, esto? Esta casualidad, que ya de por sí tiene el atractivo de lo brillante, de lo bien inventado...¿no me sugiere, en el fondo, que no estoy solo, que alguien me guía por un determinado camino de baldosas amarillas, hacia mi corazón, hacia mi valor, hacia mi inteligencia...?
Todos aprenderemos, tarde o temprano. Eso es lo que cambia, el tiempo. Pero el puerto de llegada es el mismo: saber amar. Todos llegaremos a ese puerto del amor, todos nos encontraremos cara a cara con esa experiencia personal de ser plenamente queridos...
Escribo esto, siguiendo los criterios de alguien que escribió a Danae, sin juicio de valor, a lo que salga, porque estoy de acuerdo con esa persona en que el blog no es algo importante y que cuando quieres hacerlo bien la cagas. Echo de menos, ahora, a Innes y su juvenil transgresión. Para A. No sé qué saldrá de toda esta patota. Pero seguimos el camino de la vida, nos sumamos a las luces que nos va presentado (sin rechazar las sombras), dejando que nos sorprenda a cada rato, con su forma de ser (espiritu, geniecillo ¿verdad Marisa?), ese espíritu cordial que nos conduce (lo entendamos o no) cariñosamente, cuidadoso, con inigualable sentido del humor, hacia nosotros mismos, hacia nuestra liberación...
Y para C. con quien experimenté tantos momentos de sincronicidad, estando, milagrosamente, juntos en la distancia.

NIEVE EN CÓRDOBA


Hoy se repite la belleza de Córdoba nevada.