Wednesday, January 30, 2008

FIDELIDAD

"Y todo lo demás es silencio".

Hay cosas que se tuercen.
Cosas que ya no es posible enderezar.
Hay cosas que murieron.
Y no pueden revivir. Ya no.
Y no basta mirar hacia otro lado
o seguir viviendo por inercia.
Porque el tiempo pasa inexorable.
Y ya no queda tiempo ni queda amor.

Cuando ya no es posible hablar
porque las palabras tan sólo son sonidos
que cubren el vacío de las almas.
Cuando no recuerdas ya el tiempo de caricias.
Cuando la vida se parece a una muerte lenta
y tú, sin embargo, te aferras a la vida.
Cuando el corazón se encoje de soledad
y de noche vienen cólicos y no puedes dormirte.
Todo es ya silencio y pena, duda y reproches.
Y sólo una idea fija, que de todo se apodera:
serte fiel, empeñarte en tí, guardarte.
Y a fuer de loco, seguir ese camino que te aleja.
Para sentirte libre de amar aquello que amas
y cuyo amor fue puesto en tí por un aliento de Vida.
Serte fiel y ser aquello que deseas
y que otros no comparten.
Libertad que es tu íntimo derecho.
Tu sola posesión: el gozo de tu herencia.

Thursday, January 24, 2008

MIEDO A LAS SOMBRAS

El niño tiene miedo a la oscuridad y cada noche pide a su madre cuando se va del dormitorio que deje abierta la puerta, para ver luz. El niño no tiene padre. Una noche, un señor mayor le cuenta una historia que paso hace mucho, mucho tiempo. Un niño poco más grande que él, un pastor flacucho se enfrentó a un gigante terrible que tenía atemorizado a todo el ejército judío, en el valle de Elah. Cada día retaba a los guerreros y ninguno se atrevía a enfrentarse a él. Salvo este muchado que disfrazado de guerrero y armado sólo con su honda y cinco piedras que recogió del suelo, le salió al encuentro. El gigante bajó corriendo hacia él, dando gritos espantosos, dispuesto a matarlo...pero el muchacho se quedó parado esperándolo, y cuando ya casí lo tenía encima aguantó, apuntó despacio, y soltó el brazo, lanzándole una pedrada que acertó al gigante entre los ojos y lo mató. Luego, para espanto de los enemigos, cogió la espada del gigante y le cortó la cabeza.

Era la historia que ese señor contó hace muchos años a sus hijos, siendo niños, para ayudarles a enfrentarse con sus miedos. La misma que él escuchó de labios de su padre. "En la vida -hijo mío- hay que hacer frente al miedo, a la imagen espantosa de eso que se aproxima, el enemigo que acecha en las sombras. Aunque uno sea un niño pequeño y el miedo un gigante poderoso, hay que ser capaz de quedarse quieto, plantarle cara al gigante, mirarle a los ojos y apuntar bien, para buscarle el lugar donde lanzar la pedrada que acabe con él".

Dicen que los hijos de aquél señor mayor fueron valientes. Se enfrentaron al terror y supieron acudir en auxilio de su patria. Pero hoy no están. Y su madre quisiera que no hubieran sido valientes. Quisiera haberles dejado abierta la puerta del dormitorio. Quisiera haberles podido encender una luz cuando llegaban las sombras. Quisiera tenerles todavía cerca de su corazón por las noches, como cuando eran niños asustados.

Monday, January 14, 2008

INMORTALIDAD DE LA NADA

Él siempre regresaba a Oviedo. Era un hombre con raíces. Sus raices eran esta ciudad y una derrota. Un padre al que no conoció y un hermano fusilado. Supo siempre cuál era su lugar, su sitio. Su sitio era compartido, solidario. Con sus muchos amigos compartió la noche, el ámbito en el que cobraba una energía inagotable. Compartió la risa y el vino, la canción y la poesía.
A los cuarenta y cinco años se reinventó la vida. Dejó su puesto de funcionario oscuro y marchó muy lejos. Para ser profesor de literatura española. El verde resplandor de su tierra, sus humedades, lo cambió por la dorada sequedad del desierto de New México. El skyline de Albuquerque, edificios en medio de la nada, sería su nueva patria. Ya solo volvería a España los veranos, de vacaciones académicas. Pero se fue para siempre.

Quizás en el invierno, coincidiendo con Hallowen, la plaza de la vieja ciudad le recordaría a su tierra, la Navidad española. Los villancicos y las canciones populares.

Puede que le recuerden, ahora que ya no volverá, en este lugar. Él gustaba del buen comer y de todos los placeres hizo uso y aún abuso. Uno se va y queda vacía una mesa, un rincón. Todo sigue sin él.


Como esa plaza con su iglesia, que tantas veces habrá paseado, con sus amigos de allí, con sus alumnos de literatura española. Los lugares aquellos le recuerdan. Pero él ya está de vuelta en Oviedo.


Uno se muere -es cierto- "ante la cruel complacencia de los objetos cotidianos" (Banville). Sin embargo, "todo lo consumado en el amor/ no será nunca gesta de gusanos"

Friday, January 11, 2008

EL SILENCIO


Hay un silencio que buscamos para encontrar allí la paz. Para ser un yo que se detiene y considera.
Hay otro silencio, sin embargo, trágico. El de vivir en mundos separados, aunque permanezcamos juntos en una misma habitación. Como esa mujer enferma y angustiada que está sola, porque la enfermedad nos deja abandonados en un país lejano, inaccesible a los otros. O como el niño encerrado con dos adultos que no son capaces de jugar con él, abandonado a un mortal aburrimiento, en medio del vacío de un frío hotel. O como la mujer del fondo, aburrida también de estar encerrada, velando a una eferma, cuidando de un niño. Esa mujer sana, sensual, pero indiferente. Ella con su deseo y su culpa: abonimar de esas ataduras.
La soledad profunda es, así, el silencio entre esos seres que deambulan en una misma habitación, pero no encuentran en el otro o no saben decir ellos mismos la palabra necesaria, la del consuelo. El silencio que está hecho de palabras convencionales, dichas para evitar asomarse al abismo de la verdad: nuestro desentendimiento del otro, que le aisla y condena al silencio. Somos incapaces de sentir sus sentimientos, pensar sus pensamientos, experimentar sus angustias, sus anhelos. Y nos callamos o hablamos del tiempo. Y el otro está aislado en la condena del silencio.
En la película de Bergman, la enferma -en el extremo de su soledad- busca tendida en la cama de su habitación, entre los escondites de su cuerpo, una sensualidad que la abandona -una pausa entre los aullidos del dolor- y se aferra a ese placer triste, efímero, que es como una despedida de la vida que se le escapa.


Friday, January 04, 2008

EL REGRESO

Estos días he leído a Bernhard Schlink. Es un profesional del Derecho (juez) que escribe novelas. Es, por tanto, un novelista. Pero no un profesional de la novela (o eso entiendo). La escritura puede convertirse en una profesión. Es más, muchos que escriben conciben el éxito editorial como la forma de poder vivir de la escritura. Sin embargo, profesionalizar la escritura es –para mí- tan triste como profesionalizar el amor. Me parece preferible escribir cuando tienes algo que contar y no para subsistir. Vivir del éxito. No. Mejor ser siempre aficionado, amateur (“amante”) de la escritura. En no tener éxito puede radicar el éxito, para un escritor verdadero. O en, si tiene éxito, ser capaz de renunciar a entregarse a la rueda del tinglado mercantil montado alrededor del libro. La libertad es el más preciado tesoro de un escritor (también de un editor), aunque no proporcione dinero. Porque la libertad se encuentra en lo oculto, en lo escondido. Ese fiscal que escribe. Esa oficinista que escribe. Ese abogado que escribe. Ese profesor que escribe. Todos ellos llevan a cabo una obra verdadera. Sería un error deslumbrarse con la ambición de ser otro.



La novela que he leído se titula “El regreso”. He disfrutado leyéndola, por momentos con voracidad. Es verdad lo que dice el narrador: es el lector el que aporta sentido a cada texto. He leído esta novela en este momento de mi vida y la novela me ha leído a mí, me ha contado cosas de mí mismo. ¿Qué me ha dicho el texto? Me ha hablado de mi pasado. De la relación de un nieto con su abuelo. De la convivencia de un hijo con su madre…con el recuerdo de su padre. También me ha hablado del presente. Del cambio que se avecina. De la necesidad sentida de ir a una mayor corporalidad, a una menor palabrería conceptual, de desprenderme de muchas cosas, objetos e ideas, que achican el espacio y me limitan. De despojarme de lo que no sea esencial e imprescindible. De simplificar y simplificarme, reconociéndome tal cual soy, para no perderme, para no confundir lo verdadero con lo soñado, con lo virtual.

En la novela el protagonista siente la necesidad de irse (abandonar la ciudad en que vive, a su novia y su hijo, su tesis doctoral que se ha convertido en pura palabrería para él). Una noche sueña que a la vuelta del trabajo se encuentra su casa completamente arrasada por un incendio. Al estupor inicial sigue una intensa sensación de libertad y alegría: es como si la destrucción de su casa le proporcionara la libertad de comenzar una nueva vida. Sin embargo, cuando pasan los años, desde la experiencia de lo que fue para él abandonar todo aquello, ya no querrá que un comienzo tenga el sabor de la huida. No es preciso destruir para cambiar. Además la destrucción es siempre ilusoria. Lo realmente nuestro es indestructible y nunca nos abandona, ni lo podemos abandonar. Es algo que llevamos con nosotros, allá donde nos dirijamos.

Yo soy el lector. Y el libro ha llegado a mis manos en una circunstancia memorable y feliz. Ha sido como el regalo mágico de unas hadas, que cogí al vuelo y me ha traído un mensaje cifrado. Un mensaje amable y de buen augurio. La reunificación de las dos Alemanias, tan presente en el libro, que me sugiere la necesidad de seguir conciliando mis polaridades (tan distintas), para continuar siendo quien soy, haga lo que haga y esté donde esté. De esta forma, ahora podré marcharme a donde quiero ir, con la alegría de saber que nada de lo vivido se pierde y que siempre podré regresar.

Wednesday, December 19, 2007

OTRA VIDA DENTRO DE LA VIDA



Mertxe habla de "otra vida dentro de la vida". Esto enlaza con la historia del encuentro entre Vila-Matas y Sophie Calle -que comienza con una nota dictada por el aburrimiento, una nota inventora, en su cuaderno rojo de notas rápidas- y que se nos cuenta en "Porque ella no lo pidió", quizás uno de los cuentos de "Exploradores del abismo", último libro del escritor. Porque el encuentro tiene su origen en que "no fue pedido": es la falta de esa llamada la que origina la fabulación de la llamada y pone en marcha la historia del encargo. Verdadero o no, realidad o farsa, el encuentro en el Cafe Flore de París, forma parte ya de la vida real de Enrique Vila-Matas. La realidad no se desarrolla en un solo plano, sino en forma de espejos que se reflejan.

Leo en una entrevista del autor para "Nuestro Tiempo": "El escritor peruano Ribeyro ha dicho que donde empieza la felicidad, empieza el silencio. Es decir, donde empieza la escritura empieza la infelicidad. Si uno está encantado de la vida no se le ocurre apartarse de esa situación y ponerse a escribir. La escritura siempre parte de algo que falta". El origen de eso que falta pudo ser algo que uno no vivió, pero vio y escuchó, siquiera como fantasía o reflejo, siendo niño, en un sueño del que fue despertado/destetado, un movimiento interrumpido del deseo que quedó congelado y fijo en un punto.


Eso que falta y que buscamos al escribir, es la vitalidad que quedó interrumpida, la que admite todas las posibilidades, todas las derivas, todas las oportunidades. Y Sophie Calle, en la fábula, "quería cambiar de vida" y por ello propuso a Vila-Matas que escribiera una historia que ella habría de vivir, punto por punto, durante un año de su vida. A su vez Vila-Matas deseaba volver a la invención, para salir del callejón al que le había llevado su reflexión sobre el hecho de escribir y sobre la desaparición del autor. Queria inventar una historia que le permitiera dar un paso más allá, hacia el vacío que provocaba la inexistencia de un libro ("me apetecía ver qué sucedía cuando uno vivía las aventuras que previamente había escrito, es decir, cuando uno daba el salto de su propia literatura a su propia vida").

La literatura era consecuencia de la falta de vida, pero a su vez, podía dar argumento a la vida. Sentido. Porque lo importante era esto: tratar de vivir un argumento. Lo importante era preguntarse qué clase de vida llebaba la vida. Y qué era lo que realmente entendíamos por vida, en tiempos confusos como estos.

Todos pensamos alguna vez qué hubiera sucedido si hubieramos dicho lo que no dijimos a esa mujer que bajó del autobús y no retuvimos, si no nos hubiera importado el novio que tenía, si hubiéramos hecho el gesto necesario..."Pensamos haber vivido lo que se vivió como si fuese un borrador, algo que puede ser transformado..." Transformar lo que se vivió, reviviéndolo. "Como si ciertos fragmentos de mi diario hubieran sido hasta ahora sólo borradores de mi vida".



Sophie Calle ha sabido hacer de su vida un argumento artístico: el argumento de sus pechos, por ejemplo, de los que surge la historia de cuando -de pequeña- era completamente plana y se reían de su "sujeta-nada" y como esos pechos luego crecieron y fueron normales y ahora podía mostrarlos entre sus manos. Y hacer de esa frustración infantil una provocación adulta. Como dijo Ciorán (y cita Juan Luis) “Todo lo que en mí es auténtico proviene de la timidez de mi juventud”.

Saturday, December 15, 2007

PIEDRAS JUNTO AL MAR


Nos alojamos junto al mar. Allí, al lado del hotel, se levantan los menhires: las grandes piedras solitarias, han abandonado su aislamiento, y forman un grupo, hecho de individuos diferentes. En el centro de cada bloque se ha abierto una ventana por la que puedan circular los vientos marinos. La piedra cede y deja parte de su dureza, y se hace porosa, y parece comunicarse con las otras piedras cercanas, a través del hueco abierto en el lugar donde estaría el corazón. Con esa abertura en medio, el menhir ha dejado de ser un monumento funerario, ha dejado de mirar al cielo (absorto y desafiante) y ha bajado a la tierra, al encuentro de sus semejantes, y forma una comunidad, hecha de relaciones pétreas. El espíritu arrogante ha cedido para abrirse a la corriente que fluye, que entra y sale, renovándolo todo cada día.

Por allí hemos paseado esta mañana y nos hemos contado las ventanas, ahora puertas, que cada uno de nosotros ha ido abriendo durante estos dos años. Y hemos mirado juntos al mar, hacia las olas, a la gran Torre próxima, cuyo cimiento es la cabeza de un gigante. Sobre los restos de la lógica se alza el mito. Allí, al partir, nos intercambiamos un libro que ninguno habíamos leído y que podría contener alguna clave para añadir a este encuentro tan esperado.

Ahora, de vuelta, y para cuando regreses, escribo esto. La clave está -ya he leído el libro- en el hueco. Ese hueco, hecho de pérdidas, de desapariciones, que nos ensancha y ahonda. Ese hueco que -por lo mismo- está lleno de contenido. Lo que desaparece, se queda para siempre. Lo que un día tuvimos, nadie nos lo puede quitar.

La esencia del mito es vivir en lo invisible (dice Leonardo Sciascia). Tú y yo hemos ido creando nuestro propio mito, al escribirnos y al leernos. Y esa vida invisible continúa abriendo huecos en la otra (la real, la cotidiana), aligerándola y haciéndola esponjosa, rica, aventurera y mágica. Y así, cimentado sobre los escombros de la lógica, se ha ido alzando un faro que nos ilumina. Remando hacia la luz y hacia la vida, deseo para nosotros que nos siga circulando la magia, por entre las rendijas de la realidad.

Fotografía: Carmen Martinez Torrón

http://superkarmen.blogspot.com/

Wednesday, December 05, 2007

JUDITH: EL AMOR Y LA MUERTE


Cada Caravaggio es un tesoro. No es que sean escasos. Es que son únicos. Vengo de Roma y allí he encontrado uno que no conocía. Justo enfrente de mi hotel, cuya habitación se abría a la preciosa fuente del Tritón de Bernini. En el Palazzo Barberini. La familia del Papa Urbano VIII, cuya divisa era la abeja. "Judith et Oloferne". Una pintura que impresiona. Se trata de un episodio del Antiguo Testamento. La joven heroína judia (Judith: hasta en su nombre se identifica con su pueblo), degüella al general enemigo, con el que -presumiblemente- acaba de mantener una relación amorosa. Mientras él se ha quedado dormido en el lecho, tras el placer amoroso, ella se apodera de su espada. Es casi una niña, pero ya ha perdido la inocencia. Ha sabido pasar por traidora ante los suyos -querida del que tiraniza a su pueblo- ha sabido seducir a ese hombre mayor que le ha permitido acceder a su intimidad. Y ahora se muestra aquí resuelta, pero impresionada por la enormidad de su empresa. Este acto, repulsivo y cruel, que desvela su juego.

Él tiene un despertar de pesadilla. Caravaggio parece cautivado por su sorpresa. Capta esa mirada de incredulidad. Con los ojos busca intentando comprender. Su amante parece evitar el encuentro con su mirada. Caravaggio nos muestra la asfixia de Holofernes: su vida se le escapa urgente, como esos chorros de sangre, por el tajo en el cuello que le impide respirar. Creo que hay algo en esta escena que habla a lo profundo de todo hombre y toda mujer. En otras versiones pictóricas, Judith aparece con sus pechos desnudos, halagando la sensualidad del espectador. Pero en realidad la sensualidad no está en tanto en la desnudez de la carne, como en el rostro de esa muchacha. En esa inocencia capaz de asesinar.

Artemisia Gentileschi -la mujer pintora- volvió a este tema dos ocasiones. En ambas con similar violencia. La Judith de Artemisia ya no muestra esa nobleza, ni le repugna su propio crimen. Ya no hay aquí la hipocresía de cargar a la vieja el peso del mal. Aquí son las dos mujeres las que se enfrentan al hombre y acaban con él. Es su empuje el que se nos transmite con ese ímpetu al empujar la cara de Holofernes, para no ver su muerte. El hombre se resiste, lucha por su vida. Es necesaria la fuerza de las dos para reducirlo. Una fuerza sostenida por el odio. Él es un gigante. Su poder ha sido lo que las ha hecho impotentes. Ahora hay un deseo de acabar con ese poder, por encima de cualquier heroísmo. Ya no importa el pueblo sino el poder. Él no importa a Artemisia. No le angustia su asfixia, ni le conmueve su sorpresa. Artemisia parece empujar también, junto a las otras, para dar muerte al poder del hombre.

En el Holofernes de Caravaggio hay más humanidad. El pintor se acerca al misterio de la muerte como algo que reduce las distancias, algo que iguala. Al morir, Holofernes es un hombre, no un general, no un enemigo. Y es al ver al hombre -al desaparecer la capa del odio- cuando Judith retrocede, se hace consciente. En el Holofernes de Artemisia falta la piedad. Predomina la pulsión de terminar lo iniciado. No hay consciencia de proximidad al hombre que muere. No hay duda. Por eso es un cuadro menos humano. Se queda en un pronunciamiento ideológico: reclama solidaridad entre las mujeres para liberarse de la opresión masculina, la opresión machista ejercida sobre ellas. Proclama resolución y firmeza, por encima del amor. El amor sería una trampa. Holofernes no es un ser individual, una persona que muere. Es apenas un emblema, un monigote de espanto.

Friday, November 30, 2007

ENIGMAS COTIDIANOS


Suceden cosas que presentan la cualidad del enigma. Como si fueran pequeños acertijos, cuyo significado se nos escapa, como un koan japonés.

Junto al Hospital de los Venerables, en el barrio de Santa Cruz, en una mañana soleada de noviembre, libre de obligaciones, disfruto en buena compañía de una cerveza y un plato de jamón, en una mesita a la puerta de la Hostería del Laurel. La placita está preciosa. La vista se recrea en los colores y pienso en el regalo de estar aquí ahora, rodeado de turistas (italianos, ingleses...), viéndolo todo ahora con los mismos ojos de novedad que ellos. Uno de esos turistas está echando miguitas de pan a los pájaros. Vienen palomas y gorriones. Él -se nota- intenta que el manjar llegue a los más pequeños, lanzando las bolitas fuera del alcance de las palomas. Le digo a mi compañera: "¿Por qué hace esto? Las palomas son más grandes y necesitan más alimento para mantenerse". Desde la mesa de al lado, empiezo a lanzar miguitas a las palomas. Pero éstas parecen tener problemas. Llegan lo gorriones en rápido vuelo y delante de sus picos se llevan los trocitos más grandes. Las palomas son más torpes: picotean el alimento en el suelo y no pueden más que con las bolitas pequeñas. Llega de nuevo el camarero con la copita de rioja que hemos pedido y me dice: "Yo los tengo alimentados a todos estos. Pero a las palomas no hay que echarles comida. Son dañinas."

Dias después acudo a la farmacia. Voy con una receta para un anti-inflamatorio y un protector gástrico. Al pagar, el protector cuesta cinco veces más que el anti-inflamatorio. El problema no era de estómago ¿No es el anti-inflamatorio el que lo provoca? Del dinero que gasto, la mayor parte es para solucionar un problema que no tenía. Un problema provocado por el medicamento.

Esa noche le comento a Sergio el suceso. Él me ha dicho que una de cada cuatro personas padece una enfermedad mental. Le respondo que son los laboratorios los que han convertido en enfermedad lo que antes eran frustraciones o altibajos de la vida, y una vez diagnosticada la enfermedad, han aportado el oportuno medicamento, con sus oportunas contraindicaciones y efectos secundarios, para los cuales están indicados otros medicamentos más caros. Entre tanto, los médicos siguen recibiendo regalos y ofertas de viajes, de parte de los laboratorios.

Tuesday, November 27, 2007

EL DIA SEÑALADO


En "El día señalado" (uno de los relatos contenidos en el último libro de Vila-Matas, "Exploradores del abismo"), a la protagonista se le anticipan las circunstancias de su muerte. El pronóstico de una gitana, a los diez años, y extraños sueños, ya en su juventud, le hacen comprender que una determinada conjunción de circunstancias será fatal. A partir de ese momento toda su vida consistirá en evitar esa conjunción, siempre alrededor de una fecha determinada. Cada año, al acercarse el día, contemplará aterrada la presencia, uno tras otro, de los improbables elementos cuya conjunción configura el fatal augurio. Sólo podrá librarse de la angustia cuando, realmente, se enfrente a la muerte y vea reunirse todas las piezas de su pesadilla.

En la vida hay momentos que siempre se recuerdan demasiado bien. Son situaciones que nunca podrás olvidar. Y recuerdas todas las circunstancias que precedieron a la catástrofe. Llovía con violencia. El cristal se empañaba y el limpia no podía despejar el agua. Ella llevaba meses padeciendo los efectos de una cruel dermatitis, que la tenía postrada y sin ánimo. Tú no dormías bien. La sensación de fatiga era angustiosa. El estrés había aparecido en tu vida el año anterior, en forma de difusos dolores que tus amigos no tomaban en serio. Temías morir (no sabías que de pánico nadie muere). La capa de tristeza y cansancio había caído sobre tu hogar y todo parecía melancólico y terminal. Entonces te llamaron para llevar a cabo ese trabajo que tanto esperabas. Era el momento adecuado para dar un paso importante en tu carrera. Pero casi de inmediato fue abierta esa zanja en tu vida. Hubo que dejarlo todo aparcado. Había otras ocupaciones. Había que ser fuerte.

Al cabo de veinte años, los elementos de aquella conjunción se empiezan a presentar de nuevo. Un día caen ciento diez litros en Sevilla y dentro de tu coche rememoras aquél otro día oscuro y frío. Llega de nuevo la dermatitis. Ya hace un par de semanas te había sorprendido recibir -con veinte años de retraso- la misma propuesta que entonces declinaste. Ahora que todo esto ocurre, que el tiempo se adensa, que ha vuelto el cansancio, se abre la posibilidad de un cambio profesional importante...Y estás aterrado, porque ya no confías en la vida. Quisieras aplazarlo todo. Congelar el tiempo. Pero tienes que seguir adelante: sólo te curarás cuando todo se consume y transcurra el día que tú sabes. Estás asomado al abismo, explorándolo... esperando avanzar un paso más y traspasar el miedo.

Friday, November 23, 2007

CROSSROAD


La encrucijada se presenta de repente mientras íbamos andando. Hay que decidir por dónde seguir el camino. El que llevábamos se cruza con otro. Otro que tal vez parece más estrecho. Hay que hacer una cosa o la otra. "El camino estrecho" (proponía el Maestro). "El camino del corazón" (señalaba el místico). En la encrucijada -según las leyendas del Blues americano- se tiene una cita con el diablo, para proponerle vender el alma. ¿A cambio de qué? De ser el guitarrista más rápido. El que más dinero va a ganar, el más famoso...Tocar más rápido de lo que uno toca. Ser distinto -mejor- que lo que uno es. A partir de ese contrato, nuestra alma ya no nos pertenece.

En la encrucijada hay que acertar. ¿Quiere uno hacer ese trato? ¿Cuál es el destino? "El destino es el camino que haces". ¿Qué camino quieres andar? ¿Te da miedo perderte? ¿Es más cómodo continuar el camino que llevas? ¿Necesitas salir a otros caminos? ¿Cómo decidir? Sólo de dentro llega la respuesta. Pero es difícil hacer el silencio para escuchar (hay que acallar las voces de los otros, de los amigos, los que nos quieren, los que esperan mucho de nosotros, las razones, los posibles fantasmas). Alguien que soy de verdad yo, dentro de mí, escondido, conoce la respuesta.
"Nunca me he sentido libre de decidir lo que de verdad quería hacer, cómo deseaba vivir mi vida. De alguna manera he estado siempre decidiendo lo que se esperaba de mí, viviendo para otros". Eso venía a decir el protagonista de una película que ví este fin de semana en la televisión. Afortunadamente no se casaba al final con su novia. Su hermano descubría en esa muchacha tímida y envarada la alocada vividora que latía escondida. Y el novio -sólo en las películas sucede- encontraba en la hermana de la chica el verdadero amor. Debe ser muy triste al cabo del tiempo escuchar a tu hijo decir algo como lo que decía ese joven.

Monday, November 19, 2007

EL HOMBRE SIN EDAD


Una noche de estreno. Por primera vez tengo la oportunidad de escuchar en un escenario al coloso del saxofón. Sonny Rollins. No sé los años que puede tener. Sé que "Tune Up" fue el primer tema suyo que -hace ya años- escuché en un álbum recopilatorio de Blue Note y desde entonces ha sido uno de mis favoritos, con otros como "Airegin" (que era también uno de los preferidos de Tete Montoliú, que lo toco magistralmente en el legendario concierto del Palau).
El cartel que anuncia el evento es precioso. De un color rojo fuerte. Sonny es ya anciano, con todo su pelo blanco. Él que siempre fue rompiendo moldes. Con aquél corte mohicano en los años cuarenta o con su mosca y el cráneo rapado. Ahora su mirada vaga por el infinito, con un cierto cansancio. Pero todo es elegancia y clase.
Al hacer su entrada, veo a un hombre pequeño (yo lo esperaba más alto), encorvado sobre su saxofón. Hecho un cuatro. Temo lo peor: que sólo se nos venda nostalgia.
Pero desde el principio se ve que su técnica sigue impecable y su fuerza impresiona. El sonido agudo (saca sonidos de saxo alto a su tenor), pleno. La mente ágil, descomponiendo las melodías y recomponiéndolas una y otra vez. Él es Historia de la música y está ahí. Impetuoso, lírico...todo se ha dicho de él. "Esta noche vamos a tocar para ustedes..." -dice- y es verdad: cada noche se alza el telón del espectáculo. Y el jazz lo es. Esta noche es una más en una carrera que no termina, que nunca culmina. El artista de jazz se reinventa constantemente. Desde la pasión por el sonido de su instrumento. Desde la vitalidad de la improvisación y el renacer cada noche. Siempre buscando ese sonido perfecto.
La formación que presenta en esta gira está integrada por Bob Cranshaw al bajo, Clifton Anderson al trombón, Bobby Broom guitarra, Jerome Jennings batería y Kimati Dinizulu percusión.
Es una formación a la medida del lider, con un sonido que envuelve y da densidad al saxofón. Dos horas y pico que vuelan. Nos embauca a todos. Mis compañeros de fila llevan el ritmo con el pie, golpean con la espalda los sillones, menean la cabeza o estiran el cuello. Es apasionante sentirse unidos en este éxtasis de sonidos. Setenta y ocho años -leo en el programa de mano- y nos está haciendo mover a todos. Al terminar, tras haber cantado un blues y haber hecho mil diabluras con el saxo, se parodia a sí mismo e imita que corre. No puede. No sé como está dos horas de pie. Es una lección de profesionalidad, de constancia, de preparación (muchas horas diarias).
Tras esas gafas oscuras que hoy lleva está el hombre que hace dos años perdió a la compañera de su vida (Lucille), tras haber perdido a tantos y tantos compañeros de trabajo y amigos. Cumplir muchos años es irse quedando solo. Y ese hombre ha tirado para delante. Vuelve como gran maestro a viajar por el mundo, en una gira que nos muestra al último gigante del jazz vivo. Sonny Rollins. Un hombre sin edad, más allá del tiempo, que ha vencido al tiempo y se ríe de todo jugando con su saxofón, con la humildad y sencillez de cualquier principiante. Con el puntillo de demostrar que su edad no significa más que una cifra. En busca de ese sonido con el que sigue soñando y que suelta y atrapa de nuevo. Le dejamos ir (silenciamos las palmas para evitarle una segunda salida). Todos somos conscientes de que ha sido un gran esfuerzo y un gran concierto. Es suficiente. Sale con el puño en alto, feliz de haber tocado bien. Genial Sonny Rollins: en esa constante ilusión de cada noche está el secreto. Bien por usted, maestro.
Abandonamos satisfechos el teatro y nos perdemos entre las calles de Sevilla buscando un lugar donde comentarlo.

Friday, November 16, 2007

TIEMPO LENTO: DEBILIDAD

Hay momentos en que todo parece que se frena y se remansa. Está uno sin ganas. Se ha quedado vacío. Produce poco. Hace pocas cosas. No pone apenas empeño en nada. Deja que pase el rato sin más. Relajadamente, sin agobio ni angustia. Simplemente dejándose estar, dejándose vivir.

En ese tiempo de reflujo, alguien me recuerda la parábola del sembrador. Él siembra y luego se va a dormir. Y al día siguiente se levanta. Y pasan muchas semanas...Y él está tranquilo, aunque no hace nada. Sabe que la tierra tiene su propia fuerza para hacer crecer la semilla. No se le pasa por la cabeza que dependa de él lo que en la tierra va sucediendo. El poder está ahí y está a nuestro favor, pero no es nuestro. Es de la vida, lenta y poderosa, que va cumpliendo su tarea. Y nos hace llegar a todos -tarde o temprano, por más o menos meandros- al conocimiento, al amor, a la plenitud, a la paz, a la belleza.

Cuando uno consigue algo, cuando llega el fruto, es el momento de la humildad: no es tuyo el fruto que recoges, es obra de la buena semilla y de la tierra. No puedes apropiarte de ese poder. No es tuyo. Tú has sido el instrumento útil, a través del cual la vida ha producido esa riqueza.

Siempre, siempre, la cosecha es un don gratuito, un don amoroso de la vida. Un regalo, sin proporción a nuestras fuerzas. Lo que cuajó y se cumplió (un libro, un alumno, un amigo), no lo conseguíste tú. Lo que no prosperó (un libro, un alumno, un amigo), tampoco fue tu culpa. Has puesto tu parte y luego te has retirado a descansar. Y está bien.

Las cosas son como deben ser. Estamos los que teníamos que estar. Por más que breguemos, lo principal no lo ponemos nosotros. Las cosas llegan a su momento. No cuando tú crees que era tiempo. El maestro llega cuando el alumno está preparado. Cuando ha deseado sin tregua que llegase...Aunque el maestro es un indicador: lo principal nadie puede enseñarlo, porque sólo puede aprenderlo uno cuando llega su tiempo. El que necesite. El suyo. Todo lo que antecede -las pruebas, los fracasos- no es baldío, por tanto, sino preparación, vaciamiento. Todo tiene un sentido. Uno está donde está, pero a la vez, está en el camino. Permanecer en él es suficiente. El camino te lleva, cuando lo has elegido.

Cuando vuelva la marea, la actividad, el reto, la acción...será otro tiempo. Un tiempo diferente. Intenso y fuerte. Pero este tiempo vacío también trae un regalo: la paz, el desprendimiento. Alguien me dijo que buscaba su debilidad, porque se sentía en exceso poderosa. Y ese sentimiento es, a la vez, una forma de devolver su poder a la vida, que es la que sabiamente nos lleva. Y es la que -a través de cada uno de nosotros- generosamente brinda los dones y realiza los milagros.

Tuesday, November 13, 2007

LA TOXINA DEL MIEDO


Sonoma. California. Una pequeña ciudad, típicamente americana. Con construcciones antiguas (allí lo antiguo es de mil ochocientos setenta), que se conservan primorosamente, con sus estancias y patios adaptados como modernas terrazas, donde tomarse tranquilamente una cerveza. Como siempre, para conocer un lugar, conviene saber qué consumen. En el supermarket, la sorpresa me la depara la sección de alimentación. Maravillosa, fotogénica, la sección de frutas y verduras. Una gran extensión, en su mayor parte de productos calificados de "orgánicos". Aquí, en España, la agricultura ecológica sigue en un ridículo porcentaje del uno por ciento de ventas.
A la vuelta me han llevado a visitar un olivar en Córdoba. Allí grandes olivos, colmados de fruto. Y grandes distancias entre ellos. Donde tienen menos espacio, producen menos. La tierra no es tonta. Esto, me dicen, es para quitarlo todo y poner riego por goteo. Hoy el futuro, me dicen, es el olivar superintensivo. Crecimiento vertiginoso. Enorme producción. Vida corta, diez años. Los olivos viven apretados unos junto a otros, son olivos enanos.
Y recuerdo ese maravilloso Jardín japonés en el Golden Gate Park. Qué bonito, dije. Pero ella me recordó el sufrimiento de estos pequeños árboles enanos. Podados a diario. Aplastados con pesos para que no crezcan. Árboles martirizados. Sufrimiento que me era totalmente ajeno. Bastaba la belleza. El resultado. Un bosque disponible para el disfrute del ojo humano, en la reducida extensión de un patio. Pero para ello se había tenido que retener el crecimiento de las plantas (qué distinto ese jardín al cercano bosque de secuoyas centenarias, erguidas decenas de metros por encima de la altura del hombre: qué orgullo el del hombre sometiendo a esos gigantes a ridículas miniaturas).
Y ese sufrimiento, más cercano, de los animales, de los pollos sin espacio para vivir, despojados de movimientos, alimentados por una máquina, sin ver el sol, sin vida familiar (suena decirlo hasta ridículo, pero ¿por qué?). Y esos traslados en camiones, los cerdos, hacinados, haciéndose encima sus necesidades. Ese miedo de los animales que comemos. Comemos miedo, con su carne. Ellos, grandes sacrificados, en sus pequeñas vidas, en su derecho (algunos creen que es ridículo hablar de derechos de los animales, pero ¿por qué?), derecho a una dignidad propia de todo lo que tiene vida. Perdonadme árboles, hasta ahora no os incluía en el dolor. Gracias Ana por abrirme los ojos.
La toxima del miedo que se nos mete en el cuerpo al comer esa vida sufriente. Esa toxina que nos enferma con el estrés inoculado por nosotros en la naturaleza.
Aumenta la rentabilidad: menos espacio, más unidades, mayor producción. Vida más corta, vida estresada, vida en el miedo. Esa rentabilidad ¿es humana? Esa toxina que comemos ¿no nos cuesta un precio añadido?
No a eso. Es negarse a ese tipo de consumo. Y en esto, los americanos, esos "tontos sin historia", están por delante. En sus supermercados se paga el coste marginal necesario para que ese animal, esa planta, puedan disfrutar de sus días. Puedan, con todas las comillas que queramos ponerle a la frase, "ser felices". Y puedan darnos esa felicidad. Que al comerlos incorporemos parte de ese legado de vidas plenas, para nuestra propia plenitud que estará, sin duda, en compartir nuestros derechos con todas las criaturas, grandes y pequeñas, que nos acompañan, y que se nos dan. Y -como pedía Jalil Gibrán, el poeta libanés- que al comernos esos frutos de la vida no nos olvidemos de darles las gracias por eso que nos dan, esa energía de vida. Energía sin toxinas. Cultivos naturales, que den su espacio a los animales y a las plantas. Ganadería y agricultura orgánicas, ecológicas. Todos podemos, en lo que esté de nuestra parte, pedir otras condiciones de vida, de muerte, de crianza, de transporte, para los animales y todos los seres vivos.

Monday, November 05, 2007

EL REGRESO

Como dijo Olvido, "el regreso es el verdadero viaje". Nos vamos quizás para volver. Y volver con un amuleto, una prueba del otro lado. ¿Qué amuleto encontré? "Las puertas del pasado" (ese lugar junto a un templo circular, frente a una superficie de agua) que es una de las claves del vértigo. Éste es miedo y a la vez fijación en algo, deseo y temor a lo que se desea. Hay algo de lo cual no podemos apartar la vista, algo que nos atrae profundamente pero que nos causa pavor. En esa tensión, la mirada queda cautiva y uno se siente paralizado, sin libertad ni poder para seguir adelante.
Las puertas del pasado están abiertas. Y el pasado se vuelve a presentar como un lugar al que volver. Una puerta que quiere ser abierta una y otra vez. Algo que nos engulle, negándonos la posibilidad de comenzar de nuevo.
"El cementerio de Misión Dolores". Es la otra clave. Un lugar de tumbas, un lugar de paz y de belleza. La tierra de los muertos es un lugar lleno de flores, que crecen de esa tierra, un lugar donde quedarse, como si una tumba abierta nos atrajera, nos llamase a desansar allí...La tumba de uno, la muerte de uno. Esa adivinanza que es el bosque de las secuoyas sempervivas. Árboles milenarios que convierten la vida humana en una dimensión minúscula entre dos eternidades de vacío, como la temblorosa línea dibujada en el tronco de un arbol, en medio de un bosque que nos engulle.
La tumba, agujero negro, sexo femenino, que atrae y a la vez aterroriza. Torre a cuya cima no podemos llegar. Pasillo con fragmentos de espejos rotos, que de seguirse andando, conducirá de cierto a un punto sin retorno. Parálisis del miedo.
La imposibilidad de regresar es el gran miedo. Perder el vuelo de vuelta. Quedarse para siempre deambulando por los pasillos de un enorme aeropuerto. Pero el regreso (el presente) es el verdadero viaje. Ir a nuestro pasado y volver. Liberarnos. Cerrar esas puertas. Cruzar ese puente hacia el otro lado. Ese puente hecho de treinta mil cables de acero. Rígido, pero capaz de sostener la pasarela. Ese cable, del que hemos ido tendiendo los tirantes de un puente al otro lado. A la luz de Sausalito. A las casas lacustres, a la libertad de nuestro mayores, los hippyes, que creyeron en tantas cosas olvidadas, y que hoy recalan allí todavía, con sus barbas amarillas, con su vestimenta informal, con sus flores, con la su sencilla belleza, como un recordatorio de los anhelos de tantos que vivieron su juventud como una proclamación de derechos del ser humano. Los últimos románticos. Su testimonio. Lo que fuimos aquél verano de 1.967. El legado de esos jóvenes universales. El futuro está en el pasado quizás.
Hemos ido a Castro, donde el sexo se siente liberado de tabúes, pero siento que por el camino se ha perdido algo importante. El sexo era emblema de libertad, pero al final la libertad se ha devaluado, se ha quedado en pura imagen. Ahora la homosexualidad es un estatus vinculado a un cierto nivel de vida, a una capacidad de gasto, a una estética. Algo excesivamente inmediato e impulsivo, primario y vacío. No era eso. No se trataba de liberar los sentidos sino también la mente, no se trataba de crear un nuevo ghetto, otra bolsa de consumidores. Era algo más. La conquista ha sido también una rendición.
Vuelvo del pasado al presente. Y en el viaje de vuelta, "Hairspray", un musical sobre los sesenta, que recrea aquellos años en que era posible la juventud, esas rupturas que hoy nos parecen inofensivas y pueriles. Y sin embargo, esos jóvenes con su pacifismo, su integración racial, su hedonismo, su rock and roll, hicieron historia. El regreso es el verdadero viaje.

Thursday, October 25, 2007

KIM NOVAK, REVIVIDA



¿Qué me lleva allí? A esa bahía donde él la salvó de la muerte. A esa mujer que acostó por la noche en su cama. La que se paseó semi desnuda por el apartamento, a la luz artificial de la noche. La mujer misteriosa, a la que perseguía incesantemente por las calles, como en un trance sonámbulo, para nunca encontrarla del todo, nunca suya, siempre lejana, siempre misterio sin respuesta. Aquella que volvería de entre los muertos, ya entregada a él. Ya vencida, venida desde dentro de sí mismo, como una creación de su mente.


Marcho allí. Cruzo el Océano en busca de esos lugares donde el deseo pueda encontrarla al fin. Voy para salvar de las aguas mi pasión. Para rescatar del fondo las ganas de vivir. Recuperar, de entre la multitud de los muertos, la vida milagrosa del que ama. El vértigo del abismo, al que me asomo, en ese escote de mis miedos, como un bucle de pelo, mirando a los ojos de una nueva Kim Novak que, revivida para mí, me acompaña en este viaje, distante y fría, inalcanzable, pero que me mira como un naúfrago o como una suicida que se ahoga, para que la rescate a la vida, y así ella me rescate de la muerte. No sé a qué voy allí, ni a qué va ella. Nadie sabe qué le regalan los viajes. Allí está la ciudad de mi nombre. Allí me espera algo, algo que quizás acabe por entregárseme, algo que pueda traerme cuando vuelva, ya mío, para seguir -con vida- en la vida. Adiós, deseadme suerte.


Sunday, October 21, 2007

ABRAZARSE

Iba a por el coche, después de la comida, para volver a casa. He pasado por delante del Hotel. Había mucha gente con sus maletas, llegándose a los autobuses ya, para regresar del fin de semana. Hoy hay turistas en la playa todavía, con este calor tardío, disfrutando del sol en pleno otoño. Al pasar entre toda esa gente he reconocido las caras y los movimientos peculiares de las personas con retraso. Había allí sindromes de Down, bulliciosos, riéndose con sus compañeros. De pronto uno mayor, grandote y pesado, ha salido corriendo al encuentro de un señor que le ha llamado por su nombre. "Papá, papá...". Y se han abrazado los dos grandullones, con un abrazo apretado y fuerte, acompasado en un baile de cuerpos y palmadas, el padre riendo con los ojos, feliz, abarcando al hijo con sus brazos mientras éste, cobijado en su pecho, se agarraba más a él. Yo me he quedado allí parado, en medio de la calle, mirándoles abrazarse en ese abrazo que continuaba y no soltaban, y emocionado con la emoción de ellos, con la pura felicidad de ese encuentro (después -quizás- de unos días sin verse, de uno días difíciles de no estar juntos). Ha sido un momento bonito y tierno. Yo sonreía y respiraba hondo.
Pero había también, en mí, una sombra de tristeza. Porque conozco ese profundo deseo del padre de proteger al hijo más débil, ese deseo de no separarse nunca, de no faltarle, de no dejarle solo. Y en el abrazo, al aferrarnos al ser querido, hay un trasfondo de impotencia y frustración (pues aunque lo desearíamos, sabemos que nadie puede proteger a otro de su destino).
Por la mañana había leído que la mujer de Mario Conde murió cogida de su mano, y que él ha dicho que hasta ahora no ha sabido lo que era de verdad el dolor (a pesar de lo mucho ya sufrido).
Agarrarse de las manos y abrazarse...

Friday, October 19, 2007

NO HAY OTRA VIDA

Esta noche volvió a meterse en mi cama. Era ella con su risa abierta y su alegría de entonces. Yo me decía (en el propio sueño): "has vuelto ¿no es la mayor felicidad?".
Alguien me dijo: "no vuelve nadie a la vida". No lo entendía. Sí. Hay -puede haber- algo después de la vida. Pero ésta es la única vez que estamos aquí. No vamos a volver. Este gusto de la brisa, este placer de dar la vuelta en la cama y seguir la siesta, estos cielos. Ya algunas cosas se han perdido. Personas que ya se fueron. Lugares que fueron cambiando sin nosotros. No volveremos. "Si tienes bicicletas, móntalas". Esto es un breve suspiro. Y no tiene que ver la fe. Puedes creer en otra vida, pero ésta es tu única vida en la Tierra. En la querida Tierra, en la contradictoria compañía humana.
Pero en el sueño, o en la eternidad de un momento, a veces puede uno escapar del tiempo y su lógica.

Monday, October 15, 2007

PAPELES

El fin de semana volví a Sevilla. Paseando en una mañana preciosa, con la temperatura justa, templada del otoño, tomando en buena compañía unas copitas de manzanilla y un buen tapeo por el centro, llegamos a un bar que no había visitado antes. Me suelo quedar mirando el ajetreo detrás de una barra. Cuando aquello funciona es como una máquinaria bien engrasada, desplegando una actividad eficiente, comandas bien servidas, coordinación en los movimientos de unos y otros, trabajo agradable, buen ambiente, buenas caras, rapidez. El cliente disfruta viendo esto. Pero en ese bar nuevo, donde todo funcionaba, me llamó la atención algo. Uno de los camareros claramente sobreactuaba. Desplegaba su relación personal de tú a tú con su clientela, un trato hecho de desparpajo y risas. El gracioso. Pero una gracia que -bien lo sentía yo- no era su natural. Percibí un agotamiento al fondo de ese actuar gesticulante y exagerado. El agotamiento que es desempeñar cada día el papel que uno se inventó un día para ganar la atención de los demás. Era el único esclavo de su papel. Los demás se movían naturalmente, sin desidia pero sin empeño. Él, el popular, el reído, el desenvuelto...gastaba su vida en ese empeño de no ser uno más.
Al salir pensaba cuál es el papel que me está quedando estrecho. Y leía en "Exploradores del abismo" a Vila-Matas, que un día -tras un colapso físico- él se sintió ajeno al escritor conocido que era. "Desde entonces, soy alguien que necesita de las leves discordancias con el antiguo inquilino de su cuerpo, discrepar con él ligera y sutilmente y, siempre que pueda, a modo de redundancia jocosa, hacerle perder peso en sus razonamientos". Demasiado peso. Ese era el papel que le quedaba estrecho para su futuro. "El parecía haber llegado a un callejón sin salida, a un abismo final y a los límites de la literatura, y yo en cambio, sin tanto dramatismo, me siento ya simplemente fuera de aquí y he optado por dar un paso más y asomar mi mirada a otros espacios, convertirme en un explorador de ese famoso abismo, que parecía cerrarle todas las salidas". Ese abismo: la necesidad diaria de seguir adelante, y seguir aunque sea a fuerza de nuestra negativa a avanzar, como dijo Pasavento.
Es lo que pasa a alguien en un blog. Pasa un año sin escribir, y al volver encuentra esperándole a los mismos lectores. El sueño de ser otro, de renacer convertido en alguien totalmente diferente, es vano: Vila-Matas es ya un producto de sus lectores.

Thursday, October 11, 2007

SENTIR

"Paladear". De repente está hablándote alguien interesante. Alguien que te cuenta cómo hace quince años repitió el viaje de Colón, con tres carabelas, al mando de treinta y nueve hombres; que te explica el arte de la cartografía en Italia, los alisios y contraalísios, por qué Americo Vespucio aunque era italiano llevaba veinticinco años viviendo en España, dirigiendo los embarques en el puerto de Indias, cómo pudo encontrar Colón su ruta, cómo la tecnología de los viajes marinos era distinta en el Mediterráneo y el Atántico (Enrique el Navegante), cómo la autonomía de un periplo marino era de treinta y cinco días, como máximo, porqué las muertes, el hacinamiento en las bodegas de aquellas embarcaciones, con doscientos jinetes y sus caballos, cómo se contaban cada día dos o tres cadáveres arrojados al mar. Alguién -frente a tí, que no conoces- vestido con el uniforme de gala de la Armada (blanco impoluto, lleno de condecoraciones, una cruz al cuello), un navegante alto, de barba entrecana, seco de carnes, que te transmite con su gesto, con los ojos, el placer de la aventura, la ciencia de la navegación, la historia de los descubrimientos..."Paladear". Estar ahí. Presente y sin prisa, disfrutando ese encuentro casual, ese momento regalado por el azar, en un acto institucional en el que uno no esperaba sino encuentros formales. Sentir que la velocidad puede desaparecer, que podemos dejar de mirar el reloj, dejar de mirar a los lados buscando el siguiente interlocutor, dejar de preguntarnos qué hago yo aqúí, qué sentido tiene esto. Convertir el tiempo en algo propio, en algo que puedo vivir como quiero, cuando quiero. En algo mío, quieto, detenido.