Monday, November 29, 2010

CALLAR JUNTOS



Es bello callar juntos,
pero más bello aun reír juntos...,
bajo el manto sedoso del cielo,
apoyados en el musgo de un haya,
reír entre amigos, con cordiales carcajadas
que dejen ver los blancos dientes.
Si obré bien, nos callaremos;
si obré mal... nos reiremos,
hasta que bajemos a la tumba.
Sí, amigos, ¿a qué debe ser así? ¡Amén y hasta la vista!
¡Nada de excusas ni perdones!
Ustedes, los alegres,
¡presten libremente corazones,
oídos y cobijo a este libro lleno de sinrazón!
¡Créanme amigos, mi sinrazón no es fruto de una maldición!
Lo que yo descubro y lo que busco
¿se halló alguna vez en un libro?
¡Honren en mí a la estirpe de los locos!
¡Aprendan de este libro loco
cómo la razón vuelve a entrar... "en razón"!
Sí, amigos, ¿a qué debe ser así? ¡Amén y hasta la vista!

"Entre amigos"
Nietzsche

Me vino a la cabeza ayer esta frase "es bello callar juntos" que leí hace años en un poema de Nietzsche, mientras miraba a la pantalla del ordenador, queriendo actualizar el blog y sin que se me ocurriera nada qué decir. Pensé que si no tenía nada que decir, podía callar junto a los otros. Busqué el poema en la red y me trajo la sorpresa de esa alegre propuesta del filósofo: es mejor reir. Es mejor la vida que las palabras. Sobre todo: mejor el silencio que el parloteo. Pienso en los que escribimos y nos leemos. A veces, nos quedamos en silencio, pero ahí estamos (como algunos amigos a los que no vemos durante un tiempo). Entonces, no es necesario hablar por hablar, puede uno permanecer en silencio mucho tiempo, porque también es bello sentirnos juntos cuando callamos.

Llevo tiempo haciendo la autocrítica de este blog, muchas veces introvertido y refugio de nostalgias. "Una ventana, acaso una puerta", fue y ha vuelto a ser su lema. En estos tiempos quizás haya que mirar afuera y salir a la calle, para ver lo que está pasando, para protestar y arrimar el hombro. No es bueno quedarse como un caracol, metido dentro de su concha. No es bueno mirarse permanentemente al espejo o acomodarse uno en su nicho hasta que escampe. Con lo que está cayendo...sería bello volver a recuperar la calle, la política, la actualidad, la batalla de cada día. El intimismo no puede convertirse en soliloquio autocomplaciente, no puede ser un parapeto para evitar el compromiso. Hablar no puede servir para diferir la acción. Para ocultar la confusión y el miedo. Es bello callar juntos, entonces. Pero es más bello enfrentarse juntos a lo que destruye la alegría.

Wednesday, November 24, 2010

LO MEJOR DE LA VIDA



Algo tan sencillo como tomar juntos un refresco.

Monday, November 15, 2010

Y EN PAMPLONA, PACO DE LUCÍA



El Sur vino conmigo. Ese sol y la buena temperatura. Y la sorpresa de Paco de Lucía, en concierto, en el Pabellón Anaitasuna. Allí que fuimos, para encontrarnos con el entusiasmo de los pamploneses, mayores y jóvenes, arrebatados por el ritmo, entusiasmados con este poeta de la guitarra. Antonio Serrano tocando la armónica en un estilo de jazz fusionado bien con el flamenco. Esa caja de ritmo. Y los cantaores y Farruco al baile. Aquí, en Pamplona, el Norte se entregaba al Sur y yo embelesado en ese fluir de dos mundos comunicándose, comulgando con música y arte. Y al día siguiente, el día norteño, montañés, lluvioso, neblinoso, subiendo a Almandoz para comer en Beola, con Ana que -rubia- tanto me recuerda a Caterine Deneuve. El encuentro en el Baztán (tras la ascensión del puerto de Velate, los árboles animados como gigantes de mi infancia). Aqui ya es allí y allí aqui. Un milagro ha abolido las distancias. El milagro de Paco de Lucía y lo universal. Porque -leo ese mismo día en el diario que me presenta el azar en la cafetería del hotel- el universo es psicofísico: uno sueña con un pájaro y por la mañana el pájaro entra por la ventana. No hay separación. Y también leo (todas las noticias hoy -día de mi vuelta- son mensajes cifrados) que la realidad es algo que nos inventamos y por tanto algo que podemos cambiar. Porque la realidad es en un 99 por ciento vacío, un relato que nos contamos, un cuento, del que somos autores y protagonistas, mediante el cual ponemos un orden al caos. Y hoy ha cambiado mi cuento. Ahora me estoy contando una historia amable, cariñosa, una historia indulgente con ese pasado que odié, ese pasado en que no era capaz de decir lo que deseaba decir, en que hacía lo contrario de lo que quería, en que todos eran hostiles, los mismos que hoy me atienden con cariño: en este nuevo cuento que me cuento todo empieza a ser distinto, desde el color de tu pelo, hasta esa cercanía de ahora que antes se mezclaba de azoramiento y timidez. El Sur ha vuelto conmigo a conquistar este Norte ya no tan frío, acogedor ahora, limpio, nuevo, mío. Y no hay nada que explicar: el fenómeno mismo es la teoría (dijo Goethe, como recuerda Siruela en la entrevista de la Vanguardia). Y lo demás, las interpretaciones, más o menos acertadas, no interesa. El fenómeno -inexplicable- es que Paco de Lucía toco ese día y que al día siguiente, el Sevilla jugaba en Zaragoza y fui, sin haberlo sabido, un sevillano más en la Plaza del Pilar, entre la algarabía de la victoria. El fenómeno son estos sentimientos del Sur en mi tierra: lo demás son teorías. El fenómeno es este cante de alegrías gaditano, disfrutado junto con mis paisanos.

Thursday, November 11, 2010

TERRITORIO MODIANO



La prueba de que soy tonto es que nunca me pregunté dónde estaba el pozo. Ni siquiera se me ocurrió que hubiera un pozo, aunque mi calle se llamase "Pozoblanco". Pozoblanco, doce primero, teléfono nueve cuatro ocho, dos tres, siete cero, ocho cuatro. Era el número que escribía en todos mis libros de texto, por si se perdieran.
Ahora, leyendo a Patrick Modiano, creo que uno siempre vuelve al pasado, porque de alguna forma quiere saber quién es. Y en el pasado piensa que puede encontrar una clave, algo que dé una explicación a las cosas. A su desasosiego.
Ahora, cuando he vuelto, ahí esta el pozo (que no estaba). La calle ha dejado de tener un nombre mágico. Prolongación de la calle Comedias. Allí quedé con Cristina, en el bar Noé (cuando los dos éramos sólo un sueño del otro). Mi calle. Desde el balcón veía las escalerillas de la Plaza del Castillo, donde el ciego vendía lotería. Azapatería Amorena. Lanas Phildar. Panadería Taberna. Charcutería Itarte. El pasadizo de la Jacoba. Y la calle Zapatería. Allí mis amigos de Casa Arilla, instrumentos musicales. Allí, Tejidos Martín. Allí, pastillas de café y leche "Las dos cafeteras".
La ciudad nos expulsa. La ciudad es un ser vivo que cambia y nunca podemos volver a ella. "Nostalgia". Sí, porque etimológicamente es "el dolor del regreso", el dolor de no poder regresar. El deseo de regresar que nunca se podrá cumplir. Porque no hay marcha atrás. "¿Qué tal se siente uno instalado en la melancolía?". Como siempre, todo lo que le decía Bram Stocker era realmente importante. Su pregunta era "la pregunta". Gracias por sentirte tan cerca, quienquiera que seas. Este es uno de los milagros de esta página (para mí). La cercanía de ese alma.
Y leyendo a Patrick Modiano, y escuchando el otro día a Ignacio F. Garmendia en el taller enésimo al que me apunto, hablando sobre su libro "La calle de las Tiendas Oscuras", me he sentido muy metido en el mundo de este escritor francés. Porque busca algo, desde el desasosiego permanente, busca algo en la tensión de no quererlo encontrar. Algo que sucedió en una ciudad -para mí fue Pamplona, para él París- donde se desarrolló su infancia. Cosas que no entendía cuando era niño. Gente entrando y saliendo en la casa. Risas, a veces discusiones o llanto. Un niño no entiende. Su padre era tratante de antigüedades, su madre actriz. Frecuentaban la casa personajes extraños. Gente oscura. Era un tiempo oscuro, en el que las cosas no se explicaban, en que él era apartado de las conversaciones de los mayores. No era posible captar las claves, lo que de verdad había sucedido. Y luego, toda la vida, el protagonista de las novelas de Patrick Modiano lucha entre ese querer saber, y temer si no será mejor ignorar. O si, a la postre, dará quizás igual lo que pasó, lo que de verdad sucedió. Porque el pasado solemos inventarlo, recrearlo, transfigurarlo.
"Anagnólisis". Otra palabra griega que expresa ese mismo deseo de investigar, para descubrir en el pasado la trascendencia que tuvieron determinados hechos, cuyo valor para nuestra vida en su momento no supimos reconocer.
No podré volver a la ciudad que fue mi raíz. Ni siquiera la ciudad. Porque mi raíz eran las tiendas de mi calle, de mi barrio: Leoz, el estanco, Peletería Rome, Librería Gómez...esos lugares que ya van faltando, que ya veo cerrados y en traspaso, como la última vez, casa Arilla. Con cada uno de esos cierres, de esos derribos, la ciudad te expulsa, te priva de algo muy tuyo, muy personal, algo de tu vida. Y -como Modiano- ya sólo cabe escribir esos nombres de calles, esas listas de establecimientos, de comercios que fueron y ya no son. Lugares donde nuestra madre compraba los pasteles o el helado dos gustos de Camy, donde leímos nuestros primeros tebeos, donde ponían ese croisant o esa tostada de nata, donde vendían esos churros...lugares que en vano intentamos encontrar cada vez que volvemos a la ciudad, porque ya no existen, porque ya forman parte del pasado, como las sombras que nosotros fuimos, mientras transcurrimos por la vida de la ciudad. Esa ciudad que siguió su vida sin nosotros y que ya no nos reconoce como suyos.
Voy allí mañana pero no vuelvo a mi Pamplona. No se vuelve. Espero encontrarme estos días con personas que dejarán de ser fantasmas de mi memoria (es el aniversario de mi promoción). Personas que serán diferentes de como fueron cuando les conocí, como yo soy distinto. Peinando canas. Irreconocibles, salvo esa inocencia que queda en lo profundo de cada cual y que quizás asome en un abrazo que intente agarrar lo que no puede aprehenderse. Desconocidos que compartiremos lo que un día vivimos juntos y que hoy solo es memoria que va perdiéndose. Con la suave sonrisa que dan los años.
Definitivamente no soy Modiano. Modiano consigue siempre evitar el patetismo.

Monday, November 01, 2010

VÉRTIGO



"- Me entra...me entra vértigo cada vez que me topo con la entrada de la calle Germain-Pilon...Me entran...me entran ganas de bajar por ella...no puedo evitarlo...
- ¿Y por qué no lo hace?
- Porque...esa calle de Germain-Pilon...Había antes...Había un sitio...
Se interrumpió.
- Bah...-me dijo con sonrisa evasiva-. Es una estupidez mía...Montmartre ha cambiado tanto...Sería algo demasiado largo de explicar...Usted no conoció el Montmartre de antes...
¿Y él qué sabía? "

Patrick Modiano. "Calle de las Tiendas Oscuras"

A veces se sentía como al borde de un abismo. Había leído que el futuro no es importante, que lo único que importa es el pasado. El pasado es lo que tejemos y destejemos. Porque el pasado contínuamente se está borrando, como si estuviera hecho de arena. Y ya no recordamos quiénes éramos, ni qué aspecto tenía esa persona que cruzó por nuestra vida una vez, cómo sonaba su voz, a qué olía en aquella escalera. El abismo de la desaparición.

(Foto de Emi Medeiros)

Sunday, October 31, 2010

UN DOMINGO SIN LUNES



Ha pasado algo. Era un domingo diferente. Un domingo sin lunes. Un domingo que, por una vez, parecía no escaparse entre las manos, parecía humano y amable. Pero ha llegado luego este lunes raro, convertido en un siniestro domingo duplicado...y mi encuentro nocturno de ayer con el hombre invisible por las calles sevillanas, esa mezcla de risa y miedo...se ha convertido en la premonición de una realidad impensable que ha hecho volver el recuerdo olvidado de ese otro hombre invisible de mi infancia.

Wednesday, October 27, 2010

UNA ANTIGUA FOTOGRAFÍA



Las fotografías amarillean. Pierden el color. Pierden nitidez. Luego se pierden o se olvidan. Pero el tiempo retenido ahí, en ese papel ¿dónde fue? Diana era ese ser único que es en esa fotografía juvenil. Fresca. Congelada. Muerta.

Thursday, October 21, 2010

SALANDER



Alguien que no cree en el amor. Un vida demasiado dura. Alguien que sabe protegerse. Que tiene a su disposición toda la fuerza necesaria para utilizarla cuando se siente en peligro. Dueña de su fuerza, pero enajenada de su ternura. Nunca baja la guardia. Y sin embargo…

No había leído la novela, alguien me la quitó de las manos en casa cuando apenas la habìa empezado. Seguro que es mucho mejor el libro. Pero la película me ha enganchado. Sobre todo, por una vez, hace mucho tiempo, el amor no es aquí prosaico deseo físico. No es tan fácil en la realidad. Al revés. No te lo explicas normalmente qué pasó. Surge. Aparece. Es algo contradictorio. Mezcla de sentimientos que se confunden. Amistad. Admiración. Instinto protector. Soledad. Camaradería. Y Salander es capaz de obedecer esas instrucciones confusas de su alma machacada. Aún sin entender que le atrae de ese tipo. Porqué ella, lesbiana según creía, se ve atraída por ese hombre. Sin dar ni pedir explicaciones. Sin preámbulos de romanticismo.

Mikael Blomkvist tiene, a su vez, algo envidiable: se le presesnta un parón en su vida. Durante seis meses será completamente libre. Podrá dedicarse a pensar las cosas. A parar el reloj, hacer deporte. Podrá dedicar su tiempo a algo que le absorbe.

Y ¿qué es lo que despierta el interés de Lisbeth Salander en este hombre? Le cautiva –creo yo- su honestidad. También quizás el hecho de haber caído, como ella misma, en una trampa. Su vulnerabilidad. Luego, cuando decide acostarse con él, Mikael es capaz de preguntarle si está segura de que quiere hacerlo, es capaz de pensar en ella incluso en ese momento. Nunca la agobia: simplemente le dice lo que siente: me gustaría dormir a tu lado. Quizás es el primer hombre en su vida que ha pedido disculpas por algo (no recuerda por qué). Quizás por primera vez en su vida alguien siente que le ha podido hacer daño. Y le dice que no quiere hacerle daño.

Sunday, October 17, 2010

EL GIGANTE INDEFENSO



El escritor desaparece. La literatura no existe. No se interpone en la lectura. Nada es más importante que Emil. En Emil no hay nada que entender. No hay nada complicado. Se resiste a hacer las cosas, las hace un poco a la fuerza. Luego, le gusta. Se aficiona a lo que hace. Se aficiona a las rutinas. A las personas. Va encajando lo que la necesidad le impone. Los hechos van primero, pero él se acomoda. Y -como sin querer- lo hace siempre bien. Gana, vuelve a ganar. Se entrena. Nadie le obliga. No tiene entrenador. Él hace de entrenador consigo mismo -tampoco ha tenido un padre o una figura de autoridad en su vida- y se impone sus propios retos, inventa sus propias técnicas. Se excede -claro- se machaca. No se reserva fuerzas para el día de mañana. El sufrimiento, el dolor, es su escuela: cuando consiga vencerlo, podrá vencer a todos los que sucumben ante el dolor. Echenoz no se interpone en el relato de esa vida anodina, insustancial. Porque cualquiera puede ser un héroe como Emil. Basta hacer frente a lo que te toca, e intentar hacerlo bien. Tú no eliges. Las circunstancias te imponen una partitura que tienes que tocar. Y ahí es donde eliges cómo tocarla. Emil no sabe correr, corre mal, sin estilo, gesticulante, braceando, es angustioso verle correr en esa forma inconexa, deslabazada, agónica. Pero siempre gana. De forma incluso aburrida va ganando, sin contrapartidas, sin énfasis, modestamente, sin que cambie su vida de funcionario, de militar del ejército checo.



Luego, un día, empieza a declinar, empieza a perder. Lo hace con la misma naturalidad con que vencía, sin dar importancia a algo que es natural. Empieza la cuesta abajo, con treinta y seis años ya es viejo para los cinco mil, también va siéndolo para los diez mil. Acaba echando las potas en sus terceros Juegos Olímpicos. En Melbourne. Y sabe salirse de escena, con la misma indiferencia que entró. Es lo que toca. Sale con una victoria crepuscular, precisamente en España, en San Sebastián. Y se vuelve al anonimato. En su país, su aureola de héroe nacional le valdrá la depuración política cuando los rusos restablezcan el orden socialista. Sin ganas, como siempre, le habían arrancado palabras de apoyo a Dubcek. Y es degradado, vejado con destinos de carretillero, de barrendero. En todos ellos muestra la misma eficacia, la misma profesionalidad. Es su trabajo, como cuando corría. Es lo que ahora toca. Y se adapta a ello. Sin problemas firma la declaración en que asume sus errores, sus desviaciones de la ortodoxia. Qué más le da. Desde que los alemanes invadieron hacía cuarenta años su tierra siempre ha sabido sobrevivir, entre deportaciones, juicios políticos, delación y ahorcamientos. Él solo ha sido uno más, como todos, que quiso trabajar honradamente y sobrevivir. Un hombre que, por esos azares de la vida, fue mundialmente conocido y reconocido, pero que nunca dejó de ser un mandado, un tipo sumiso, un tipo que nunca quiso dar una nota más alta que otra. Y este Jean Echenoz, al escribir su historia, lo hace de una forma igualmente plana, entre la admiración y la perplejidad, ante este hombre común y a la vez gigantesco.

Friday, October 15, 2010

FALSETE



Cinco sentidos tenemos. ¿Cuál es el sentido de la memoria? Creo que el olfato tiene una gran capacidad de reminiscencia. Un olor de la infancia inmediatamente te transporta a la infancia. Pero también la música está asociada a un momento de nuestra vida. Esta canción, cantada a duo por alguién que va a morir (alguien con su peluca infame, su lujo infame e inútil) y una joven estrella emergente (recientemente triunfante en Sevilla), es una prueba de la historicidad de la música. Yo acunaba a mi hija pequeña con esta canción. Era el último corte del disco y mi hija solía caer (solía dormirse) con esta canción (cuarenta minutos de balanceo en brazos). Y yo -ya ella dormida- disfrutaba con esta canción, la última del disco. Disfrutaba sobre todo con esa libertad de Bono frente a Frank, libertad para ser Bono junto a Frank y no intentar parecerse a Frank, no tener miedo de hacer gallitos y sonar sucio, imperfecto, al lado del ídolo. Yo, con mi hija en brazos, a punto de dormirse, resistiéndose a dormir lo que se notaba en esos ojos que volvían a abrirse, esos ojos medio cerrados (porque quería vivir), esperando su sueño, esperaba también los gorjeos de Bono que me parecían maravillosos y que marcaban el momento en que ya mi hija se había dormido y podía llevarla a su cuna y yo era ya libre para poder prolongar un rato la velada y escuchar mi música. Esos gorjeos eran para mí lo mejor del disco, aunque a algunos el falsete les asqueara. Yo reconocia la maravillosa voz de Frank. Pero admiraba la personalidad de Bono, la imperfección de Bono, esa forma de arrastrar la voz, como alguien que vive sin ganas. Bono, que era capaz de ensuciar una canción clásica de Frank Sinatra. Y eso me hacía sentir capaz de ensuciar cualquier otra cosa perfecta, capaz de vivir arrastrando mi falta de ganas de vivir, como Bono cuando cantaba. Era lícito considerar maravilloso el falsete en este mundo. Uno puede dar un gallo de vez en cuando y mejorar las cosas. Frankie reconoció esa imperfección que él no practicaba. El falsete de Bono es lo mejor del dueto con Frank.

Saturday, October 09, 2010

JABIER MUGURUZA: LA ESENCIA VASCA



Lo he descubierto ahora. Primero me gustó su música. Este señor de edad madura ya,no guapo, presentándose sin artificio, tal cual. Me transmite transparencia, naturalidad ante uno mismo y los demás. Es lo que hay, sin trucos. Y su música, es una poesía de lo pausado. Lo que no tiene prisa en concluir y se demora plácidamente en la belleza. Luego, yo que pude saber vasco y no lo sé (aunque he comprado mi diccionario para poder traducir mis apellidos), siento una ternura tímida y callada -para mi una esencia de lo vasco- en esta letra. El hombre que nunca dice te quiero. Porque lo que se dice no tiene la fuerza de lo que se guarda oculto. Ese hombre que trabaja en altos hornos, duro, frío, pero que es un agricultor de corazón y asa pimientos rojos con su soldador. Maravillosa metáfora. Ese hombre cuya palabra asusta, ese hombre que es un hombre de gestos. Y durante años va pensando en construir un regalo para cuando su hija se vaya de la casa, poco a poco, sin que nadie se entere. Va construyendo en secreto algo que regalará un día a su hija, y que llevará todo el amor del mundo, sin tener que decir te quiero.

Saturday, October 02, 2010

PEREGRINO EN PAMPLONA



Con la mochila al hombro, entré peregrino a la ciudad donde nací. Pamplona. Desde Roncesvalles, pasando por delante de la Clínica San Francisco Javier, donde me parieron. Con la mochila al hombro y los bastones, tras atravesar los Hayedos de Zubiri, los robledales y los chopos. Comimos en La Servicial vinícola -donde tomaba yo mis vinos en los recreos del Instituto- y hubo en la sobremesa canciones de siempre, acompañadas con la guitarra y el acordeón, entre amigos nuevos y viejos. Cantamos a dos voces con el dueño de la tasca, entre copas de pacharán. Buena juerga... La noche nos dió en la Plaza del Castillo, resistiendo al sueño. En Puente la Reina había mercado de pimientos y ajos, maravillosas verduras, y luego, para comer unas pochas exquisitas. Fue al siguiente día quizás, cargado con la mochila, por tierras de Estella, cuando me enteré de la muerte de Labordeta. De inmediato me acorde de Marta y su libro, en cuya presentación alguien leyó las palabras que él no pudo decir, y que había escrito en el Hospital. Labordeta era amigo de mis amigos de Zaragoza, aunque no lo llegué a conocer. Pero estos días yo he vivido un poco como el Labordeta que conocimos todos por la tele, andando por los campos, en plena naturaleza, entrando en los pueblos, visitando las Iglesias, preguntando a las gentes, metidos en el puro presente del andar y de los dolores del andar, libres, como fuera del tiempo, alegres, compartiendo sudores y vinos y canciones. Una forma de vivir posible, la posibilidad de esa vida -pensé- que quizás Labordeta acertó a elegir. Una forma de vivir verdadera. Con una identidad, una voz. La suya. Entre los demás. Cantando su canción, con esa voz rajada, algo hosco de entrada, pero noble, cargando con pocas cosas, sólo lo justo, en la mochila. No entro en ideas ni en política. Pero el Camino me dice que la vida es esto, andar con los demás, "echar un pie para delante y luego otro", andar aunque duela. Ese dolor que -como me decía un amigo- es circular, va cambiando a cada rato (te duele el gemelo, luego la planta del pie, o los muslos, la ampolla del dedo pequeño...) y que te hace estar muy metido en tu cuerpo, muy consciente de que tú eres ese cuerpo que te lleva por los caminos de la vida, ese cuerpo al que das agua, alimentas y cuidas para que no te falle. Peregrino, con pocas cosas en la mochila, andando por los caminos, entre amigos nuevos y viejos, disfrutando de los frutos del camino (higos, almendras, uvas, moras, castañas...), del vino, de las canciones, del sol y de los cielos nublados.

Friday, September 17, 2010

CAMINO



Es la hora de la siesta. Dentro de unas pocas horas comenzamos el Camino de Santiago. Parto de cero. O menos cero. Quiero decir que estoy en ese nivel de angustia inherente a mi edad y mi condición. Al miedo que siento cada mañana, como tantos, caminando entre mendigos por las calles, gente que te aborda para pedirte dinero para un bocadillo, o gente que ya se resignó a no pedir y duemen en los jardines o deambulan descalzos, cubiertos de suciedad, ya apenas hombres, o entre sus bultos de basura, pesadamente acarreada de aquí para allá como sus únicas pertenecias. Ante el miedo que me producen estas gentes, esta sociedad que genera esta cantidad de dolor ¿qué buscar en el Camino Santo de los siglos pasados? Cuando la fe y la esperanza. Pero hoy...Ya no puedo coger el Evangelio entre las manos. Cojo, en mi vacío, el primer libro que pillo. Porque creo que debería pensar en algo durante estos días de andar y más andar. Debería ser un tiempo de penitencia, de replanteo de vida. Un tiempo hacia el noble silencio. Un tiempo convencido de saltar ya de todos los andamiajes conceptuales que nos tienen por encima de la realidad miserable que nos rodea. Y en tal caso, sin artificios, cojo el primer libro. Es el libro de la estantería, el que sobresale en la segunda columna (todo me da igual últimamente, amigos), y resulta ser de un premio Nobel. Para sentirme más cercano a él busco en Google la foto de su tumba, sus miserables restos después del engreimiento de hombre culto, de pensador. Y busco al azar frases subrayadas (cuando lo leí), frases que no recuerdo, que no significan nada para mí. Pongo el dedo en la página que sale, pidiendo a mi númen que me oriente: a dónde ir ahora. El geniecillo maligno que me tiene entretenido todos estos años con juegos y más juegos, hace que mi dedo se pare en estas frases:
- Siendo ya muy viejo, cambio de lenguaje y empezó de nuevo.
- Verdades a las que uno no se ha atrevido. Han quedado detenidas en una especie de antecámara del infierno.
- ¡A quién debemos resultar aceptables!
- Se paga mucho por la falsa pintura de la felicidad.
- Empieza de una vez a plantear las preguntas a las que nunca llegarás a responder. Lo has evitado durante demasiado tiempo.


Estas son las propuestas para este Camino. El azar me plantea este temario. Parece que hay que cambiar de lenguaje (de ideas) para afrontar el futuro. Que hay que responder cuestiones planteadas, pero evitadas, que hay algo falso en mi vida, que hay un miedo a ser rechazado, un miedo a enfrentarme, hay un lenguaje por encima que condena y limita, un lenguaje viejo...Vaya textos.

Y yo, asustado ante la dimensión del reto, pregunto de nuevo. Cierro el libro y abro por donde mi maestro me lleve...
...
...
"Un libro de anotaciones. El texto viene más tarde" Primero tú, tus notas, tus comentarios. Tú haces el texto. Tú únicamente, tienes el derecho a escribirlo, la responsabilidad de escribirlo.

Caminar. Quizás el camino quiera hablarme, si me pongo a escuchar. Estoy vacío y esa es la condición de toda creatividad. Vaciarse para llenarse. Desde la tumba torturada de Canetti, que escribió esas frases que hoy me hablan, emprendo el Camino.

Wednesday, September 01, 2010

LE MANOIR DU VAUMADEUC



Pero allí está el Manoir du Vaumadeuc. Allí debe hacer ya frío. Allí está el bosque rodeando la mansión. La frescura de esos árboles que tanto dinero cuesta mantener. Esa hilera de árboles, por donde salíamos a pasear cada mañana, por Plevén, el pueblecito cercano, saludando a los vecinos madrugadores. Ese fresquito de la mañana, abierta entre la profusión de flores que adornan y engalanan los pueblos de la Bretaña, con sus maceteros en las calles, flores y más flores, belleza de colores para la mañana. Allí estará su propietario. Un ingeniero que dejó la civilización, para civilizarse en el campo, en la belleza de esta casa, este lugar visitado por fantasmas encantadores, en el que ahora nos sirve el desayuno, como lo serviría un aristócrata a sus invitados, enrollándose con los españoles en nuestro idioma, que domina y ama, dándonos buenos consejos viajeros, usando con nosotros de esa cultura de los franceses, que es exquisita educación y a la vez desenfadado sentido del humor, finura de connaiseur. Un lugar mágico (a pesar de que no apareció el fantasma). El lago cercano, el jardín francés, con sus rosales y sus setos perfilados, su lugar para el cafe y el descanso. Un lugar para descansar y luego recordar, aquí, cuando el calor persiste y no quiere irse del todo. Aquí cuando todos vuelven a lo cotidiano. Bretaña, Normandía. Amor a la naturaleza. Bellas casas, bellos pueblos, magníficas ostras en sus puertos, lujuriosas almejas en caldo de cebolla. Allí estará y lo recuerdo ahora, el caserón del Manoir. Allí quedará nuestra despedida en el libro de visitas: nos ha quedado Rochefort. Tenemos que volver.

Tuesday, August 31, 2010

11 DE JULIO DE 2O11: TODO ES POSIBLE



Esto fue lo mejor en muchos años. Algo que parecía que nunca llegaría. Lo imposible realidad. Unanimidad de banderas y emociones. Sufrimiento, talento, equipo, humildad. Y un poquito de suerte. Y para coronar todo eso, el beso de un hombre a una mujer bella, pero sobre todo compañera, un beso lleno de ternura y cariño. El beso de un nuevo paradigma. Allí todo el mundo que compartimos ese momento, saltando y abrazándonos, hubieramos querido besar así, ser besados así. Valió la pena tanta frustración, tanto complejo de incapacidad, para llegar a este momento: todo es posible, todo está al alcance de la mano, todo llegará un día. Seremos bendecidos los que sufrimos, los que lloramos podremos reir, los que tuvimos vergüenza podremos sacar pecho. Somos los pupas, pero eso no es definitivo. Somos bajitos, pero podemos ganar a los alemanes. Somos brutos, pero podemos besar así.

PS. Puse 2011 y era 2010. Pero está bien y lo dejo. Cuando todo ha sido posible y se ha hecho realidad (Nadal, Formula I, Tour de Francia, Mundial de Baloncesto), es que todo es posible en el futuro. Todo será posible siempre (incluso el amor). España -y yo y tú- podemos conseguir lo que ahora no nos atrevemos a soñar (eso que tú estás pensando: pleno empleo, una sociedad más justa, menos asustada). Si mantenemos el fuego de la fe en nosotros mismos. Si -contra viento y marea- seguimos creyendo que somos los mejores.

Tuesday, August 24, 2010

BODHISATTVAS



Bodhisattvas, venid en nuestra ayuda.
Bodhisattvas, descended del nirvana y volved aquí.
Este mundo necesita vuestra luz.
Bodhisattvas, renunciad a la gloria eterna
y regresad junto a mí.

Sunday, August 22, 2010

ELECTRA ES SARA



Esta mañana, mientras desayunaba, en la mesa de al lado estaba Electra.
La muchacha que ayer me estremeció, zarandeada por todos, la niña inocente de la que tiraban unos y otros, estaba junto a mí, sonriendo al lado de Ferrán Madico, el director de la obra.

Por un momento me había desorientado al bajar a la cafetería la presencia en una mesa de Pantoja, el odioso Pantoja, sentado frente a un ordenador portatil. Pero hoy es domingo y la función fue anoche. Esto es Mérida y estamos en el Hotel Mérida Palace. La chica del top marrón, espalda desnuda y sandalias planas, morena y menuda, gafas de miope y sonrisa franca es Sara Casasnovas y el cruel Pantoja, no es otro que Antonio Valero, el actor, desayunando, mientras leen las reseñas de prensa.

La sorpresa fue anoche. La obra se titula Electra, pero fue escrita por Benito Perez Galdós y estrenada en 1901. Quizás sea dificil justificar esta pieza en un Festival de Teatro Clásico, e incluso pueda haberse provocado una confusión entre el público asiduo. Pero superada la sorpresa, creo que es un acierto recuperar al Galdós dramaturgo, un Galdós desconocido, en esta versión de Francisco Nieva (otro clásico en vida). No es Teatro clásico, pero el drama que se representa es de todos los tiempos: los mayores quieren conducir la vida de los jóvenes; los que ya hicieron su vida, quieren dirigir la vida de los que vienen detrás. El miedo a la libertad conduce a hacer violencia a la libertad de los demás.

Sara está impresionante. Sara es Electra. Inocente, llena de vida entre muertos, llena de verdad entre mentirosos. Disputada por quienes se creen dueños y señores de su destino, con derecho a escribir por ella su vida, su aparición, intentando mantener el equilibrio sobre unos patines, desequilibrada por la violencia de la sociedad que la rodea, es uno de los aciertos de este montaje.

La obra fue considerada en su tiempo anticlerical, pero también Jesús se alzó contra el fariseismo y la simonía, pecados a los que no ha escapado su Iglesia, muchas veces demasiado cerca de los poderosos de este mundo.

Cuando el santurrón Pantoja intenta confundir los sentimientos de Electra, sus palabras hacen daño de verdad, como si se tratase de bofetadas. La violencia que trata de hacerle con sus ideas de salvación se expresa en el cuerpo de Electra, sacudido y como yerto, a merced del adulto, y al acabar, cae como si hubiera sido machacada por una brutal paliza.



Varias coreografías a lo largo de la representación tratan de suplir la ausencia de acción dramática, en una obra quizás excesivamente lenta y literaria para nuestros gustos de hoy. Una de las coreografías escenifica la ceremonia de una misa, componiendo los personajes un cortejo de ciegos (los ojos vendados), que caminan de rodillas en pos de su guía. Es una imagen poderosa que rescata la imaginería del maestro Zuloaga.

Un pero. No acierto a comprender el uso que se hace de la bandera, que lo mismo sirve como mantel, que es esgrimida como una especie de arma con la que Max pretendiera acabar con Pantoja. Es un simbolismo confuso y por lo mismo desacertado.

Electra, al final, escapa en medio del público. Electra ya es para todos Sara Casasnovas. Un recital interpretativo, una actriz impresionante que transmite y traspasa y consigue el milagro de dar vida a un personaje escrito hace más de cien años, salvando un texto que quizás hoy resulte anacrónico.

Thursday, August 19, 2010

ROUEN, CIUDAD DE IMPRESIONISTAS

En Rouén, se exponen pinturas de los impresionistas que vinieron a esta ciudad buscando nuevos motivos para su pintura: Monet, Pissaro y Gauguin vivieron en Rouén. Monet y Pissarro en un céntrico hotel. Gauguin, con su mujer y sus cinco hijos, recien abandonado su trabajo para dedicarse al oficio de pintor, en una barriada exterior.
Me levanto por la mañana y, desde el hotel, se ve la fachada de la catedral de Rouén, que sirvió a Monet para explorar las luces a distintas horas del día, la tarde y la noche. Me gusta esa luz del atardecer (esa luz dorada, que apenas refulge unos minutos, antes de apagarse), y también esa luz plena y cegadora del mediodía.



Admiro también los cuadros de Pissarro. Pissarro transmite la realidad que ve. Una ciudad de la época industrial, con sus chimeneas, sus humos, su tráfago. La ciudad se presenta ante él como algo a representar. Y pinta los mismos puentes una y otra vez. Es una ciudad fría, desagradablemente burguesa.



Gauguin llega después. Él vive en Rouén, pero no se nota. Él no necesita Rouén para pintar. Pinta lo que está ahí, cualquier cosa, sin necesidad de salir de su casa. El patio de al lado. Porque lo que le interesa es pintar. No representar nada. No traducir algo a un código de formas y colores. Su trabajo es interior. Lucha con los colores y las formas que encuentra dentro de sí mismo. Sus cuadros son de cualquier lugar, inmune a las bellezas convenionales de Rouén. No son de lugar alguno, porque él inicia una forma de pintar nueva: pinta su corazón.



Estos días, por los caminos de Normandía, el paisaje saltaba a mi coche como un cuadro impresionista, con la luz y los colores de aquellos pintores, amarillos de trigales, cielos azules entre las nubes, verde de árboles y praderas. Los impresionistas nos han enseñado a ver esa luz, esos colores, a gozar de esas maravillas cotidianas de las nubes y la luz del atardecer. Pero me quedo con Gauguin, con el introspectivo buscador de formas y colores. Gauguin, demasiado torpe para hacer vida social, menos hábil que sus profesores, viviendo en el suburbio, en el anonimato artístico y comercial. Gauguin pintando cosas absurdas, cosas corrientes, sin ninguna belleza (trozos de patios, árboles aislados), incapaz de condescender al gusto de los ciudadanos de Rouén, ajeno a las bellezas de su ciudad, las bellezas cantadas por los otros impresionistas. Él ya no es un pintor. Es un explorador de su alma.

Tuesday, August 17, 2010

SIN PALABRAS



Rinko Kikuchi. Un imagen. Oriente. Oración, éxtasis, misticismo, dolor. Deseo. Una expresión que intriga, una imagen sin significado, dispuesta a recibir de nosotros -en su vaciedad- lo que nosotros pongamos al mirarla. La realidad a la que damos forma y sentido.

Thursday, August 12, 2010

ORACIÓN



A veces te escondes tanto
que no sabemos nada, no entendemos nada
y miramos al Cielo sin respuestas.
No podemos ver tu rostro.
No encontramos salida
en el absurdo laberinto
en que nos sitúa cada muerte.
¿Dónde estás, si nos amas, dónde estás?
¿Por qué la muerte de los niños?
¿Dónde está tu ternura, Padre?
¿Por qué nos das y luego nos quitas lo que más queremos?
En nuestra oscuridad estás tú,
como una luz que alumbra una esperanza.
Espero, en el silencio y la paz,
la nueva vida que nos prometiste.
Espero la vida eterna
-no sabemos cómo-
porque no muere el amor que nos tuvimos.