Saturday, June 30, 2007

JERRY MCGUIRE




Ayer ví en canal Plus "Jerry McGuire". La maravillosa Renee Zellweger está enamorada de su jefe. Estar enamorado no tiene explicación. Es algo que se impone, algo más fuerte que cualquier razón. No es algo que cueste trabajo. Es algo que nace de dentro. Y algo que termina. Algo que, de repente, deja de estar y se nos olvida. No está condicionado a una respuesta del otro. El amor es sólo mío. Jerry (Tom Cruise), sin embargo, se siente comprometido con su empleada. Quiere portarse bien con ella por la lealtad que ella le tiene, por lo que ella ha dejado para seguirle, por el hijo de ella (que le adora). Entonces llega la confusión: le pide que se casen. La cosa no funciona. No podía funcionar. Como luego le dirá Renee: fue culpa mía, creí que bastaba mi amor para los dos... "Tal como tú y yo somos, estamos jugándonos diez años de relaciones educadas". Y una pareja no es buena educación. Tampoco puede llevarse sobre los hombros a base de compromiso y esfuerzo.




Estos días pienso en algunos blogueros. Uno ha dicho que él no publica libros, que su obra es su blog. Es un blog maravilloso. Pero admiro el definirse como bloguero pues ¿no es esta una maravilla efímera? Baba de caracol. Algo brillante, pura plata, pero que tal como se va expulsando, se seca y desaparece en los archivos, cuando deja de salir en la pantalla de inicio (¿quién lee post anteriores?). Sin embargo, estamos hablando de blogs con contenidos culturales, hechos para la lectura y el deleite visual, y en los que podemos entrar y dejar nuestros comentarios y opiniones, como en un juego.







Muchos utilizan los blogs para crear una segunda personalidad, una vida paralela, en los terrenos de la ficción. Sin embargo otros blogueros van más allá de la escritura. No son escritores aficionados (que lo son), sino personas que nos entregan por escrito sus propias vidas, en tiempo real, haciendo del blog algo íntimo, personal, de desnuda verdad e invitándonos no tanto a la lectura cuando a un acompañamiento vital. En esas páginas no se puede entrar distraidamente, no se puede comentar con ligereza. No son páginas decorativas o estéticas. En ellas hay que entrar con asombro y complicidad, como se entra en la amistad. No se trata de compromisos, no se trata de educación. Se trata de amor. Hay que sentir algo dentro hacia esa persona que escribe, para decidirte a acompañarla. Porque esa voz resuena en tí y mientras resuene. Se trata de compartir la vida, la risa y el llanto, las rupturas y los amores. No son páginas para pasar de visita. Estos blogs están llenos de despedidas. Porque cuesta la misma vida dar la vida por escrito. Vuelvo siempre a la despedida de Danae ("Farewell"). Cuando algo se convierte en una obligación, la magia ha desaparecido.


Y ¿cómo acaba la película "made in Hollywood"? No quiero desvelar el final. Sí quiero recordar la respuesta de Renee cuando él le pregunta que por qué le ama: "por el hombre que quieres ser, por el hombre que has empezado a ser". En la pareja, si está viva la relación, cada uno comparte el proceso del otro. En mi pareja amo lo que el otro quiere hacer con su vida, su proyecto, su sueño. Apoyo ese proyecto de corazón y vivo los avances con alegría. Sin eso, no hay pareja. Mi pareja es la persona que me empuja a caminar a mi mayor felicidad. La persona que cree en mí, en mis sueños. Eso, o lo sientes o no lo sientes por el otro. Es una mezcla de valoración, de admiración, de deseo del mayor bien del otro. No es mirar atrás sino adelante. Ilusionarse con el mañana. Sólo algo así puede sobrevivir -sin fecha de caducidad- al final del enamoramiento.

De todo esto ¿qué? Que el amor es compromiso, pero no con el otro, sino con uno mismo, con sus sueños. Si traiciono mis sueños, si abandono la búsqueda de mi felicidad personal, estoy traicionando toda mi vida. Por eso, el memorandum de Tom es, para Renee todo un proyecto de vida juntos, algo en que creer los dos.

Thursday, June 28, 2007

PLACERES

En ocasiones, el deseo de vivir disminuye y la vida nos parece aburrida y gris. Para esos momentos convendría repasar la lista de aquellos placeres que no fallan. Todos tenemos la nuestra. Buñuel escribió la suya en “Mi último suspiro”. “Adoro y detesto” va diciendo y transcribe (con evidentes galicismos) su amigo Carrière. En “Deleite”, el autor teatral J.B. Priestley, acusado por su familia de huraño y gruñón, asume su propia vindicación de hedonista, enumerando y describiendo sus placeres cotidianos, desde los jardines al rumor de las fuentes, de los baños con sales aromáticas hasta su tabaco preferido. Sus rituales y sus manías. Todo muy inglés, no como Buñuel, al que encantaban las arañas, los disfraces religiosos y las armas de fuego.



Estas enumeraciones y descripciones voluptuosas pueden devolvernos el pulso en esos días oscuros, de insoportable tedio vital (spleen que, probablemente, acompaña a los cambios de estación y, con seguridad, a los días que suceden al del propio cumpleaños). Por eso, recordaré alguno de mis placeres.

Los churros con café y chocolate son armas seguras a favor de la alegría. Los tengo asociados, desde la infancia, a los días de fiesta y cama prolongada. Así, hoy un día normal, con churros de por medio, se convierte en algo especial (amo Madrid por esto). Rememoro al mojar el churro en la taza, ese sabor de la infancia, de mis desayunos de domingo en la cama, cuando mi madre nos traía los churros de la calle Mañueta, junto con el “Trueno Color” y las revistas ahora llamadas “del corazón”.

Dormíamos juntos entonces en una gran cama familiar, donde compartíamos durante horas la lectura morosa de nuestros tesoros respectivos del domingo. Allí aprendí a leer, perdido entre las sábanas, en las que a veces quedaba atrapado (descubrí así el terror junto con el placer y la lectura). En aquella cama a la que inevitablemente vuela la imaginación como el lugar exacto del paraíso (del que sería arrojado al alcanzar la edad correspondiente, a buscarme la vida del placer y la lectura solitarios).

Monday, June 25, 2007

LA CONTRA

Desde hace años, la última página de "La Vanguardia" es mi lectura de prensa preferida. Me gusta comenzar el día con un diálogo interesante, que me aporte algo. Se trata de una página fresca y abierta: el entrevistado lo mismo puede ser una monja budista, que un cineasta o alguien que da la vuelta al mundo en bicicleta. Uno nos hablará de la dieta de los filósofos. Otro de las mujeres malquierdas. Lo que subyace es la idea de que todo el mundo puede enseñarnos algo, cada uno puede aportarnos un punto de vista nuevo, a través de su experiencia, de su forma de vivir la vida, y que eso mismo expansiona nuestra visión.

La prensa de Barcelona me parece más europea, más culta y más urbana que la de Madrid. En ésta echo en falta una cierta distancia respecto de lo inmedieato. Más humor. Menos previsibilidad partidaria. Un discurso menos esquematizador. La cultura es una forma de ser madura, que relativiza las cosas, a la vez que las matiza y las pasa por el tamiz del "bueno, a lo mejor...". Esa forma de ser tan mediterránea, tan socarrona (pienso en Josep Pla) que nos han transmitido articulistas como Nestor Luján o José Luis de Vilallonga. Gentes de mundo. Con una visión totalizadora, mundana, ligera, menos reconcentrada en el propio ombligo, menos cabreada. El lector se siente acompañado por el buen articulista y a través de su texto se le permite abrirse a la riqueza multiforme de la realidad y dimensionar la verdadera importancia de las cosas. Ojo. Esto no es privativo de Cataluña. Léase a Cunqueiro.




Recuerdo el último puente de la Constitución. Estábamos en un precioso hotel de Paseo de Gracia. Allí cada mañana teníamos colgando de la puerta nuestro ejemplar de "La Vanguardia" como gentileza para con el huésped. Recuerdo que me emocioné cuando uno de aquellos días abría el periódico y ví que la primera plana estaba totalmente ocupada por un titular: "Agua en Marte". La más gruesa tipografía, junto con una fotografía del planeta rojo. Me emocionó, porque de inmediato capté lo justo del asunto: ¡era el tamaño que requería la noticia!. Ni un centímetro menos. Pensé que los periódicos de Madrid difícilmente harían lo mismo (supongo que el ABC incluiría en su portada alguna foto del Rey, "El Mundo" alguna nueva entrega del folletín sobre el 11-M, "El País" quizás cifras que avalasen que, a pesar de todo, la economía sigue creciendo). Faltaría -creía estar seguro- la altura de miras histórica suficiente para sacrificar toda la primera plana y dar una noticia tan "nimia".

Casi con seguridad, el periódico de un día anterior sólo sirve al siguiente para envolver pescado. Pero algunas páginas merecen salvarse de tal sino. "La Contra" es una de ellas.

Wednesday, June 20, 2007

EL SUDARIO DE OVIEDO

Iré a Oviedo en julio. Allí se venera el sudario de Cristo. Son dos paños que cubrieron la cabeza de un crucificado. Del mismo tiempo que Jesús. Con las mismas heridas. Incluso la corona de espinas, caso excepcional en un condenado a muerte. Las probabilidades de que la Sabana Santa de Turín no correspondan al cuerpo de Jesús, dados los análisis, son al parecer una entre trillones. No se sabe cómo pudo imprimirse la imagen de ese hombre en la sábana. No hay pintura, hay una especie de quemazón de la tela, como si una descarga tremenda de energía se hubiera, por un instante, desprendido y chamuscado la tela. Además debió suceder en levitación del cuerpo, si no no se explica la homogeneidad de la quemazón en pecho y espalda.
Pero es más. La sangre que aparece en el sudario de Oviedo es del mismo tipo, AB, que la de la sábana de Turín. Las manchas del sudario de Oviedo se corresponden, superponiéndolas, a las de la sábana de Turín. Hay un gran porcentaje de posibilidades de que los lienzos de Oviedo y los de Turín hayan cubierto el mismo cuerpo de un condenado que murió en el siglo I, tras padecer los mismos tormentos, exactamente, descritos en los Evangelios. Un hombre alto, para su tiempo, e incluso ahora, más de metro ochenta. Un hombre destrozado pero que debió ser bello. Un hombre, en todo caso, en el que se centra la esperanza de muchos, pues prometió la vida eterna a quienes en él creyeran. Un hombre que, por lo que sabemos, fue de los mejores que han existido. Justo, tierno, solidario, comprensivo, próximo, cercano. Un hombre capaz de tocar al impuro, de comer con los pecadores, de salvar a la adúltera, de conversar con todos, de llevar la paz a los corazones, de transmitir esperanza a los sojuzgados. Un hombre completo. Que, como no podía ser menos, fue sacrificado y muerto. Pero que, de una forma misteriosa, se hizo presente después de muerto a los que le habían conocido, provocando en ellos una borrachera de gozo, una inusitada seguridad de triunfo sobre la muerte. Un hombre que ha marcado la vida de todos los que le conocieron. Esos restos, esa sangre tipo AB, no son más misteriosos que la vida de ese hombre que quería ser para siempre un niño frente a las cosas de Dios, y un amigo que daba la vida por sus amigos.

Sunday, June 17, 2007

EL PODER DEL GESTO

Me he quitado de fumar varias veces. Siempre a base de convicción. He tratado en cada ocasión de materializar mi decisión con un gesto, algo que para mí tuviera el poder de reforzarme en que sí, que estaba dispuesto a dejarlo. De marcar, con el gesto, una línea divisoria con el pasado. Recuerdo haber "enterrado" mi último cigarro, envuelto en un mensaje escrito sobre el papel dorado, en una caja de Marlboro que deposité en una papelera. Cada día pasaba por esa papelera y recordaba el ritual y la oración con que acompañé el gesto.


El gesto no tiene que ver con el acto mágico de Jodorowsky. Aunque participa del poder del símbolo y de la imaginación viva de la metáfora. No creo que sea el acto el que causa un efecto (no hay, como en la magia, una alteración de las leyes de causalidad naturales). No hay una palabra "abra-cadabra" que tenga la fuerza mágica de abrir una puerta. Es lo contrario. Yo tengo la fuerza de convertirme: de dejar una dependencia, de cambiar mi forma de vivir. Esa posibilidad de decidir ser mejor está en mí siempre disponible. Y esa convicción y ese deseo lo expreso, para que no se quede flotando en la vaguedad de los proyectos, en un compromiso real. Lo materializo, entonces, en un gesto. Pero toda la fuerza está ya puesta por mí para conseguirlo.



Recuerdo mi sorpresa, estando en Berlín, hace años, cuando en una tienda de ropa deportiva vi por primera vez aquellas extrañas pulseras extrañas. Y uno tras otro, los jóvenes entraban y las compraban. Pregunté y me dijeron que eran "pulseras antiracismo". Comprar esa pulsera y llevarla puesta era una expresión de compromiso personal con una causa. Luego, se generalizó su uso y, como sucede en nuestra sociedad consumista, se convirtió primero en un negocio y luego en algo sin importancia, una moda pasajera y al final hortera. Perdió el poder del gesto.


Natxo es amigo mío. Es un vasco grande y radical. Se coloca unas camisetas que él mismo diseña y no sé si incluso estampa. Cuando nos encontramos, le pregunto por la camiseta que lleva ese día. Siempre me sorprende. Materializa en ellas lo que piensa y lo que siente. Natxo me ha enseñado a dar importancia al gesto. Al gesto que yo invento para materializar lo que creo. Él lleva sus causas entre pecho y espalda y eso da unidad a su vida, coherencia, fuerza. Integrándolas así en su vida uno las hace salir afuera desde el confuso laberinto de las ideas y puede creer que de alguna manera ya se están realizando.

Friday, June 15, 2007

CULTURA SUNAO

Leyendo a José Antonio Marina me entero de que las culturas orientales rechazan el individualismo occidental y creen que es insolidario y brutal. En Oriente creen en el grupo, en las redes familiares amplias y consideran la pertenencia como algo más importante que la autonomía. Se habla como algo genuinamente japonés del sentimiento de dependencia: el amae. Significa "depender y esperear la benevolencia". "Un sentimiento de indefensión y el deseo de ser amado". Esto se conoce como "cultura sunao".



Esto, en cualquier libro americano, sería condenado como infantilismo y nos darían toda clase de consejos para desterrar la falta de autoestima que acaba por entregar nuestro poder al otro.

Recuerdo la película "Babel" y la historia de la joven japonesa. Ha debido ser terrible allí la colonización poe el individualismo occidental de la cultura tradicional nipona. El efecto disgregador ha debido ser tremendo, sobre todo en la juventud y entre ésta y sus mayores. Esa búsqueda del grupo, esa dependencia de los otros para ser resulta angustiosa.

Frente al individualismo feroz y el gregarismo, Marina propone la búsqueda de una felicidad personal pero que reúna las tres C: ha de ser una felicidad compatible, compartible y cooperativa. Una felicidad que tiene en cuenta la felicidad del otro, la construcción en común de algo y el compromiso o decisión de buscarla juntos.

Thursday, June 14, 2007

GÉMINIS

El mes de junio es mi mes. Soy Géminis. Se acerca mi día. Me identifico con este signo zodiacal. Es el ideal para una personalidad dual, contradictoria, incluso bipolar. La tensión interna se traduce, en el mejor de los casos, en creatividad; en el peor, en indecisión permanente. Leo que me gustan las mujeres Acuario y Leo. Leo que soy incompatible con las Cáncer. Leo que soy infiel y que manejo la palabra como arma de seducción. Leo que sería buen periodista, que me gustan los viajes, que enseguida me aburro de las cosas, que soy inconstante, más frívolo que profundo, curioso...

Un día, hojeando en el AVE la revista Paisajes leí este venturoso pronóstico, que recorté y siempre llevo en la cartera (es mi pronóstico):

"Necesitas comenzar aquello que siempre has querido hacer. Aprenderás en el trabajo y deberías mejorar la calidad de tu vida cotidiana. La chispa vendrá de algún sitio...Procura ser flexible y negocia. La vida es cambio". Magnífico ¿no?



No sé si creo en el destino y en los astros, pero creo que algunos horóscopos contienen señales, pistas válidas o -como éste- te alegran el día.

Este otro, también lo guardé, aunque es "demasiado bueno para ser científico":

Salud: Reprimir las emociones negativas no es bueno para el cuerpo.

Amor: Trata de vivir plenamente tus experiencias en el terreno sexual.

Dinero: No desesperes, tus limitaciones actuales son pasajeras.

Suerte: Se te avecina un futuro espléndido, espéralo con entusiasmo.

Leí a José Antonio Marina hablar del futuro como "profecías que se autocumplen". El hecho de formular la afirmación genera la dinámica adecuada para que acabe por obtenerse aquello que se predijo.

Monday, June 11, 2007

OSEAS Y LA PROSTITUTA

La historia de Oseas, el primer profeta, se nos cuenta en uno de los libros que componen esa biblioteca judía que es la "Biblia". Oseas recibe de Dios un mandato bastante extraño: que despose a una prostituta y tenga hijos con ella.
La prostituta es en aquél tiempo poco menos que una mercancía. Algo incompatible con el amor. Casarse con una es romper las reglas de juego. Porque una prostituta lo seguirá siendo siempre. En Japón, la prostituta que contraía matrimonio debía cortarse el dedo meñique en prueba de fidelidad a su esposo, cuando era acusada de adulterio.

Oseas hace lo que Dios le ordena, y se casa con Gomer y tiene hijos con ella. Pero al cabo de un tiempo, Gomer empieza a mantener relaciones con otros hombres. Se escabulle de su casa por las noches y Oseas vive el dolor de la traición y una y otra vez perdona. Hasta que un día ella abandona a su esposo y se va con su amante.

Lejos de su tierra, pasan los años. Gomer que ha vuelto a prostituirse, envejece y enferma en los burdeles, se vuelve fea y acaba sometida a un amante que la desprecia y la vende como esclava.
Oseas, que ha seguido amando a Gomer todo este tiempo, recibe en sueños otro mensaje de Dios, igualmente misterioso: que compre a una mujer adúltera y la despose. Marcha entonces a buscarla y a quien encuentra es a su esposa, cuando su amante estaba dispuesto a venderla como esclava...Y Oseas la compra, la lleva de nuevo a su casa y la convierte en dueña de todo cuanto posee.

El amor de Oseas es tan incomprensible para los hombres como el amor de Dios mismo. Va contra toda regla, contra toda separación humana. Iguala a todos en una misma dignidad, que a nadie excluye. Sigue constante, aún en el dolor del abandono. Dios no puede evitar dar su amor. Y Oseas comprende que ese era el mensaje: vivir su propia experiencia humana del amor. Dios no habla un lenguaje abstracto, hecho de normas, sino un concreto lenguaje de amor. Y a través del amor humano nos hace descubrir la esencia de su amor.

Thursday, June 07, 2007

PRESANFERMINERO ( I )

Llegan estos días amigos venidos de Pamplona, cuyos hijos se han presentado a las pruebas de acceso a la Universidad. A todos les pregunto si les gustó aquello. Y todos me hablan con entusiasmo del monumento al encierro.
En la calle Roncesvalles había un grupo con dos corredores y un toro. Una bonita escultura. Pero me hablan ahora de algo mucho mayor. Me informo de que el pasado mes de abril se inauguró la ampliación del grupo, realizada por el mismo escultor (Rafael Huerta), y ahora hay seis toros, diez mozos y tres cabestros. Me parece... demasiado. No sé qué tal quedó, pero sus dimensiones (once por cuatro metros) parecen excesivas.
Algo tan grande es lógico que haya provocado polémicas. Al principio el escultor quería retratar a algunos corredores conocidos. Eso no gustó en el Ayuntamiento. Tampoco ha sido bien recibida la colocación del grupo sobre un pedestal, en lugar de a pie de calle, como se ven pasar los toros en el encierro.

Ahora los niños se suben en los toros y algunos dan la voz de alarma: peligra... el monumento.
El caso es que esta escultura colosal (¿demasiado?), más que otra cosa se va a convertir en reclamo turístico. El lugar ideal para hacerse la foto-recuerdo de Pamplona. Esto, no sé si bueno o si malo, pero no deja de ser una concesión al turista, más que algo propio de los pamploneses. Quizás a éstos sólo les sirva para eso, para que sus hijos jueguen (con cierto peligro...oiga!) y a lo mejor para que se conviertan en futuros corredores, de tanto jugar al encierro.
En la Bitácora del Tigre (http://www.labitacoradeltigre.com/2007/05/18/monumento-al-encierro/) se incluye esta foto, que da una idea de lo aparatoso del tema.

A mí, sinceramente, no me gusta la aparatosidad. Prefería la versión anterior, más recoleta y más nuestra. Porque por más universal que sea, el encierro sigue siendo algo nuestro y algo íntimo.

Sunday, June 03, 2007

UNA TARDE CON LEONARDO BOFF


Estuve la semana pasada en un encuentro con Leonardo Boff. Es un hombre de una abierta bondad, un hombre que se ha ganado una gran libertad personal, un hombre comprometido con la justicia y la liberación de todo lo que hay oprimido en el mundo, las personas, pero también la Naturaleza, oprimida por el sistema económico.
Lo que más me sorprendió de Boff fue su sentido del humor. Me reí mucho con él. No era el teólogo distanciado que uno esperaría. No estaba en las nubes del pensamiento abstracto. Ni nos hablaba desde la altura, desde la importancia. Pero, a pesar del panorama sombrío y doloroso de lo que contaba, mantenía una gran paz y un contagioso humor. El humor nos acerca a Dios -dijo- y es verdad, porque reírse uno relativiza las cosas y nos ayuda a continuar el diálogo con los otros, renunciando a tener el monopolio de la verdad.
Boff dijo que lo que más molesta a la jerarquía de la Teología liberadora es el método que propone que no es sino partir de la realidad donde estás. Hablar desde donde estás pisando. Ver en qué la realidad requiere nuestro esfuerzo liberador y no limitarse a condenar a la realidad o a pretender que ésta se someta a nuestros esquemas.
El compromiso, la liberación y todo ello, sin perder la paz ni la alegría. Todo un programa, pero más: todo un ejemplo. Porque viendo a Boff y escuchándole, te das cuenta de que es posible vivir todo eso con naturalidad y sencillez.

Thursday, May 31, 2007

SEPARARSE PARA VOLVER



El problema es que muchas veces no sabemos si somos felices o no. No nos damos cuenta de lo que tenemos entre manos.
Nuestra felicidad es siempre retrospectiva. La descubrimos en el pasado, en un tiempo ya perdido.En el presente no nos damos cuenta. Estamos tan metidos en lo cotidiano, en la rutina que no somos capaces de asegurar si late nuestro corazón.
En un cuento titulado Wakefield, Nathaniel Hawthorne nos habla de un hombre casado que un buen día coge su maleta y sale de su casa. Se instala en la calle de al lado y vive a allí durante veinte años, oculto junto a su hogar, sin dejarse ver, en un voluntario exilio, espiando a su mujer y a sus hijos, con el deseo de comprobar qué sienten por él. Ve cómo se le da por muerto y se reparte su herencia. Ve cómo sigue la vida sin él. Cómo su viuda se va acostumbrando a su nueva situación, cómo cada uno reestablece su nueva rutina. Y entonces, un buen día, con toda normalidad, entra de nuevo en su casa, como si no fuese "otro mundo" sino el mismo en que él vivía. Y desde ese momento hasta su muerte vive con su esposa e hijos una vida normal. La historia, contada por los periódicos, no se le apartaba de la mente a Hawthorne. Lo extraordinario de ella es esa posibilidad de salir de un mundo y volver al mismo mundo que se abandonó.
Juan José Millás en su libro "Laura y Julio" recrea esa fantasía de la imposible vuelta. Julio, que se ha separado de Laura, se instala en el piso de un amigo ausente -Manuel- justo enfrente del suyo y desde allí contempla la nueva vida de la que fue su esposa. Sin embargo Julio, a diferencia de Wakefield, lo que descubre en su mujer no es dolor, sino que le engañaba desde hace años con su amigo. Algo que -ahora se da cuenta- siempre ha sabido.
Saber la verdad de nuestra vida es un afán peligroso. Sabemos ya. Salir, irse para verlo claro, pensando en regresar supone ignorar que uno nunca puede volver atrás. Lo perdido es irrecuperable. No podemos tomar el autobús que ya pasó.
Pero Julio encuentra una solución: asume la personalidad del amante y desde su ordenador continúa la relación epistolar de Manuel con su esposa. Y aprende a tratarla como Manuel y a verla como ella es de verdad. Y de ahí surge una oportunidad impensable de reencuentro. De vuelta, tras la separación.

Monday, May 28, 2007

EUGENIO TRÍAS Y LA VIDA ETERNA


El pasado 24 de mayo, EL MUNDO publicaba un espléndido artículo de Eugenio Trías titulado “Sinfonía Resurrección”. En él hace un ejercicio ensayístico que hubiera sido del gusto de Borges, sobre el tema de la vida eterna. Desechando los argumentos en contra del fundamentalismo ateo así como los argumentos a favor, anclados en la teología del siglo XIII, aborda la cuestión desde la convicción personal que suscita en el Trías melómano la identificación fraternal con Gustav Mahler y su forma de vivir una fe personal, sin ataduras que pusiesen limites a su imaginación musical ni a su religiosidad o concepción teológica, concepción que, por lo que hace a la Eternidad, tiene su expresión juvenil en la Segunda Sinfonía, con treinta años, y se confirma en la madurez con la Octava.
Más allá de la belleza literaria (que ya es una verdad) admiro en Trías esta forma de dialogar con las artes, desde la total libertad imaginativa. No es una propuesta nueva del filósofo catalán. En ocasiones anteriores ha tomado pie en obras artísticas (por ejemplo, la película de Hitchscock “De entre los muertos”, titulada entre nosotros como Vértigo) como recurso motor del ejercicio de pensar y entender realidades “fronterizas” con la razón. En el arte se expresan sentimientos, emociones y pasiones que permiten una apertura de lo puramente racional más allá de sus límites.
Trías, al enfrentarse al tema de la Resurrección, parte de una afirmación de Espinosa que creo fundamental: “El deseo es la esencia misma del hombre”. Según sea tu anhelo -concluye- así serás tú. La experiencia de no desear la inmortalidad la han tenido y expuesto muchos. Así, por ejemplo, Borges. Esas personas no quieren ser nada tras la muerte. Desean la nada. Les falta el Gran Anhelo de eternidad que han tenido otros, como por ejemplo –torturadamente- Unamuno. Se trata, por tanto, de un deseo personal, que no todos experimentan, sin que podamos prescindir de este deseo en la labor hermenéutica de la obra de un autor. Negar con argumentos la verdad de este sentimiento es inútil y erróneo en términos intelectuales.
Tal como lo experimento yo, el deseo de Resucitar, de volver a la carne, es quizás más un anhelo de reencontrar a los seres queridos que perdimos. Es un deseo “para ellos”, más que para nosotros. También es un deseo de “justicia final”, ante la irreparable injusticia de la muerte y la enfermedad en este mundo. Otra vida pondría un final feliz, permitiría reestablecer el orden en tantas injusticias de este mundo. Como dice Trías, sentimos que si hay vida eterna, la tragedia se convierte en comedia. Los misterios dolorosos, a través de los misterios gozosos, se transforman en misterios gloriosos.
No sé si hay otra vida. Tampoco tengo ese anhelo. Sólo un deseo abstracto de justicia. Deseo que triunfe el amor sobre el mal. Y eso es lo que probablemente deseaba Mahler.
De la misma forma en que la vida fetal es perfecta y cálida, y sin embargo hay una separación traumática para pasar al verdadero mundo ¿por qué no puede ser esta vida un estado fetal en el que nos transformamos para dar el paso a un estado nuevo que “es” la vida verdadera? Tan insólito nos puede parecer vivir esta vida “preparatoria”, como al feto que haya todo un mundo fuera de la placenta. No estamos dotados de los sentidos necesarios para salir abarcar otra realidad posible. Sólo la fe, una fe personal que no se basa en argumentos ni lógica, puede dar ese paso. Sólo el deseo de que un sueño infantil sea la verdad ignota de la vida: la eternidad como horizonte amoroso del ser humano.

Tuesday, May 22, 2007

BRYCE ECHENIQUE Y EL PLAGIO


Se ha vuelto a producir un fenómeno similar al descrito por Borges en su cuento “Pierre Menard autor del Quijote”. Alguien se ha aislado en su casa y ha realizado una inmersión total en la sociedad en la que vive (España) a través de su prensa, con el propósito claro de llegar a ser realmente un periodista español del siglo XXI, y ha alcanzado al cabo del tiempo de leer prensa española una identificación tal con los modos de hacerse aquí periodismo, con los giros expresivos, con el pensamiento predominante (si no único) entre los columnistas, con la ausencia de genio o con el exceso de vulgaridad que domina el papel impreso, que finalmente, ha sido capaz de escribir diez artículos, todos ellos coincidentes, palabra por palabra, con otros publicados antes por los más diversos columnistas y los más distintos medios nacionales, incluso periódicos catalanes. El fenómeno de mimetismo cultural no es nuevo, por tanto. Confundir esta gesta con el plagio es vano. También Shakespeare pudo tomar sus temas de las sagas medievales, sin que nadie pretenda comparar los textos. Pero, dejando aparte el infundio, lo escrito en tales circunstancias no es en absoluto una reproducción, aunque reúna las mismas letras y signos de puntuación. Las frases de Bryce, dichas por Bryce, tienen todo el contenido de la experiencia de Bryce, de la obra de Bryce y aportan el mundo propio de Bryce. Son frases dichas por un extranjero. Son frases dichas por un hombre de ultramar, por un exiliado. Bryce ha hecho, como quien dice, ingresar esos textos en un contexto propio, transmutando su sentido. Pero a la vez, ahora, su obra no puede ser entendida sin integrar esos textos apócrifos, que van a pasar a interactuar con el resto, con los que futuros investigadores hallarán coherencia y mutuas aclaraciones, con lo que un día será necedad decir que esos textos no son tan o más de Bryce que los demás publicados a su nombre. Es más, quizás –ese es un riesgo que él asume- un día sean sus únicos textos recordados o se incluyan como antológicos, o den la clave de un complejo de Edipo mal curado.
Por último, hay que insistir en que el concepto de “autor”, en literatura, es discutible, dado que en definitiva el autor de una obra es, en realidad, la tradición o el tiempo (lo dijo también Borges). Sólo desde el siglo XVII ha empezado a hablarse de autor, concepto que tiene que ver con la percepción de pensiones u otras rentas como consecuencia de la protección del escritor por parte de la nobleza. El concepto de autor es un concepto, pues, mercantil, económico y se refiere a los derechos que devenga la producción intelectual. Eso, lo económico, los derechos que sí gana y en cantidad Bryce y no otros, puede que justifique y dispense las opiniones duras que se están vertiendo. Nada que ver el plagio con algo intelectual. Se trata de moralina, de moralizar una acción que como decimos pudiera ser, o una boutade, o una metáfora o acto poético (ante la niebla de la autoría en la era de Internet) o simplemente un acto fallido o inadvertido (el cual también sería interesante para un análisis psicológico futuro del autor). Trabajo para los biógrafos y los críticos. Una travesura, no más, en el devenir de la historia de la literatura. Con lo sencillo que es pensar bien.

Friday, May 11, 2007

JAVIER COLINA

No sé si era amigo de Tochi Sanchez Ostiz o de Floro o de Michi…Era dos años más chico que yo. Pero es que yo era “el decano” allí. Vino con alguien al piso de Carlos III, cuando empezábamos a escuchar música con el equipo recién estrenado. Enseguida se formaron dos grupos: los que preferían escuchar “Eagles” y los que preferíamos a “Deodato” (que fue el origen de mi pasión por el jazz). En aquellas ya remotas tardes de invierno, nos reuníamos y poníamos una y otra vez las mismas canciones. Y Javi cogía la guitarra y siempre hacía algo especial, un toque, un adorno que nos dejaba pasmados. Compartíamos esas audiciones. Luego, al cabo de unos años, me enteré de que tocaba en el “Conocerte” o en algún otro sitio de San Juan. Y allí fui a escucharlo. Tenía mucho desparpajo ante el público. Mucho valor también. Era un “free-lance”, un poco canalla, que se buscaba la vida en las noches de Pamplona y que gustaba a las chicas. Entonces yo sólo le envidiaba eso.
Pasaron muchos años. Ahora me acordé de él, no se porqué, y entré en su página web. He recordado su mirada, sus grandes ojos. Su aspecto tan navarro. Y he visto esa foto en la que aparece con un Tete Montoliú ya enfermo. Yo, que todos estos años he seguido escuchando “Blues for Nuria”. Es lo máximo. Es una foto increíble. Pero es que Javier Colina es uno de los mejores contrabajistas del mundo. Ha tocado con los más grandes. Aquél chico simpático es hoy uno de esos navarros universales.
Esta mañana me enteré de que el Getafe remontó un 5-2 al Barcelona. Nada es imposible. Tampoco lo ha sido que Javi Colina esté donde está, donde sería un sueño para mí haber estado. Pero, de igual forma, es posible que un día, en Sevilla, recale Javier y me eche el teléfono y quedemos a cenar. Y es posible que podamos hablar de nuestra común pasión por el jazz. Y me cuente cosas de NHÖP, o de Curtis Lundy, o me diga qué sintió tocando con Tete.
Sea como sea, vicariamente, toco con él en cada concierto y voy de aquí para allá con mi contrabajo imaginario y soy uno más del grupo que escuchaba a "Deodato" en las tardes invernales de Pamplona.

Tuesday, May 08, 2007

IMITACIÓN A LA VIDA




Dice Vila-Matas que lo que él quería no era ser escritor sino ser Marcello Mastroianni en la película de Antonioni "La notte", vivir como vivía un escritor como Mastroianni en esa película. Fumar como él fumaba, mirar como miraba, hablar como hablaba. Tener ese atractivo para las mujeres y ese éxito social entre los ricos. Claro que, para eso, había que escribir. Aunque eso, en el fondo, era secundario. Ser escritor era una forma de vivir que él quería imitar.
Por eso, para vivir como un escritor (aunque para ello tuviera que escribir), se marchó a Paris y se instaló en un piso arrendado a una escritora madura (Margarite Duras), y comenzó a frecuentar el Café de Flore y Les Deux Magots, como habían hecho, antes que él, tantos escritores. Y comenzó a llevar (aunque le sentase mal) una vida bohemia y noctámbula (él que era tan metódico y propenso a resfriarse). Y cultivó incluso un parecido físico improbable con Hemingway (que aprendió a escribir novelas también en París) y se atrevió a usar chillonas bufandas y estrafalarios sombreros, como pensaba que era propio de los escritores. Se paseó interesante por todos los lugares interesantes y literarios de Paris. Su vida, sin embargo, no fue interesante, paso hambre y frío y no triunfó demasiado con las mujeres ni en la alta sociedad. Volvió a España con su primera novela bajo el brazo y con un ganado prestigio de raro. Y convertido, ahora sí, en un escritor, pues había escrito una novela y había vivido en París y frecuentado -se decía- a Margarite Duras.

Friday, May 04, 2007

JAVIER GOMÁ, FILÓSOFO


Leo unas declaraciones del filósofo Javier Gomá, quien después de terminar las carreras de filología y filosofía, hizo Derecho en tres años y ganó con el número uno una de las oposiciones jurídicas más difíciles: Letrado del Consejo de Estado. Aparte su actividad jurídica, dirige la Fundación March y publica libros de pensamiento, habiendo obtenido el Premio Nacional de Ensayo. Un impresionante currículum, para un hombre que en la foto aparece todavía joven (tiene 42 años) y con todo su pelo, aunque grave y circunspecto.
De sus declaraciones me interesa la referencia autobiográfica precisa acerca del momento en que el romántico estudiante de filología dio paso al fulgurante triunfador social: “En determinado momento, en torno a los 24 años, tomé la decisión totalmente meditada y consciente, de pasar al estadio ético, el amor comprometido y la productividad profesional, sabiendo lo que eso significaba y con todas sus consecuencias.” Decidió, en palabras vulgares, “ser un hombre de provecho”, y aspirar a lo más alto del escalafón en la Administración Pública. No conocemos las razones. Pero podemos lanzar hipótesis. Podemos suponer que la referencia a un “amor comprometido”, tuviera que ver con el deseo de formar una familia (24 años es edad para ello). La “productividad profesional”, en tal caso, justificaría la necesidad de mejorar las perspectivas profesionales de un filólogo. Es una historia repetida (y si no es la suya, es la mía).
En definitiva, unos años más tarde, con 38, este Letrado hace su aparición en la escena de la literatura, publicando un primer libro, que recibe un Premio Nacional (“Imitación y Experiencia”, Pretextos 2003), y que podemos figurarnos, por lo que cuenta el autor, escrito a ratos sueltos, -en el metro, o con la tele puesta y con los hijos alrededor- ¿El libro de un filósofo metido a Letrado?
El propio Gomá –elaborando sus conceptos- formula una afirmación curiosa: “la finitud debe elegirse”. Como Aquiles, uno debe en un momento dado de su vida, renunciar a la inmortalidad y ofrecer a la sociedad ese sacrificio: asumir su papel. La mortalidad, para Gomá, supone adquirir conciencia de que uno puede ser sustituido por otro en la sociedad, de que uno es prescindible, y la vida seguirá igual cuando uno falte. “Debemos aprender a tener un precio”.
Y, leyendo esto, con cierta tristeza, recuerdo lo que escribió un amigo: el proceso educativo convierte personas diferenciadas e insustituibles en “personajes” absolutamente intercambiables y por tanto prescindibles…
Gomá, aunque como muchos hizo un día la gran renuncia, no dejó de ser el filólogo, el filósofo que es. Esa es su esencia y la esencia siempre acaba saliendo a flote.
Pero la salida ¿cuál es? Mi amigo, curiosamente un triunfante opositor como Gomá, ha encontrado una: "no confundas tu personaje contigo mismo y vive tu propia vida; puesto que vives en un sistema, juega tu personaje o personajes, pero de la misma manera que el niño juega a policías o ladrones, sabiendo que él no es ni una cosa ni otra, pero se divierte haciendo de…”. Es decir, mantén cierta ironía sobre tí mismo y los demás. Eres y serás único.
Recuerda que eres mortal”, le decían a César. A un triunfador le conviene esta filosofía. Pero, sobre todo, diviértete con el juego y que tu propio personaje no acabe contigo.

Saturday, April 28, 2007

ADIÓS A UNA FERIA

La vida avanza. Quererla detener en un punto no funciona, porque la vida es continua renovación: como el río, no podemos bañarnos dos veces en las mismas aguas, porque cambian las aguas, pero también nosotros somos distintos. La Feria de Abril está ya terminando y algo parace que termina en nosotros también con ella. Cada año igual pero siempre renovada e indefinible. Como otros años hemos estado allí, dejando que ocurran las cosas. Dejando que se produzca la magia de un encuentro, que surja el baile, que aparezca por sorpresa la belleza, en forma de mujer o bulería. Los sentimientos no se puede sujetar y vivir consiste en renunciar a fijarlos, a definir lo que siempre es nuevo. La Feria es un ámbito espiritual y como tal, siempre algo fugitivo: "el espíritu sopla". El momento hay que estar allí para vivirlo. Contarlo no sirve. La Feria es como el fuego: querríamos cogerlo, pero el fuego no es para cogerlo: el fuego calienta, lo que se recogen son cenizas. Escribir sobre la Feria es recoger cenizas de estos días pasados. La Feria de Abril no se puede contar, hay que calentar en ella el corazón.

Wednesday, April 25, 2007

DEJAD QUE LLORE EL MUCHACHO


"No pienses que tiene nada contra ti,
si te atropella por la calle y no te dice adiós,
es porque no te vió
no hables de ingratitud.
Sabes que estima tu compañía en lo que vale.

No es que se haya vuelto imbécil de repente,
a juzgar por esa estúpida sonrisa.
Ni creas que se confunde si te llama Margarita.

Es difícil, pero trata de entender
que no se le rompe el alma aunque le veas llorar,
ni juega sucio por no decir la verdad,
ni oculta nada porque esconda algunas cosas.
Dale tiempo y disculpa la soberbia
de quien se siente un hombre afortunado.
Dejad que cante el muchacho
ese que se ha enamorado".


Joan Manuel Serrat cantaba esta canción en el disco que nos regalásteis al marchar. "La distancia es el olvido", pero no fue así entre nosotros. Nos dejamos en prenda estas canciones que, juntos, escuchábamos entonces y que nos emocionaron juntos. Eramos, en aquellos días (recién casados), los enamorados del poema. Hoy, los padres que sufren cuando ven llorar a su hija (que no sabe por qué llora) y que quisieran creer que no se le rompe el alma aunque la vean llorar, porque pasaron antes que ella por ese trance desolado de la adolescencia. Y saben de ese primer amor que no llega, o del otro que marchó. O se ven reflejados en la soberbia de un hijo, que no se digna mirar a sus padres. Así sufrirían también ellos con nuestro silencio, con nuestra inseguridad, nuestras tristezas, sin poder tampoco -nadie puede- aliviarnos el dolor.

Sunday, April 22, 2007

TALAVANTE

Estuve allí. Fue un natural largo, profundo, eterno...alguien ha dicho "sobrenatural". El tiempo parecía detenido, mientras el toro (Soleá) seguía recorriendo el camino marcado por la mano baja del torero, el recorrido no tenía fin. Fue en medio de una tanda cuando sucedió. La faena iba siendo correcta pero no vibrante. De pronto salió ese natural y todos supimos que había ocurrido algo importante, algo diferente. Surgió una ovación cerrada, unánime, entusiasta. La ovación a un único pase. Algo que nunca había visto. Tal fue la importancia del momento, que se interrumpió al torero. Como queda en suspenso el tenor, así quedó quieto el joven Talavante, en medio de la tanda de naturales, aclamado ya como "torero, torero". Ese chico, que en su primer toro, me había parecido muy verde, falto de recursos y quizás sobrado de un valor proclive al tremendismo, que no me gusta. La plaza reaccionó con frialdad. El torero no parecía saber colocarse delante del toro, quedando más de una vez a su merced, descubiero. Pero llegó aquel natural y siguieron otros con una estética y una verdad difíciles de olvidar. Al entrar a matar todos queríamos la muerte. No pudo ser. Talavante nos ha dejado el recuerdo de ese momento, en una tarde de lluvia fina, diminuta, más propia de San Sebastián que de Sevilla. El recuerdo del momento inaugural y mágico de una futura figura del toreo.

Wednesday, April 18, 2007

RENACER CON HERMANN HESSE


Hace muchos años ya, leí a Hermann Hesse. “Demian”, la novela de iniciación del muchacho que encuentra en su amigo un guía espiritual, me deslumbró (era estrenar el ideal de la amistad, como “Servidumbre Humana”, de Somerset Maugham, era estrenar el ideal del amor). Son novelas para adolescentes. Adolescentes que leíamos a un viejo.
Hace unos días apareció por entre las rendijas de la biblioteca de mi lugar de trabajo, oculto entre los gruesos tomos de mi especialidad, “Lecturas para minutos”. Me lo habría traído aquí hace años, para leer a salto de mata, en uno de esos momentos vacíos (o de vacío interior), que durante el trabajo se me producen. Es un librito con las hojas amarillentas, ya despegadas, de una edición barata de Alianza. En su primera página aparece una pegatina “Librería ‘El Parnasillo’ Paulino Caballero, 47. Pamplona”. Allí acudía yo algunas tardes (las de la desesperanza o la inquietud) y pasaba las horas mirando por las estanterías, con avidez por encontrar algo para mí, algo que me guiaría, sin yo saber (sin yo tener quien a mi lado supiera). Al pie del libro está mi firma (la de aquellos años), preocupada por la estética. Arriba figura mi nombre y dirección (calle Padre Calatayud, 17-1º). El ejemplar está muy fatigado. Los aforismos varias veces subrayados con distintos colores, bolígrafo, rotuladores…Como si quisiera aprenderlos de memoria. Como si, haciendo míos esos pensamientos, creyera poder adquirir la consistencia de una identidad adulta.
Aparte la felicidad que conlleva todo descubrimiento, siento ahora, con este librito en las manos, el vértigo del tiempo que pasa. El tiempo en el que en este libro me deleitaba, con un futuro informe por delante. El tiempo extenuado del que ahora extraigo lascas, pequeños huecos para escapar al cielo de la contemplación, al cielo de las ideas, para volver por un momento a la habitación cerrada donde leía este mismo libro hace tantos años.
Y este inactual y olvidado Hermann Hesse ¿qué me dice hoy? ¿de qué le habla a este hombre ya mayor?
"Para nacer es preciso morir, pero para morir es preciso despertar".
Hermann Hesse me habla de transformación, de renacimiento. Sigo bajo el signo de la resurrección. El paso previo es despertar. Darme cuenta de la ilusión de vida que me ha ido hipnotizando, tomar conciencia de aquello más genuino en mí, que estoy matando con mi vida de ahora. La muerte no es muerte, es vida falseada. Puedo renacer, despertando a lo que en mí no dejo vivir. Puedo despertar del encantamiento (¿con un beso?) y tomar posesión de mi reino, el reino que me pertenece por el hecho de haber nacido. Libro amigo, que sigue hablándome de lucha diaria y transformación.