Thursday, October 30, 2008

MI UNIVERSIDAD

Como antiguo alumno de la Universidad de Navarra, quiero condenar desde este modesto rincón el atentado de esta mañana. Las fotografías del Edificio Central en llamas o de ese maravilloso campus humeante, son muy dolorosas para todos los que creemos en la cultura, en el diálogo, en el estudio y en el esfuerzo. Querer destruir todo esto no es sino una expresión salvaje del odio analfabeto de los intolerantes fundamentalistas. Todo lo opuesto a lo que es la Universidad.

El campus universitario es un lugar hermoso, espléndido, un jardín botánico en que cada árbol y cada rincon ha sido cuidado con mimo. Es el lugar donde muchos jóvenes pasean sus primeros noviazgos o comparten los momentos distendidos de la jornada docente. La Universidad es algo hecho con el cariño de mucha gente, un lugar por el que, los que hemos pasado por allí, conservamos un cariño especial.

Mi recuerdo para todas las familias que tienen hijos estudiando en Pamplona y que hoy habrán vivido el sobresalto la noticia y la inquietud por sus chicos. Mi solidaridad con los heridos, sus familiares y amigos. La Universidad es una gran familia impulsada por un espíritu de superación y apertura, y estoy seguro de que este espíritu pasa por encima de los odios. Allí aprendí muchas cosas para la vida. Gracias a mis profesores de entonces y a todos los que continúan esa noble tarea.

Sunday, October 26, 2008

DOKTOR FAUST

Mientras me arreglan el ordenador, aprovecho ratos perdidos ordenadores ajenos -apremiado por sus dueños- para escribir a vuela pluma y mantener viva (superviviente al menos) esta página (la única en que insisto). Mi proceso como bloguero, como todo proceso vivo, ha conocido la exaltación y el debilitamiento. Ahora escribo de lo que me va pasando y casi no leo, no tengo capacidad de leer, nada de lo que escriben aquellos que me acompañan. Hay apenas un hilillo que queda, pero sigue el deseo de expresarme, en este tiempo un tanto desconcertado e intranquilo en que, un tanto perdido, apenas encuentro reposo. Me propongo aguantar el paso de la noche, hasta una nueva aurora, en que recuperre la serenidad y el tiempo.

Ayer - y cuento el dìa a día- me salió al encuentro una fiesta de cumpleaños, un reciente cincuentón que soplaba las velas, como yo lo hice, y allí, amistades, unas de hace tiempo (queridas) y otras nuevas y prometedoras, risas, carnes argentina en el asador, un día de sol precioso a fines de octubre, en una comida de campo. Casi sin tiempo, cuando todavía duraba la tertulia, a la ópera: "Doktor Faust", de Busoni. Me habían dicho que era un tostón, que mucha gente se había ido en el descando en las representaciones anteriores. No había gustado esta ópera "alemana" en Sevilla.


Y aquí vino la sorpresa. Un espectáculo total. Dos horas y pico de placer estético y musical. Una música delicada y sutil, sugerente, para escuchar con los ojos cerrados, tenues notas medias, armonías leves. Sonidos que me evocaban, ahora la canción de la tierra de Malher, ahora las polifonías medievales, acordes del órgano catedralicio de Ayerra, intercalados, ecos latinos del Carmina Burana de Orff o música religiosa del Credo in unum Deum. Lo religioso y lo profano. El montaje, espectacular. Polichinelas con sus máscaras y sus barrigas hinchadas, personajes con movimientos epilécpticos de androides, marionetas doradas, seres con capirotes en blanco y negro (católicos y protestantes, españoles y alemanes ante la Inquisición), sorprendente cruce de espadas entre samurais, curas con bonete y bastón... hombres que empujan carretillas que recuerdan al Infierno de Dante y hombres de frac, salidos del expresionismo alemán, seres que emergen y desapareden en paisajes pedregosos, la corte de Parma, el vacío de un ámbito nevado, o la búsqueda del ideal -la oración de Fausto- sobre fondo de un gran ojo que mira y es mirado. Embeleso de una representación inolvidable.




El argumento es conocido, aunque no utiliza sino parcialmente los antecedentes de Malowe y Goethe. Tres estudiantes de Cracovia, tres visitantes misteriosos, dejan a Fausto un regalo: un libro de magia (un misterioso monolito luminoso, que recuerda al 2001 de Kubrik). Es un ofrecimiento del poder, en el momento en que Fausto huye de sus acreedores, del hermano de su amante abandonada, que clama venganza, de los curas de la Inquisición que le acusan de sacrilegio. En ese momento de debilidad human, es invitado a invocar a las fuerzas ocultas del mal. Se le ofrece la satisfacción inmediata de todo deseo (la muerte de sus acreedores, del hermano de su amante, que le persigue). El rector magnífico, el sabio, es un hombre animado por la voluntad del intelectual: el deseo de satisfacciones, el deseo de que la acción sobrevenga inmediatamente a la intención. Salir de la muerte, del vacío de su vida. La felicidad. Lo que ha creado Dios no puede morir, y su alma inmortal aspira al ideal, a la plenitud de la felicidad, del poder.
Fausto invoca a esas fuerzas en uno de los momentos más brillantes del drama: sobre un sobrio escenario unas vías conducen a unos sótanos de los que emergen unos seres vestidos de negro, se convierten en llamas de fuego. A cada uno interroga Fausto y es Mefistófeles el elegido: es un ser tan rápido como el pensamiento del hombre, y por ello es adecuado a la ambición de Fausto que es una ambición sobre todo mental. Fausto tendrá la fama, tendrá las mujeres que desee, el poder. Pero él exige, además, la libertad. Se niega a ser esclavo. Pero al fin acepta el mal, y así se verá obligado a servir a Mefistófeles. Mefistófeles, bajo múltiples disfraces, llevará a cabo lo necesario para que los deseos de Fausto se cumplan, mientras dure su tiempo. Cuando termine, será suya su alma.


Fausto seduce a la duquesa de Parma, delante de su esposo el mismo día de la boda. Haciéndole una demostración de su poder, haciendo aparecer a la Reina de Saba, enamorada del sabio rey, Salomón; haciendo aparecer a Dalila, abrazada al poderoso Sansón, y finalmente, la imagen de San Juan a punto de ser decapitado por el deseo de Herodes hacia Salomé. Es la posibilidad de hacer morir al duque lo que indica Fausto. Ese embrujo, ese embelesamiento de la mujer que sigue sonámbula al seductor...es magníficamente representado, en un juego que terminará en tragedia. La amante es abandonada. Fausto recuerda gravemente el episodio ante unos hombres de mundo que le interrogan, en una taberna, tiempo después. Y entonces aparece Mefistífeles a contar que murió la mujer y dejó un hijo, también muerto cuyo despojo muestra con cruel mofa, para convertirlo de inmediato en juego, en muñeco de paja al que prende fuego.
Al fin, los estudiantes de Cracovia anuncian a Fausto que llegó su último día y él intenta rezar, intenta hacer una buena acción que le valga la salvación, como de niño le contaron. Y aparece entonces la madre muerta con su criatura, el niño, al que Fausto, en la última escena, entrega su vida para que todo se consume, alejándose hacia un juicio, cuyo resultado ignoramos, mientras Mefistófeles -bajo forma de un sereno que recorre las calles con su farol- anuncia un cambio de tiempo y heladas.
"Sólo cuando se mira adelante es tolerable la vida", algo así dice Fausto.

Thursday, October 09, 2008

SEMILLA DE RECUERDOS

Lo que queda en uno de un viaje, uno no lo sabrá hasta que pase un tiempo -tantas son las impresiones condensadas en pocos días...-. Pero en nuestro periplo siciliano, por encima de las cosas y los lugares, ha ocurrido el milagro del encuentro con nuevos amigos: Abedardo y Luisa, como Miguel y Amelia, forman ya parte de nuestras vidas y ¡qué mayor riqueza puede uno encontrar andando por el mundo! Su compañía, los momentos compartidos, la vida que nos hemos contado, el proyecto de vernos de nuevo, eso es lo que prevalece por encima de todo lo demás de estos días viajeros.


Quería recoger imágenes del viaje para mi blog. Hice muchas fotos con el teléfono móvil, para pasarlas al ordenador a la vuelta. Siracusa, su catedral, construída con las columnas dóricas de un templo griego, como imagen del ciclo eterno de destrucción y reconstrucción. Los ojos de Santa Lucía, en su plato (exvotos de ojos, de plata y oro de sus fieles, expuestos junto a la estatua de la joven degollada). Las calles de Palermo, con su belleza demolida y decadente. Los mercados, los teatros, Taormina, templos de Agrigento enmarcados en campos de tierras ocres y verdes cipreses, almendros y olivos centenarios, el mar (los mares), Cefalú y su playa adonde bajé a mojar mis pies y a aspirar por la nariz el agua del Tirreno. Esas nubes que en la tarde convierten la luz celeste en ambarina y roja. Ese cielo azul turquesa increíblemente intenso. Esa brisa salina en la noche.


El mismo día de mi vuelta, desapareció el móvil y con él mi tesoro de imágenes (fue como si se disolviera en el éter). Pero ahora comprendo que las imágenes no eran necesarias o eran insuficientes. Empobrecen los recuerdos. Las sensaciones, las impresiones quedaban ahora liberadas de toda referencia concreta. "Todo lo fijo mata" y este viaje ha sido, al final, vida.


Ahora, queda sembrada la semilla de un recuerdo. Como ese lugar de jazz, en la noche de Palermo, tomando unas cervezas con los nuevos amigos, escuchando un cuarteto de Quebec (ese piano con toques monkianos y ese sonido del saxo, puro, reconocible).


Había comenzado el viaje con el regusto de una novela recién terminada de Alberto Moravia ("El hombre que mira"). El narrador es un hombre que mira, a diferencia de su padre, hombre de acción, dispuesto a rivalizar con su hijo por el amor de una mujer. El protagonista es un voyeur cuyo placer es esencialmente visual e imaginativo. Su esposa, cuyo amor posee para él la cualidad ideal de retrotraerlo a sus días infancia, a ese rostro abandonado de la Virgen de su niñez, tiene ahora un amante que la ama de otra manera.


Deseoso de realidad, para el viaje elegí "Fiesta", de Hemingway, pensando en vivir este viaje como un hombre de acción, como lo fue el novelista (vitalista, sportman), que descubrió al mundo las fiestas de mi ciudad natal. Creí que sería una buena compañía por esas tierras sensuales del Mediterráneo.

Pero, para mi sorpresa, el protagonista de la novela, resulta ser también un hombre que mira. Un hombre impotente para el amor. De hecho, el hombre de acción no fue sino el personaje inventado por Hemingway para huir de la literatura. Los jóvenes viajeros de "Fiesta" se entregan a una orgía etílica contínua en la Pamplona exótica de los años veinte. Pero para el protagonista la embriaguez no es sino el precio que hay que pagar para alcanzar un estado sensitivo determinado, un estado en el que puede leer sus libros preferidos de otra manera, sintiendo que lo que lee lo ha vivido realmente. De esa forma lo que lee pasa a formar parte de él para siempre. Es, pues, un hombre que busca la eternidad, empapándose de realidad. Busca retener sensorialmente ese momento hidizo y huir más allá del tiempo.

Un impulso semejante al que me hizo bajar a la playa de Cefalú, únicamente para mojar mis pies y aspirar el agua marina, sellando sensorialmente el espectáculo visual que me rodeaba.

Sunday, September 28, 2008

ENCARNACION EN SICILIA

Partimos a Sicilia. Allí busco los templos, las poderosas columnas dóricas, el equilibrio griego. Quiero descubrir el misterio de esas palabras resonantes: Agrigento, Taormina, Siracusa...Voy con el temor de encarnar el espíritu de eso que -hasta ahora- era una magia que me hace soñar.

Han dado lluvia en Palermo, y pienso en esos campos mojados, en esas ciudades antiguas, en los burros y en las bicicletas.




Palermo. En una Iglesia abandonada, como tantas en Italia cerrada al culto, entre tanta ruina, sorprendió a mis amigos como una aparición mágica, la obra inesperada del genial mallorquín. En la anarquía de esta ciudad todo podía suceder y todo era a la vez feo y esplendoroso, sucio y sensual. Allí encuentran los animales más sencillos convertidos en nuevos santos.


Iglesia de Santa Eulalia de los Catalanes. 1998. Miquel Barceló escoge este templo para encerrarse dos meses en una tensión espiritual que enfrenta los referentes cristianos con el ambiente pagano que se respira en el ajetreo cotidiano del mercado de la Vucciria, en cuya poximidad se alza el templo.
En esa pasión creadora Barceló se aisla del exterior, de las acusaciones de sacrilegio y deja que en su imaginación surjan destellos como ese Cristo como mandrágora de uno de los apuntes que traza en su cuaderno por esos días. Misteriosas asociaciones entre la cultura griega y la cristiana, que son evocadas desde el interior de las ruinas.


Aparecen así asnos, corderos, peces, que son símbolos del primitivo cristianismo y a la vez, en ese lugar, reciben un poder de transgresión, una suerte de encarnación del espíritu en la vida del mercado, la materia santificada, la comida transformada objeto de culto. Nada es poco santo, nada es impuro.

El espíritu que empapa la materia, ese espíritu acumulado durante siglos, se muestra entre la podredumbre, como sucede con las momias de las Catacumbas de Palermo. La naturaleza es tambien podredumbre, de la que puede sobrevivir la eternidad.

¿Será este el secreto de la isla? La cultura ¿supone acaso superar la belleza? Acaso es algo tan natural como la comida, como el sonido de los campos y del mar. Como el pescado, que Barcelo una y otra vez representa, lleno de consistencia material, disponible para el banquete.

Monday, September 22, 2008

EN MEDIO DE LA VIDA

Este verano leía no sé dónde algo parecido a esto: "Fue uno de esos buenos judíos, que dedica el 90 % de su tiempo a los hombres y sólo el 10 % a Dios". Me pareció que Dios estaría de acuerdo con este juicio.


Luego, mi amiga la del pelo irlandés, me ha enviado un correo en el que comparte conmigo un poema hermoso de Pedro Casaldáliga, que resume esa misma idea, sin necesidad siquiera de mencionar a Dios:



Al final de camino me dirán:
- ¿Has vivido? ¿Has amado?
Y yo, sin decir nada,
Abriré el corazón lleno de nombres
.




Y está bien, porque es ahí, junto e ellos, donde está la vida.

(Para Natxo)



Thursday, September 18, 2008

MADONNA EN SEVILLA

Estuvimos allí. Sevilla se movilizó. Más de 45.000 personas. Autobuses lanzadera al estadio “olímpico” de la Cartuja (ese derroche bellísimo).
El espectáculo resultó rabiosamente americano. Quiero decir: mucha energía… pero una total falta de estilo. Derroche, superficialidad, exceso. Como las cadenas de oro de un rapero. El montaje, tan pretencioso como banal. La música, absolutamente prescindible. Pero toda la potencia del mundo y todos los medios técnicos imaginables. Potencia…pero sin criterio. Inanidad.


Lo peor: el innecesario batiburrillo pseudo-espiritual que nos largan a mitad de concierto, que no viene a cuento para nada. Ver proyectados en las pantallas gigantes nombres como el de Jesús-Buda-Jehová-Krishna…me resultó desagradable por frívolo. Como propone la Nueva Era, la espiritualidad se presenta como un ”totum revolutum”: todo es igual e intercambiable...y, claro, todo acaba vaciándose de contenido. Todo acaba siendo igual a nada. Para colmo, me dicen que Madonna se acaba de convertir a la Cábala: ¡cualquier cosa!
Patético resultó el video sobre el pueblo gitano y los pobres del mundo, proyectado ¡en Sevilla! Pura incultura cutre y autosatisfecha, también típicamente americana. Patético, pero sobre todo obsceno, cuando la miseria se proyecta en medio de un escenario que contiene un millón de dólares en cristales de Swarovsky.
Sí. Vale. Un concierto es fundamentalmente algo lúdico. Un juego sin trascendencia. Y así hay que juzgarlo. En este sentido, es todo un espectáculo y merece la pena. Madonna se mueve y hace un despliegue físico impresionante. Todo funciona como un reloj. No importa demasiado que utilice el play-back. Se le perdona. No importa que esté fría. Se le perdona. Que no haga ningún bis. Se le perdona todo. El público es incondicional.
Pero lo que Madonna pone sobre el escenario es chabacano, desde el vestuario, hasta el sexo (esos movimientos pélvicos compulsivos dirigidos al público…). Al final, puro infantilismo, como el juego de la comba o el boxeo.
Sólo la autoparodia de las cuatro etapas de su carrera (con dobles disfrazadas de Madonna) tiene el sello de la ternura…ella enfrentada a la que fue…despojando a la que fue con furia de sus adornos de novia (de su virginidad) y los pechos falsos de Gaultier. Igual de tierno que su intento de volver al comienzo…a la guitarra rockera. Cuando empezó a tocar de verdad música con un grupo juvenil. Cincuenta años después, todo parece demasiado falso. Aunque funcione la caja registradora.
Yo que Obama, pediría que suprimieran mi foto, como fin de fiesta del concierto.

Friday, September 12, 2008

EN LA FILA

Tras la lectura de la novela de Imre Kertész, “Sin destino”, persiste en uno el estupor. Estupor, ante la forma en que los húngaros aceptaron la suerte de los judíos. Es más, estupor ante la forma en que los propios judíos aceptaron lo que les iba sucediendo, muchas veces sin una idea clara ni siquiera aproximada de lo que fuera eso de “ser judío”.
Nos enteramos de que las estrellas amarillas que vendían en las tiendas tenían mejor calidad que las hechas en casa. Lucían más iguales las puntas, y eran rígidas, gracias al cartón duro sobre el que iba cosido el fieltro.
Cuando alguien era deportado, se celebraba una fiesta de despedida. Se comía bien, se reunía toda la familia y amigos, había abrazos al deportado, deseos de volverse a ver muy pronto…
La docilidad ante todos estos sucesos resulta tremenda. Un policía se basta para detener a cientos de judíos jóvenes, fuertes…y conducirlos en fila hasta un barracón donde se les encierra bajo llave, sin que haya una protesta. Creen todo lo que les dicen. Todos colaboran, e incluso bromean con el policía, al que consideran “simpático”. Fácilmente se entusiasman con la idea de ir a trabajar a Alemania y se apuntan voluntarios al viaje en tren: son listos, ocuparán los mejores puestos, y viajarán más cómodamente (a razón de sesenta personas por vagón…y no ochenta). Les espera la aventura, la independencia.
La inocencia continúa al llegar a la estación. Allí, con apenas el apremio de unos golpes y unos empujones, les hacen formar una gran fila de tres mil personas. En el centro de la fila, se tarda unos veinte minutos en llegar a un punto donde un médico dedica dos o tres segundos a examinar al siguiente y enviarlo a uno de los dos grupos que se forman a cada lado. El joven protagonista de la novela ante el doctor saca pecho y le sonríe. Le tranquiliza la expresión bondadosa de su rostro, el color claro de sus ojos…hasta cree que le ha caído bien.
Luego, progresivamente, paso a paso irá cada uno comprendiendo cómo son las cosas por allí. Irá descubriendo las chimeneas, las duchas…el gas. Todo poco a poco, pasando al siguiente nivel, asimilando así las cosas.


Al volver a casa todos aconsejan al deportado que olvide su pasado, como única forma de iniciar una nueva vida. Tiene dieciséis años y sólo ha pasado un año en los campos. Entonces, Imré Kertész dice lo que piensa ahora: que nunca se puede empezar una nueva vida, habría que perder la memoria. Uno no es un sujeto pasivo de las circunstancias. Uno no tiene un destino trágico: el destino de los judíos lo trazaron también ellos mismos, avanzando en fila hacia el matadero, y los húngaros, aceptando lo que sucedía…Eran cosas que pasaban, pero también cosas en las que uno podía construirse, dar pasos, en una dirección u otra. Y por eso ese destino era el que cada uno construía. Y construyéndolo se hacía a sí mismo. Y sólo enlazando con eso podía continuarse la vida, mientras uno recordase.

Engañosa es la mirada al pasado, cuando todo parece concluido (nada concluye). Engañosa, la mirada al futuro cuando todo parece comenzar (nada comienza). En cada momento, única realidad existente, pasan cosas, hay un contexto. Pero dentro de él, está uno con su trayectoria, los pasos que uno ha ido dando y que trazan una dirección, un norte: Irme Kertesz llama a eso la honradez. Olvidar sería verse uno privado de su honradez.

Wednesday, August 27, 2008

IRÈNE NÉMIROVSKY EN MEDIO DE LA TEMPESTAD

Las vacaciones terminaron hace días. Hay ahora la melancolía de la próxima vuelta a lo cotidiano. Pero estos días residuales de agosto, en la ciudad vacía, me acantono por las tardes en la casa, artificialmente fresca, sin hacer nada: cargando pilas y mirando a mi ombligo, disfrutando de la soledad y de grado de actividad cero. No me apetece salir. Me quedo leyendo y viendo películas.
Leo, por ejemplo, a Irène Némirovsky, “Suite francesa”, y pienso, como otras muchas veces ¿cómo pudo toda esa gente seguir viviendo durante años en aquella situación, soportando la arbitrariedad de las restricciones impuestas a los judíos por el hecho de serlo, la discriminación ante la complicidad cobarde del resto de los franceses? ¿Cómo Irène –con dos hijas pequeñas a su cargo- y siendo una escritora reconocida, no se puso a salvo? Verse obligada a llevar y hacer llevar a sus hijas la estrella de David amarilla cosida al pecho… ¿Cómo fue capaz de seguir escribiendo cuando todo se derrumbaba a su alrededor, de concebir su proyecto literario más ambicioso en esas condiciones? Creó un mundo de fantasía, que era más real para ella –y más urgente- que la realidad misma, un mundo en el que vivía mental y emocionalmente (planificando el desarrollo de su obra, rodeada de los protagonistas de su ficción), mientras se hacía inminente su detención, su deportación, su asesinato. Se quedó esperando, proyectando contar el final de todo aquello en su novela (que tendría “mil páginas”). Quizás nadie pudo suponer la atrocidad del genocidio: en ese tiempo era todavía inconcebible el asesinato como proyecto político. Cuando la realidad cotidiana nos ahoga, a veces necesitamos crear un espacio donde soñar y crear, para seguir respirando. No es retirarse, es trascender lo inmediato.


El problema es que seguimos pensando que siempre tiene que existir una causa para todo. Que las cosas obedecen a una lógica. Para ser detenido, para ser ajusticiado, uno ha tenido que hacer algo grave. Uno tiene que ser culpable. Pero Irène había leído a Kafka y sabía que la vida no es razonable.
Igualmente absurda fue la suerte del manuscrito de “Suite francesa”, llevado de aquí para allá en una maleta, casi inadvertido, inédito durante sesenta años, para hacer resucitar en pleno siglo XXI, como un milagro para nosotros, con toda su frescura a esa mujer judía que en la primavera de 1942 escribía sin énfasis, con sabiduría, con objetividad, serenamente, con poesía también, estas páginas, en medio de la Tempestad que la arrastraría a la muerte ese mismo verano.
Tenía Irène treinta y nueve años.

Monday, August 18, 2008

EL HEROÍSMO DE LO VULGAR

El verano es –entre otras muchas cosas- el tiempo para leer como a mí me gusta. Uno entra de lleno en lo que lee y de alguna manera, los días que dura la lectura son vividos con el tono espiritual que la novela marca.
He leído “El periodista deportivo”, del escritor americano Richard Ford. Era un libro que un día comencé y dejé (como tantos durante el curso) por otras ocupaciones. Ya no pensaba en él, pero me vino a las manos cuando no tenía otra cosa que leer.
Portnoy dijo de este libro: “El periodista deportivo es un canto a la vulgaridad, en muchos aspectos terriblemente conservadora, que conduce a la anulación del individuo, a su dilución en la masa”. Él leyó el libro –según entiendo- en clave irónica, como una crítica al modo de vida americano.
Yo no comparto esta opinión. Me gusta el libro y creo en ese personaje que, frente a los embates de la vida (muerte de su hijo de diez años que motiva la ruptura de su matrimonio), sabe salir a flote a base de aferrarse al día a día, disfrutando lo que cada momento le trae. Ese hombre que es capaz de volver a enamorarse una y otra vez.
Frank Bascombe, el escritor que decide ser un vulgar periodista deportivo, es un hombre que disfruta de su trabajo, de los viajes, de conocer a otras personas, que transmite a los lectores la épica del deporte.

Al parecer, el propio Ford ejerció como periodista deportivo a raíz del fracaso de su segunda novela y pensó que le gustaría seguir con ese trabajo, pero lo perdió. Entonces, buscando un tema para su nuevo libro, su esposa le planteó la posibilidad de escribir sobre alguien que es feliz. Leyendo las declaraciones de Ford a “Babelia” no parece que al escribir el libro tuviera un propósito crítico hacia el sistema de vida americano. “Yo tenía una concepción muy romántica de los personajes de las novelas. Eran siempre tipos conducidos por la angustia, sometidos a terribles torturas psíquicas, preocupaciones... Así que decidí cambiar mi visión del mundo. Lo primero que voy a hacer, pensé, es darle al personaje un trabajo que le guste. Y le di un trabajo de periodista deportivo. Luego pensé: una persona feliz es probablemente alguien que ha sido infeliz en el pasado y que intenta ser feliz. Y ésa es la manera en que llegué a Frank. Ésa es toda mi concepción de Frank Bascombe”.
Es, por lo tanto, un libro de alguien que vive entre dos muertes –la muerte de un hijo, es un poco una muerte anticipada a la que uno sobrevive- y en cierta forma, su vida ya es, a partir de esa ruptura, distinta, una especie de tiempo de prórroga, que tiene que ocupar hasta que llegue su propia muerte. La vulgaridad de una vida que se sobrevive a sí misma creo que tiene algo de heroísmo. Frank Bascombe hace lo que puede. Es un hombre bueno, que intenta ser honrado. Intenta ser buen padre, intenta ser buen esposo, incluso un buen yerno. Probablemente sus miras son muy bajas, probablemente el protagonista se conforma con una versión aligerada de la felicidad (una “felicidad posible”). Pero es que se trata ya de sobrevivir.
El heroísmo del superviviente es un heroísmo oculto, que a veces lleva la máscara del conformismo, impuesta por la necesidad de convivir con los sueños rotos, con la desgracia que ha destruido la posibilidad de una vida feliz. Eso sólo lo puede comprender quien lo ha vivido.
En la novela, los padres, divorciados (huérfanos de su propio hijo), se reunen cada año junto al cementerio, para recordarlo, en la madrugada del día de Acción de Gracias (como si siguieran siendo una familia). Es un encuentro que rinde homenaje a la felicidad perdida. Esa tumba es (y será emocionalmente) un vínculo entre ambos, aunque vivan vidas distintas. Mientras tanto, sus vecinos juegan al tenis y en el aire de la urbanización le llega a Frank el aroma del agua clorada de las piscinas.


Foto de Fred R. Conrad,The New York Times

Monday, July 28, 2008

COMO LA LUNA

El protagonista de “El Palacio de la Luna”, M. S. Fogg, decide dejar de luchar contra las adversidades y adoptar el nihilismo activo como actitud filosófica: no hacer nada y limitarse a esperar el desenlace. Es cierto. La vida te está sometiendo constantemente a agresiones externas, sucesos que te desestabilizan y, en esa lucha constante por mantenerte en equilibrio, se agotan tus fuerzas.
Fogg quiere dejar que las cosas sigan su curso, que el azar marque el rumbo de su vida (llegar lo más lejos posible y ver qué pasa allí). Aprenderá que todo, en esta vida, tiene consecuencias. Pero, como le dice su tío Víctor al despedirse de él, con el tiempo las cosas se van conectando y al final todo va a salir bien. Todo fracaso y todo éxito son momentáneos y relativos. Forman parte de una trama cuyo dibujo sólo se ve al final.

Fogg, con esa filosofía, llegará a la indigencia y casi a la locura, viviendo como un mendigo en el Central Park. Allí, en el parque, los hechos confirman su tesis: cuando se esfuerza por conseguir comida no logra nada y es cuando desiste de intentarlo, cuando se da por vencido cuando llegan los milagros (alguien se acerca y la larga un billete de cinco dólares, por ejemplo). El milagro no se puede provocar, no está disponible. Llega cuando uno ya no lo pide.
En la novela, los protagonistas pierden y ganan fortunas constantemente. Lo mismo pasan hambre que reciben herencias o encuentran un tesoro. Incluso son capaces de regalar una casa o de repartir dinero a los desconocidos. Esto es muy americano. Todo es transitorio. El dinero entra. El dinero sale. Se va y vuelve. Y vuelve a escaparse de nuestras manos. Como la felicidad. Y uno nunca es rico ni pobre, feliz ni desgraciado.

Thursday, July 24, 2008

EL MILAGRO IMPOSIBLE

El criminal de guerra cruel, profeta del odio, tuvo la oportunidad que muchos no han tenido: al alcanzar la mitad de la vida, poder inventarse una personalidad radicalmente diferente. Desaparecer como tal y aparecer de nuevo convertido en otro, irreconocible. Otra persona sin pasado. Él -el carnicero despiadado que ordenó la matanza de miles de personas- eligió ser un abuelete afable y bondadoso, querido por los niños. Él que adelantó la muerte de miles de jóvenes, eligió ser un médico naturópata, que trataba de prolongar la vida de sus pacientes. El que fue odiado por todos, llegó a ser querido por muchos de sus vecinos. El psicópata, curó tal vez el alma de muchos, infundéndoles esperanza ("Siempre hay una salida para culaquier situación").


Lo más probable es que se trata del acto cínico e hipócrita de un malvado. Alguien podría estar tentado a pensar, por muy descabellado que fuera, si probar durante doce años la vida de una buena persona puede cambiar a alguien como él. Quizás sea ahora un hombre distinto ¿Se llegó a creer su personaje? ¿Llegó a querer a sus pacientes? ¿Llegó a gozar del amor que su personaje despertaba? Borges decía que no existe "el asesino", que es una abstracción, sino Raskolnikov, que es un ser humano. Y cada ser humano es capaz de todo lo bueno y de todo lo malo. ¿Transformó al criminal el cariño de esos niños del barrio que le llamaban "Papá Noel"? ¿Llegó a desear, en algún instante, el milagro de ser realmente bueno?
Como cristiano creo en la posibilidad de ese milagro -el deseo de conversión- y creer en ello es uno de los actos de fe que más nos cuesta hacer a todos (creo que en el poder transformador del amor). Pero la justicia ha de cumplirse. Parte de ella -aunque esa bestia no haya cambiado- es el haber podido ser otra persona por un tiempo. Un hombre bueno. Pero tal vez es un milagro imposible.

Monday, July 21, 2008

CON OTRA MIRADA

Ayer era domingo. Estaba en la playa. Sentado en la terraza, leía el periódico (nunca se lee el periódico mejor que un domingo por la mañana). Bajo la sombra del toldo, podía aguantarse el bochorno y las olas del mar se escuchaban refrescantes. Las noticias no habían cambiado. Pero yo las leía de otra manera: la crisis económica, el concurso de acreedores de Martinsa, la historia de la subida fulgurante y caída vertiginosa de un hombre de negocios de pueblo (vallisoletano)…Esto va en serio, es el mensaje que transmite el Ministerio: que nadie espere ayuda pública; cada uno debe refinanciarse por sus propios medios, y en su caso, vender (aunque sea con pérdidas). Es decir, hay que cambiar. Lo que antes era bueno, bonito y barato, hoy es malo, feo y caro.
La gente vuelve a llevarse la nevera con comida a la playa. Los chiringuitos dicen que no venden. Hay quien se quita de fumar y quien se va de la primera línea de playa a la quinta o sexta. Hay quien deja el cambio de coche para dentro de un par de años (todavía está bueno y con arreglarle un poco los bollos puede seguir sirviendo). No se vende lo que se vendía…pero se venden otras cosas. Se venden neveras. Se venden chicles para dejar de fumar. Se venden billetes de autobús para llegar a la playa. Se reactiva el negocio de chapa y pintura.
Habrá que cambiar, habrá que reciclar, habrá que buscar sucedáneos de productos caros, habrá que volver a las vacaciones en el pueblo con los abuelos, a la partida de tute por las tardes y al paseíto por la plaza cuando la fresquita. Hay que aprender de nuevo a disfrutar de la terraza de tu casa en lugar de buscar la cerveza en el chiringuito. Disfrutar del tiempo para leer el periódico, en lugar de comprarlo para no leerlo.
Pero todo esto ya lo hemos vivido antes. No llevamos tanto tiempo siendo un país rico, cuyos habitantes se van en masa una semana a Viena para apoyar a su selección de fútbol. No llevamos tanto tiempo siendo un país que no encuentra camareros ni albañiles entre sus nacionales. No hace tanto tiempo que en este país arreglaban medias suelas los zapateros remendones, para que siguieran sirviendo los zapatos. No hace tanto tiempo que las mujeres aprendían a coser y se arreglaban la ropa, o se le sacaba el dobladillo a las faldas y a los pantalones. No hace tanto tiempo de las sopas de sobre, o la pastilla de caldo concentrado, ni hace tanto tiempo del puré de patatas, del filete de hígado de cerdo o de la leche frita de postre.
Esta mañana iba al trabajo por la ruta de costumbre y me daba cuenta que el tiempo es muy sabio. Allí estaba el convento de monjas con esa jaula de hierro haciendo las veces de balcón medieval. Al lado, el monumento a Rodrigo de Triana, gritando a los marineros desesperados: “Tierra”. Justo enfrente, la Iglesia moderna de muros de ladrillo y campanario de piedra, que siempre me recuerda a Madrid. Allí, el Instituto con los nombres de los Enciclopedistas franceses. Más adelante, el tempo de estilo barroco americanista, con su frondoso ficus gigante. Allí también el impresionante graffiti sobre una pared, puro arte de este siglo. Toda la historia del mundo en una sola calle. Cuántas alternativas económicas no habrá visto pasar este pueblo. Y entre esos edificios, las tiendecitas (muebles, zapatero, cestería, se hacen fotocopias…) y tabernas, placitas y quioscos. Lo popular y de siempre. También los vacíos concesionarios de coches y las excesivas sucursales bancarias.

Tiempo, poso. Y desde esta experiencia de la vida, con Rodrigo de Triana, esperanza mirando más allá del horizonte.

Friday, July 11, 2008

CULTURA

¿Serían acaso civilizados los antropófagos por el sólo hecho de emplear cuchillo y tenedor?, dijo alguien, citando a un escritor eslavo.

Y yo recordaba algunos de los chistes de Chumi Chumez, ese humorismo violento que denunciaba la educación como forma de encubrir la barbarie.

Wednesday, July 09, 2008

ALEGRÍA DE IRUÑA


¡¡¡ Felices fiestas !!!
Foto de Jesús Diges

Friday, July 04, 2008

LECCIONES DE ILUSION

Faltaban diez o quince minutos para la hora fijada por mi abogada (siempre me paso de puntual). No estoy acostumbrado a esto de los juicios y estaba un poco nervioso. El sol caía de plano y había que buscar la sombra, junto al edificio de los Juzgados. Y entonces se me ocurrió buscar una librería cercana para que algún libro me encontrase. Sería un libro sobre la risa o que me insuflase ese optimismo que me hacía falta. Lo encargué así al destino y de pronto estaba ante el escaparate. Una librería pequeña, con escalera central de madera, especializada -por lo que se veía- en libros de Psicología. Entré y me dejé llevar al azar por las estanterías. La zona de literatura reunía en unos pocos estantes las colecciones que prefiero (Siruela, El Acantilado, Anagrama...). Yo seguía necesitando un método para la alegría. Demasiada crisis a mi alrededor y por delante el mal trago que pasar.

Y ahí surgió el título: "Lecciones de ilusión", de Pablo D'Ors. Eso era con exactitud lo que necesitaba. ("Será hijo o algo tendrá que ver con Don Álvaro", eso lo relacionaba vitalmente conmigo, que fui su alumno). Había leído con entusiasmo su novela-metáfora sobre el impresor ¿Zollinguer?... y ahora tomaba mis manos el grueso volumen y leía la primera frase: "¿Que hago yo aquí, preocupándome por esta tontería?"

Era lo que necesitaba leer, sin duda, pues cualquier cosa en que andamos ocupados, cualquier cosa que nos quita la paz es, en definitiva, una tontería.

Pero la sorpresa importante me aguardaba en la reseña biográfica de la solapa sobre el autor:
ordenado sacerdote católico...discípulo de un teólogo y un monje...cursó estudios de Revelación, posteriormente Hermeneútica, Angelología...y ¡Estética teológica! (maravilloso...) y esos estudios los cursó en Roma, Viena, Praga...¡qué maravilla esas ciudades para cursar estudios tan místicos!...Ahora vivía el autor en una casa-teatro, que compartía con una misteriosa mujer (su nombre no podía dejar de parecerme falso), "ya liberado de sus obligaciones docentes" (¡¡¡ ya liberado de obligaciones !!!), animando la fe en una pequeña comunidad...(qué bello) y buscanto el silencio de la contemplación...

Según leía iba encontrándome con una biografía de mi alma, de lo que pude ser...eran fronteras junto a las cuales en un momento u otro yo mísmo había transitado, pero que no llegué a cruzar.
Eso o parecida cosa sonaba en mí, cuando vi la cita puesta al frente de la novela en la que Milan Kundera se refiere a los personajes de sus novelas como fantasmas de lo que él mismo había dejado de ser por no traspasar las fronteras que él mismo se impuso.

Ahora estaba claro: era mi libro. Tenía un íntimo mensaje dirigido a mí. El destino me mostraba, como en un espejo, mi propio rostro querido y reconocible. El deseo místico, el amor por la Hermeneútica...incluso, leyendo las primeras páginas, la figura de Robert Walser paseando por los caminos de Herisau...Como continuar leyendo, donde lo dejé, el libro de Vila-Matas.
Y como un talismán, lo compré y lo guardé en mi cartera con los papeles del juicio. Y a lo largo de la mañana iba pensando en mi bolsa de la librería, oculta entre los legajos, con la promesa de un Curso de ilusión. Y la ilusión me asomaba en una sonrisa apacible, que conservé durante todo ese día.

Wednesday, June 25, 2008

EL POETA Y EL POEMA

Todavía quedan ecos del viaje. Por ejemplo, esa mañana en que conocimos Pushkin. El pueblo natal amaba tanto a su poeta que se puso su nombre. Y allí estaba la efigie de ese hombre, tan querido, tan mimado por los rusos. El poeta objeto de devoción, como un santo del romanticismo. Y mientras contemplaba su cabellera y envidiaba su suerte de múltiple amante, sonaban en aquél parque, en aquella mañana primaveral de sol, entre la fresca umbría de los castaños, un inesperado himno nacional español, con que nos agasajaba un grupo de músicos local, ataviados con uniformes de época.

Ese poeta aristocrático antecedía al gran espacio abierto del Palacio donde esperábamos contemplar la "sala de ámbar" (saqueada por los nazis y repuesta para la celebración del trescientos aniversario de la metrópoli).

Estos palacios y estos salones gozarían de los versos queridos de este poeta joven e idolatrado, .

Qué distinta poesía -pensaba- la de ese hombre oculto que escribe furtivamente poesías en el trabajo (cuando ya le falta el aire de poesía que necesita su vida). Ese oficinista (un Goliatkin cualquiera), cuya vida discurre entre libros de contabilidad y fárragos, pero que encaja a ratos entre los gruesos cartapelarios -oculto- un librito de poemas de Pushkin, que le consuelan la angustia y le devuelven la sencillez de la alegría, y a la plenitud de los espacios soñados, verdes y abiertos, trayéndole la sonrisa de un sol primaveral que atraviesa las copas de un castaño y la sombra fresca junto al lago que rodea un palacio y en el que las barcas con sus músicos navegan abriendo estelas ligeras, mientras los patos lentamente, siguiendo una formación majestuosa, discurren bajo los puentes románticos

Monday, June 09, 2008

VERDADERO Y FALSO

Nuestra guía es muy joven. Nacida en 1987, no ha llegado a conocer la división del mundo en dos bloques. Forma parte de la nueva Rusia. Habla un español neutro y claro, viaja, ha estado en España un par de veces, es europea, dinámica, abierta, simpática.
La que tuvimos en Moscú era distinta. Hija de un cubano, su familia había ocultado su apellido por miedo a la represión. Pálida, rostro demacrado, con ojeras, triste, madre sola, prematuramente envejecida, parece aplastada por la vida y por el permanente mal tiempo de su ciudad. Envuelve su cabeza en un pañuelo rojo. Comiendo una manzana esa mañana en el hall del hotel, era la imagen de la necesidad que este país ha padecido durante tantos siglos (la comida nacional, las gachas, las patatas y la sopa de col).

Durante estos días he fantaseado con esa dualidad. Los días moscovitas iba prendado del misterio de esa mujer ensimismada y seria, inaccesible a la risa, de alma huidiza, que no se nos entregaba en ningún momento, distante como en un mundo perdido, como una representación viviente del comunismo que fue. La niña rubia petesburguesa, en cambio, no tiene nada que ocultar. Es idéntica a cualquiera de nosotros. Pertenece a un nuevo mundo transparente, globalizado. Intercambiable e insulso.

¡Cómo se ve el mundo con la perspectiva de los años! Recuerdo que no creía posible eso que se pedía al rezar el Rosario: la conversión de la Rusia comunista. Era como pedir la luna (para mí, que no había conocido otra cosa, el comunismo era irreversible, tan irreversible como pueda parecernos hoy su desaparición). Y sin embargo, el comunismo ha desaparecido con una rapidez inusitada, apenas sin dejar recuerdo (tres estatuas de Lenin siguen en pie y el mausoleo es mero reclamo para turistas ávidos de sensaciones fuertes, muy similar a las figuras de cera que en el Palacio de los Jusupov escenifican el asesinado horrendo de Rasputín). Hay una desacralización de aquellos dogmas que un día surgieron del pensamiento utópico en un mundo nuevo. Esos dobles de Lenin con los que se fotografían los turistas, o esas gorras del ejército soviético que venden a los turistas, me repugnan un poco, porque son como una profanación del respeto que uno debe tener a los ideales de sus antepasados.

Pero si algo demuestra este viaje es la eterna capacidad del hombre de reconstruir aquello que destruye y de destruir aquello que previamente ha edificado. De estos palacios ¿qué queda original? Todo se ha reconstruido pacientemente, tras la destrucción nazi en la guerra, durante el periodo comunista. Los comunistas restauran el escenario de las pompas imperiales. De estas iglesias ¿qué queda original? Se acaban de construir en los años de la libertad, aquellas iglesias que –a cientos- derribara el régimen comunista ateo. Los nuevos rusos occidentales y demócratas restauran los templos donde los ortodoxos dan culto a los zares muertos, jefes de sus iglesias sometidas al poder temporal del emperador. Allí, Nicolás II y su familia han sido elevados a los altares y reciben culto (a su lado una lápida recuerda también a los criados que les acompañaron en el martirio, aportación que parece responder a una toma de conciencia comunista de la dignidad del proletariado). Todo parece trastocado. El nuevo culto a los zares resulta viejo, diríamos anacrónico. Pero hoy la religión resurge, el icono es objeto de genuflexiones y ofrendas, y la libertad de culto es una reivindicación moderna. La pompa y ostentación de los palacios imperiales es ahora el orgullo de la Rusia europeísta, que recuerda en Pedro y Catalina como los precursores de un país moderno y europeo. Es –como quería Nietzsche- “la transmutación de todos los valores”, que en el eterno retorno de la Historia, caen y vuelven a subir.

Todo es tan falso como la grisaia de los techos palaciegos de Raspelli. Todo es tan innecesario como los grutescos de las paredes de la Galería Pontificia trasplantada a Petersburgo por Catalina la Grande. Copia, falsificación. Muy moderno, por tanto. Pero la falsificación es también la lucha contra la destrucción. El tiempo todo lo acaba terminando, pero queda la imagen (en los cientos de miles de fotografías que cada segundo obtienen los turistas de todo el mundo, mundo reproducido y reproducible, ya sin limitación, en una realidad virtual de opereta).

¿Qué idealismo queda que podamos ofrecer a nuestros hijos? El gran centro comercial alzado frente al mausoleo de Lenin, donde se encuentran las tiendas más caras de Europa, vacías permanentemente, porque nadie puede comprar a esos precios, se nos muestra con la ostentación de quien acredita la pureza de sangre capitalista de esta sociedad. Es como esos palacios habitados por pobres de solemnidad, que se caen de viejos bajo las capas de pintura, junto al río Neva, ante la indiferencia de los niños que nos acompañan en la excursión fluvial con la que culmina nuestro viaje, únicamente ocupados en fotografiarse a sí mismos con sus móviles de última generación.

Friday, May 23, 2008

NOCHES BLANCAS

Mi tío Daniel venía de Barcelona una o dos veces cada año, para ver al abuelo y a nosotros. Fue él el que me regalo el libro (quizás tuviera yo quince años). Era uno de esos libros en piel, caros, de Editorial Aguilar. Yo ya era, según me dijo, lo suficientemente mayor para cuidarlo. Era el primero y podría ir comprando otros y hacerme con una colección de libros “buenos” (era por tanto, un regalo inaugural, con todo lo que ello tiene de promesa y de iniciación a un nuevo periodo –adulto- de la vida).
Se trataba del primer tomo de las obras completas de Dostoievsky. Allí, sus primeras novelas y sobre todo, el preámbulo de su biografía. Ese hombre había estado ante el pelotón de fusilamiento, había vivido la deportación y los trabajos forzados, había estado atrapado en el infierno del juego, gastando en la mesa los anticipos del editor, y luego escribía a destajo y sin descanso, día y noche, para poder cumplir los perentorios plazos de entrega, a pesar de lo cual fue capaz de crear obras maestras. Ese hombre, de un cristianismo emocional, místico…era la encarnación del “alma eslava”.
En las páginas de aquél libro descubrí la Prespectiva Nevski y las “noches blancas” de San Petesburgo, esas noches en las que todos se echan a la calle para disfrutar de una nueva vida luminosa. En esos puentes sobre el Neva se desarrollaban las pasiones de seres “humillados y ofendidos”. La miseria, la dignidad, la locura (como la de ese hombre del “subsuelo”, cuya personalidad acaba por desdoblarse en un sosias, alguien como él, idéntico a él, que va ocupando poco a poco parcelas de su vida, hasta sumirle en la inexistencia). Dostoievsky, en sus primeras obras, se fijaba en ese hombre inexistente, el hombre insignificante, que aparentemente trabaja en su oficina y deambula por las calles, pero cuya alma ha muerto y ya no existe ni para sí mismo.
Ahora voy allí. A encontrar la huella de esas lecturas juveniles que me hicieran llorar. A recordar esa cordialidad humana de Dostoievsky, débil y fuerte. Fuerte en la debilidad y débil en la fortaleza. Ese hombre que creía en el hombre como religión. Y voy al encuentro de los personajes que poblaron aquellas calles y de las “noches blancas” y de ese hombre que ha perdido el alma y que deambula por la ciudad en busca de una nueva vida luminosa.

Sunday, May 18, 2008

DAR Y RECIBIR

La vida no es algo que se comprenda o que se pueda explicar lógicamente: es algo que se experimenta, en medio del misterio, un misterio preñado de sensualidad, de bellas metáforas, más que de verdades. La Verdad es la persona que tienes delante.

Se cuenta que un señor encargó a su criado que llevase diariamente una jarra de agua a la casa. La jarra tenía una grieta y se caía la mitad del agua por el camino. El siervo, desesperado, llamó a su superior y se quejó y pidió otro jarro nuevo. El otro le contestó que el señor estaba muy contento porque el agua que caía iba regando el camino, a cuyos lados crecían ahora las flores y tenía cada día flores frescas en su mesa.

La vida es así: tiene algo de inesperado. En cada momento, puedes esperar lo inesperado. Y así puedes ir sin seguridades y también sin límites. Lo que te da la vida hoy es lo que tiene para tí. Pero, si lo aprecias, te va a dar más y mejor. Los límites te los pones tú mismo, porque crees que para recibir hay que merecer, que tienes que ganártelo todo, porque en el fondo crees que no sirves, que tu jarrón está roto y el agua se pierde y tienes miedo a perderlo todo. Bastaría que soñases el regalo que desees. Que te atrevieras a pedir. Si vives abierto a las sorpresas, éstas se van a presentar con más frecuencia, más y mejores, con ese peculiar sentido del humor, de la simetría, del simbolismo, con que gusta aderazarlas la vida. Ese sentido del humor que es la sal de la vida.

Thursday, May 08, 2008

IONESCO RECUERDA SU VIDA

Para Mertxe


Hay recortes de periódico que me acompañan y siempre conservo para releer. Hay un artículo que publicó ABC el 29 de marzo de 1994. Se trata de una tercera de Eugene Ionesco, que ABC publicó con ocasión del fallecimiento del escritor rumano. Su título: "Dios mío, haz que crea en tí". Es una oración humilde que me parece maravillosa y hago mía.
En ese artículo Ionesco cuenta los aburridos días de su vejez convaleciente, al cuidado de su mujer y su hija. Sus dolores eran constantes y no se podía levantar de la silla sin ayuda. Los masajes no le calmaban. El dolor era violento. "A veces vienen a verme mis amigos, algunos amigos fieles. Me da mucha satisfacción verlos, pero me cansan al cabo de una hora...Mi espíritu está vacío y me hace daño continuar, no por el dolor, sino a causa de este vacío existencial del que está lleno el mundo, si puedo decir que el mundo está lleno de vacío. Aparte del cafe con leche, no hay en mi vida más que estos dos seres a los que adoro y, si se me permite asociarlas, las dos comidas, que son, además del desayuno, los grandes acontecimientos de mi vida. Pienso que me voy a levantar inmediatamente y no sé qué se podrá hacer con el tiempo que queda hasta las seis y media o las siete y como de costumbre, pienso que quizás me muera esta tarde o, esperémoslo, mañana o padado mañana. O incluso, quién sabe, más tarde. Cuando no pienso en lo peor, me aburro, me aburro. A veces pienso que pienso, pienso que rezo...Quién sabe, puede que haya, por lo menos algo, algo. Puede que después haya alegría ¿Cuál es la forma de Dios? Creo que la forma de Dios es ovalada..."
A continuación pasa revista a lo que fue su vida: "En mi carrera, carrera según se dice, me ayudaron una cantidad muy grande de personas a quienes debo agradecimiento. Para empezar, estuvo mi madre, que me crió, que era de una dulzura increíble, llena de humor, a pesar de la muerte de uno de sus hijos de poca edad y a pesar de que fue abandonada, como digo a menudo, por su marido, que la dejó sola en la gran ciudad de París. Allí encontró ella a su hermana Sabine, quien pudo encontrarle una pequeña vivienda con mis abuelos, Jean y Anne y con mi entonces joven tía Cécile. Más adelante, con mi pobreza, supe hallar una especie de trabajo que consistía en poner direcciones en sobres para una escuela de preparación intensiva. Me hubiera gustado continuar como profesor...Luego me ayudó mi padre en Bucarest, que me obligó a hacer estudios secundarios y después, más tarde mis propios superiores. Pero es sobre todo en la corriente de mi vida, mi mujer, Rodica, y mi hija, Marie-France, quienes fueron para mí mi mayor apoyo. Sin ellas indudablemente no habría escrito nada. Les debo y les dedico toda mi obra. Y después más tarde, fueron todos mis profesores del Liceo de Bucarest. Del diector de este Liceo, por quien, a pesar de mi pereza (yo no aprendía nada en la escuela) iba a leer libros de literatura en una biblioteca pública...Debo mucho a un estafador...Y me hicieron bien, queriendo hacerme mal, la segunda mujer de mi padre, Lola, que me puso a la puerta de la casa de mi padre, lo que me incitó a desenvolverme y a tener éxito...Yo vagabundo en casa de uno o en casa de otro, entre unos o entre otros, el sin hogar, poseo ahora uno de los hermosos pisos de Montparnasse...Me ayudó Dios cuando, refugiado en París porque no quería unirme a los comunistas de Bucarest, cogí un día mi cesta de la compra sin un céntimo y fui al mercado, donde encontré en el suelo 3.000 francos de 1940. Todas estas circunstancias vinieron en mi ayuda. Quizás sea Dios quien me ha ayudado en mi vida y en mis esfuerzos y no me he dado cuenta. Y luego, me ayudó mi propietario de la calle de Claude-Terrasse, el señor Colombel, Dios le bendiga, que no quiso poner en la puerta a un refugiado que no pagaba su alquiler, pero que podía ser enviado de Dios..."
Todas estas noticias me resultan sorprendentes y maravillosas. Ionesco, que no cree, es consciente de esas intervenciones ajenas en su vida, siente que ha sido ayudado, que no ha estado solo.
En todo caso, hay una resistencia a la muerte que la fe no vence. "A pesar de mis esfuerzos, o de los sacerdotes, jamás he conseguido abandonarme en los brazos de Dios...Se viene a la tierra para vivir. Se viene para debilitarse y morir. Se viene niño, se crece, muy pronto se empieza a envejecer y sin embargo, es difícil imaginarse un mundo sin Dios...Se diría que la Medicina moderna y la Gerontología quieren por todos los medios restablecer al hombre en su plenitud como no ha sabido hacerlo la divinidad: por encima de la vejez, de la chochez, del decaimiento, etcétera. Restaurar al hombre en su integridad, en su inmortalidd, como la divinidad no ha sabido o no ha querido hacerlo. Como la divinidad no lo ha hecho. Antes, al levantarme cada mañana decía yo: gracias a Dios, que me ha dado un día más. Ahora digo: un día más que me ha quitado. ¿Qué ha hecho Dios con todos los hijos y los animales que quitó a Job?" Ionesco se rebela. Los que mueren no nos son devueltos nunca. Mueren para siempre y nuestros ojos ya no podrán verlos más. Aunque creamos que hay otra cosa, esta vida terrena termina definitivamente y no podremos volver.
"Sin embargo -termina su artículo- creo en Dios a pesar de todo, porque creo en el mal. Si hay mal, hay también Dios". Es una conclusión amarga y a la vez esperanzada: el mal no puede triunfar definitivamente. Y tampoco la muerte puede vencer.

Friday, May 02, 2008

"ELEGY"

No hago puente. Han anunciado buen tiempo para todos estos días y la gente ha abandonado la ciudad por carreteras colapsadas, buscando la playa, tumbarse al sol a la orilla del mar. Yo me quedo aquí. Hoy me había propuesto ordenar mi habitación. He tirado tres bolsas con papeles viejos (seguramente entre ellos alguno que más tarde buscaré, porque siempre se arrepiente uno de tirar cosas). Como otras veces, aparecen escondidos por ahí recuerdos olvidados. Una fotografía familiar en el comedor típico de los sesenta. Es un grupo de adultos y tres niños. De todos ellos sólo cuatro seguimos vivos. La fotografía Kodak viene marcada con la fecha: noviembre de 1967.

Por la tarde vamos al cine para ver “Elegy”, la última película de Isabel Coixet. Ben Kingsley comienza hablando de la vejez: cómo te coge por sorpresa cuando llega. El protagonista, un prestigioso profesor de literatura de los que sale en la televisión (y por tanto es “alguien” en el mundo de la cultura), ha dedicado todos sus esfuerzos a alcanzar una vida totalmente independiente. Rompió su matrimonio y los vínculos con su hijo. Su mundo –libros, música, sus clases, una variada compañía sexual sin compromisos- constituye lo más preciado para él. Vive bien así. Su intimidad se reduce a un amigo poeta con el que hace deporte, única persona a la que cuenta sus cosas. No crea lazos con nadie. Pero se siente seguro de sí mismo. Hasta que…se da cuenta de que ya es viejo para el amor. Tiene sexo, pero no es capaz de concebir un proyecto de vida con alguien.

No es capaz de arriesgar su libertad: pero en tal caso ¿es realmente libre? Su libertad, su independencia ¿no parecen una barricada levantada contra el mundo? Nadie puede llegar a ese lugar de intimidad. Le protege su cultura, le protege su sabiduría, le protege el sexo incluso. Porque la intimidad va más allá de la piel. Esa pulsión de mantener a los demás alejados, de separarse, es en realidad miedo a la intimidad. Es como una necesidad de cerrar la puerta de la habitación donde estamos. La imposibilidad de mantener la puerta abierta.


¿Qué es lo que realmente me importa en la vida? ¿Mis cosas, mi mundo? ¿la libertad? No al precio de la separación. La vida sólo es posible con el otro. La vida es fusión con el otro. En soledad no se vive. De esa forma hemos sido hechos. El sexo no sustituye a nada.

El protagonista de “Elegy” no es capaz de bajar esas barreras: sus prejuicios, sus costumbres, su manía de pensar en el futuro, de imaginar cómo serán las cosas después. Su incapacidad para soltar amarras y entregarse a lo que ahora hay plenamente. La necesidad de ser sensato, de no hacer locuras, de no ser vulnerable, de no cometer errores. Pero el amor es todo lo contrario a eso: amar es jugarse la vida, tirarse a la piscina...pronunciar un sí radical al otro, sin reservas ni seguridades. El amor es vulnerable o no es. El amor no sabe qué conviene hacer o decir en cada momento. El amor es incierto, vive de su propia energía. El amor no nos garantiza un mañana.

Pero creo que cuando llegue la vejez, el amor nos habrá enseñado a entregarnos. Si hemos amado quizás podremos seguir amando en la vejez. Y podremos amar hasta que llegue la muerte.

Monday, April 28, 2008

LA FRIVOLIDAD

Como dijo Carmen Posadas en una entrevista, "siento debilidad por los frívolos". Yo, en especial, siento debilidad por Carmen Posadas. Esta mujer, de poderoso atractivo, dice una cosa que suscribo: "prefiero ser ingenua antes que ser malvada". La ingenuidad y la frivolidad embellecen a Carmen. Son atributos con mala prensa. Pero ambas aligeran la vida y saben plantarle cara a las cosas con una sonrisa. Solucionar graves problemas puede empezar por tomarse unas cervezas juntos y charlar o por conocer a alguien que conoce a otra persona.
Uno de los cuentos de Carmen Posadas trata del aburrimiento de los ricos. Lo tienen todo a la vez, y en la vida hay que ir ganando las cosas poquito a poco. Es éste el lado amargo de la frivolidad: cuando es un mero alivio del aburrimiento. Yo me refiero a otra cosa: a la mirada superficial, que es la más profunda y la más inteligente. La frivolidad es una barricada contra lo infatuado, lo altivo, lo solemne. La solemnidad es la impostación del ignorante. La sacralización del pensamiento: el dogma. Lo serio es desechabla por su pretensión de serlo. Al final, la belleza, el atractivo, la clase y la ironía son algunas de las formas más elevadas de la inteligencia. Y desde la inteligencia se puede vivir y convivir.

Saturday, April 19, 2008

SI SALGO DE ESTA

Para ella, que estaba preocupada por mi silencio.

En la televisión ponen una película sobre uno de los aviones secuestrados el 11-S. Aquél que no alcanzó su objetivo porque los pasajeros se revelaron e hicieron frente a los islamistas suicidas. La reacción humana en esos momentos es comunicar con los seres queridos, decirles que les quieres, despedirte de ellos, encargar a tu amigo que cuide de todo cuando tú te hayas ido. En esto, una azafata que habla por teléfono con alguien dice la frase que me llega: "si salgo de esta...no volveré a volar".

"Si salgo de esta". En mi vida he dicho -para mí mismo- esto, en ocasiones señaladas, que ahora recuerdo. No salí de aquello, pero de haber salido, lo hubiera dejado todo por ella, para que fuera feliz donde únicamente podría haberlo sido, por el tiempo que se nos hubiera concedido.

"Si salgo de esta...haré las cosas de otra manera, cambiaré de vida". Renunciaré a mis ambiciones, me iré a vivir a un pueblo pequeño, para hacer allí una vida tranquila, cotidiana, rutinaria, viendo a las mismas personas cada día, manteniendo las mismas conversaciones (como una salmodia del vivir)...Dejaré tiempo para compartirlo con mi hija, para estar juntos, sin hablar...Me acercaré a mi madre, me sentaré a su lado y la escucharé y cuando calle la abrazaré y le diré que le quiero. Habrá tiempo de sobra para mirar el cielo, podré sentarme al sol en una plaza cuando otros trabajan, y tomarme una cerveza tranquila en el bar de Paco, el comunista, antes de volver a casa, hablaremos del Betis -nuestro equipo- y haremos alta política con los tertulianos de costumbre.

Si salgo de esta ya no aceptaré más encargos, ni más halagadoras proposiciones cuyo desempeño me agota. Me echaré a perder, cambiaré mi prometedora carrera por mi vocación de artista o místico. No aspíraré a ser distinto a como soy, no aspirare a ser mejor de lo que soy. Aceptaré el anonimato y el silencio. Me iré a vivir dentro de mi corazón, para buscar en él esa luz para la que he sido creado, iré buscando la intensidad del sentimiento, aprendiendo a rumiar los textos que me han acompañado estos años, iré a lo despacioso del tiempo, a los paseos, a la soledad...Si salgo de esta. Volveré al alma, si salgo de esta. Perderé todo el tiempo del mundo, si salgo de esta. Gustaré de lo que antes tenía y no gusté, si salgo de esta.

Por cierto, a la mañana siguiente leo que el Ministro ha declarado que la crisis se va a prolongar hasta 2011. Y pienso..."si salgo de esta..."

Thursday, April 17, 2008

DIEZ SENTIMIENTOS

Cada día paseo por el puente, hacia el trabajo o de vuelta del trabajo. El puente antiguo que estaba antes que yo viniera y que seguirá cuando ya no esté. El puente que, al volver, me deleita con las casas de colores de la ribera, y al ir con el parque ciudadano, sus ciclistas, los que van haciendo deporte a los cincuenta, sus árboles cuyas ramas se hunden en el río.
Ayer, cuando caminaba hacia las promesas del puente, me agredieron unas pintadas en el suelo: "Sólo vivo para amarte", "Mi pequeñita es para siempre", "Momentos inolvidables ¡contigo!"...Qué pena toda esa belleza vandalizada en nombre de una desmesura amorosa. Mi andar estaba jalonado de mensajes ("Mejor que yo hay miles, que te quieran más que yo ninguno") que ensuciaban el amor. Me ofende ese acto de manchar los suelos, las paredes, en nombre de una cuestión personal que a ninguno nos importa. Pienso en ese hombre que pinta por las noches...será quizás un maltratador, pues pisotea la belleza. Su forma de amar es violenta, rompe, atruena su amor a los cuatro vientos, como un grito de guerra, que no reconoce cuartel ni alternativa. Pienso en esa mujer cuyo recorrido diario al trabajo -único consuelo del que vive en medio de la angustia- se ve ahora emponzoñado por esos mensajes. Ella sabe quién ha escrito por los suelos. Y pienso en su angustia al descubrir en su enamorado a un demente que no conoce los límites del respeto, ni atiende a razones, incontenible en su deseo. Qué soledad y qué desamparo ante tanta prepotencia. Que prepotencia frente a la simple belleza de la ciudad que quisiéramos compartir.
Pero al siguiente día vuelvo. Reanudo mi camino al trabajo, por el querido recorrido del puente. No puedo permitir que estos sucios garabatos frustren toda la belleza que cada día me proporciona ese entorno privilegiado del paseo. Pienso que la magia está de mi parte, si la utilizo bien. Y esa magia puede convertir esos textos bárbaros en palabras cariñosas de la Vida (o Dios) dirigidas hoy a mí. O mejor, Dios (o la Vida) me hablan en toda esa belleza y aprovecho esas pintadas del camino para enviarle mi amor por todo lo que ha hecho y pedirle que, por hoy, todo esa belleza que dió al mundo sea mi enamorada y yo sólo viva para ser de ella.

Sunday, March 02, 2008

LA RESPUESTA

El pasado ya pasó.
El futuro era esto.
Lo que ahora se manifiesta, yo lo invoqué.
Vino para mi, porque lo he merecido.

Hoy es el primer día del resto de mi vida.
Hoy se estrena con la pujanza de lo nuevo.
Confío en el camino que traza mi destino,
y que en este instante materializa sus dones.

Ahora soy amado por la vida.
Los dioses juegan conmigo y ríen,
en esta realidad que es una danza sagrada.
en el movimiento de la vida, en que vivo y me entrego.

Esto de ahora también lo elegí.
Todo forma parte de un plan de amor.
Lo que soñé se me cumple.
Ahora es el tiempo de los dones.

Tuesday, February 26, 2008

EL DESTETE


Crecer es ir abandonando los sitios donde habita el placer.
De la placenta materna, donde se vive en el silencio, en el calor, donde la alimentación constante, nos obligan a salir al frío, al deslumbramiento, al ruido, al hambre, al llanto. Del pecho materno, del contacto íntimo con la madre, con su piel, de la leche caliente que nos transmite paz y ternura, a la separación. De la infancia a la adolescencia. Y del colegio a la Universidad.
Así, en la vida, cuando estamos por fin a gusto en un lugar nos lleva de allí. Cuando algo está dominado, llega la inquietud de pasar a otra cosa. La inquietud que no nos deja pararnos en lo rutinario.
La vida nos va destetando de todos los placeres, de todas las complacidas costumbres, como si hiciera falta nacer de nuevo, una vez y otra, para seguir viviendo, y dejar la vieja piel, y quedar desnudo, para vestirse de una piel diferente.
Y la vida es un continuo adiós a lugares cómodos, a situaciones estables, a personas, a cosas...que parecían para siempre.

Friday, February 22, 2008

GATOS Y LIEBRES


Alguien ha dicho, y creo que está bien visto, que hoy abundan en nuestra sociedad las personas nos dan "liebre por gato".

Nos encontramos por todas partes gente con prisa, que hace su trabajo a la carrera, como si tuviera que huir cuanto antes del trance que le impone atender al cliente. "Despachan", como muy expresivamente señala nuestro idioma. Son como las liebres, que todo lo resuelven corriendo. Pero también, como las liebres con sus saltos, quieren llamar la atención, se adornan y pretenden ser conocidos y respetados.
Los gatos, en cambio, estudian las situaciones. Para ellos el tiempo no cuenta. Preparan cada movimiento; son reflexivos y metódicos. Son también discretos y saben esconderse y desaparecer. No hacen nada para ser vistos o por obtener cariño o comida. Por el contrario, son muy independientes. Hacen falta profesionales gatunos en estos tiempos de prisa y trapacería.

Monday, February 18, 2008

¿FANTASIA O REALIDAD?

Se te presenta, en el duermevela que sigue a la siesta, tu Hada Madrina y te ofrece hacer realidad tres deseos: lo que le quieras pedir te será concedido. Sabes que lo que pidas se hará realidad de inmediato, sea lo que sea, y que todo será fácil, que no habrá nadie dañado, que no habrá culpa ni reproche ¿qué pedirías?

Después de un día imposible, que pone la guinda a un mes lleno de tensiones, al cabo de un trimestre en que todo ha ido de mal en peor, cuando nada peor puedes imaginar, en el coche, de vuelta a casa, en medio del atasco cotidiano, esperando a que abran el carril reversible en el Puente del Quinto Centenario (malaya el Alcalde que permitió esto) un dolor se te agarra de repente al pecho y es como si te cayese encima un muro de hormigón. Estás sufriendo un infarto...eres consciente de ello. Sabes bien lo que viene ahora y que hay poco tiempo...y estás solo. Buscas un sitio en el arcén, donde parar el vehículo...Parece el final (no llevas ninguna aspirina a mano y el móvil -para colmo- no tiene batería).
Se te pasa en ese momento por la mente una pregunta: si salgo de esta ¿qué cambiaré en mi vida? Y formulas un propósito que es como un deseo también: si salgo de esta...cambiaría tres cosas.

Imagina esos tres deseos de fantasía. Imagina esas tres decisiones reales si te ocurriera lo que digo. ¿Son las mismas cosas? Es fácil soñar, desear...pero para decidirse de verdad a cambiar tu vida ¿hace falta sufrir un infarto?

Thursday, February 14, 2008

LA PAREJA Y EL TIEMPO

Es maravilloso el amor de los jóvenes, que miran a su futuro con confianza e ilusión, imparables en su poder, juntos como un único destino. Maravillosos sus jóvenes rostros llenos de belleza y la pasión de esos cuerpos que se juntan.


Es maravilloso ese amor maduro de la cosecha, cuando los logros se materializan y los hijos crecen, cuando el destino parece logrado, cuando hay fuerza y reto todavía en las miradas. Cuando cada uno conserva todo el poder y juntos pueden con todo.



Pero no es menos maravilloso el amor de la pareja trabajada por los años y los sufrimientos, por el mucho luchar por llevar adelante una familia y un hogar. Esa pareja en la que, cada uno, cansado, se apoya ya en el otro, y juntos siguen caminando, con la carga de las muchas ilusiones perdidas en su corazón, pero también con la gratitud de lo vivido, de lo puesto por cada uno en el otro, lo compartido. Con la ausencia común de seres queridos enterrados y el calor del abrazo tierno cada noche, cuando el frío llega a los huesos y a las almas. Hay también poder en ese amor que enfrenta al destino desde la profundidad de una mirada que se pierde en la densidad del misterio.



Fotografías de Jhonny Cash y su esposa June.

Friday, February 08, 2008

EL PEOR DEL MUNDO

Su padre les había abandonado siendo él un niño. De algo le sirvió, porque siempre pensó que, por mal que lo hiciera en la vida, nunca lo haría peor que su padre. Y eso le daba la libertad de equivocarse. Además, como alguien le dijo, “Siempre tendrás o no el éxito que tú te quieras conceder”. Y había decidido hace años concedérselo y no dejarse machacar por el “narcisismo”.
El maltrato empieza siempre por uno mismo. Uno se exige sin medida. Sin piedad. Él había rechazado uncirse al yugo de la perfección. Sabía que el progreso podía ser a veces una vuelta atrás (y lo contrario). Que, como dijo un premio Nobel, por más que estudiemos, somos unos simples turistas en el templo de la realidad: “curioseamos; nos hacemos algunas preguntas, tal vez incluso hallamos alguna respuesta, pero al final el guía levanta la banderita y le seguimos, como todos, hasta la tumba; y la visita siempre resulta breve para saber la verdad”.
Veía a otros profesores ocupando tanto tiempo en preparar sus clases magistrales (en dar la talla), para luego ni siquiera conocer el nombre de sus alumnos, ni trabar con ellos una mínima relación humana. ¿Dónde estaba la riqueza que se perdía en esas clases sin destinatario? Esos mismos profesores que aprobaban “de cuarenta a uno”, y llamaban a los estudiantes “albóndigas”, porque –en su ignorancia- eran “como bolas de carne con ojos”. Ésos mismos se pavoneaban, encumbrados por la sumisión, como sabios oficiales.
A él, en cambio, le atraía el vértigo del vacío. Al comenzar la clase todavía no sabía de qué iba a hablar, ni por dónde discurriría ese acto de creación colectiva, ese trabajo de grupo, en colaboración. Prefería sentirse en la cuerda floja (con la hojita del esquema en la mano, a modo de pequeña sombrilla abierta para guardar el equilibrio).


Le gustaba sembrar dudas, pues podía ofrecer pocas seguridades. Tampoco estaba seguro de que sirviese de algo todo aquello, más allá del encuentro entre personas de distintas generaciones. Pero el Espíritu trabaja en cada cual y a él no le correspondía recoger, sino limitarse a remover un poco el barbecho de la indiferencia. Él aprendía, a cambio, de ellos: de su espontaneidad, de su impulso, de su optimismo y sus dificultades. Y se reconocía en ellos como él fue (y por dentro seguía siendo), y se daba de nuevo libertad para no dejar de ser nunca un aprendiz de las cosas. El peor profesor del mundo.

Thursday, February 07, 2008

LA TRAMA INVERSA

Argumento anotado por Nathaniel Hawthorne


"Un hombre rico deja en su testamento su casa a una pareja pobre. Ésta se muda allí; encuentran un sirviente sombrío que el testamento les prohíbe expulsar. El sirviente los atormenta; se descubre, al fin, que es el hombre que les ha legado la casa".

Hay un misterioso haz y envés en la trama de las cosas y este argumento incide en ello: la infelicidad en la vida de esta pareja se introduce bajo capa de un regalo. La ventura aparente, en este sueño de Hawthorne, es origen de desventura.

Para equilibrar el sesgo aciago que esta historia pudiera tener (la desconfianza crónica ante los regalos de la vida) habría que inventar el argumento contrario:

"Una pareja madura y bien situada, se ve privada de algo muy valioso para ellos y al perderlo empiezan a ser felices y recuperan en su relación parte del fuego que parecía extinguido. Al final se descubre que eso que perdieron -o más bien su apego hacia esa cosa- era lo que les impedía mirarse a los ojos y acceder así juntos a la felicidad".

Wednesday, January 30, 2008

FIDELIDAD

"Y todo lo demás es silencio".

Hay cosas que se tuercen.
Cosas que ya no es posible enderezar.
Hay cosas que murieron.
Y no pueden revivir. Ya no.
Y no basta mirar hacia otro lado
o seguir viviendo por inercia.
Porque el tiempo pasa inexorable.
Y ya no queda tiempo ni queda amor.

Cuando ya no es posible hablar
porque las palabras tan sólo son sonidos
que cubren el vacío de las almas.
Cuando no recuerdas ya el tiempo de caricias.
Cuando la vida se parece a una muerte lenta
y tú, sin embargo, te aferras a la vida.
Cuando el corazón se encoje de soledad
y de noche vienen cólicos y no puedes dormirte.
Todo es ya silencio y pena, duda y reproches.
Y sólo una idea fija, que de todo se apodera:
serte fiel, empeñarte en tí, guardarte.
Y a fuer de loco, seguir ese camino que te aleja.
Para sentirte libre de amar aquello que amas
y cuyo amor fue puesto en tí por un aliento de Vida.
Serte fiel y ser aquello que deseas
y que otros no comparten.
Libertad que es tu íntimo derecho.
Tu sola posesión: el gozo de tu herencia.

Thursday, January 24, 2008

MIEDO A LAS SOMBRAS

El niño tiene miedo a la oscuridad y cada noche pide a su madre cuando se va del dormitorio que deje abierta la puerta, para ver luz. El niño no tiene padre. Una noche, un señor mayor le cuenta una historia que paso hace mucho, mucho tiempo. Un niño poco más grande que él, un pastor flacucho se enfrentó a un gigante terrible que tenía atemorizado a todo el ejército judío, en el valle de Elah. Cada día retaba a los guerreros y ninguno se atrevía a enfrentarse a él. Salvo este muchado que disfrazado de guerrero y armado sólo con su honda y cinco piedras que recogió del suelo, le salió al encuentro. El gigante bajó corriendo hacia él, dando gritos espantosos, dispuesto a matarlo...pero el muchacho se quedó parado esperándolo, y cuando ya casí lo tenía encima aguantó, apuntó despacio, y soltó el brazo, lanzándole una pedrada que acertó al gigante entre los ojos y lo mató. Luego, para espanto de los enemigos, cogió la espada del gigante y le cortó la cabeza.

Era la historia que ese señor contó hace muchos años a sus hijos, siendo niños, para ayudarles a enfrentarse con sus miedos. La misma que él escuchó de labios de su padre. "En la vida -hijo mío- hay que hacer frente al miedo, a la imagen espantosa de eso que se aproxima, el enemigo que acecha en las sombras. Aunque uno sea un niño pequeño y el miedo un gigante poderoso, hay que ser capaz de quedarse quieto, plantarle cara al gigante, mirarle a los ojos y apuntar bien, para buscarle el lugar donde lanzar la pedrada que acabe con él".

Dicen que los hijos de aquél señor mayor fueron valientes. Se enfrentaron al terror y supieron acudir en auxilio de su patria. Pero hoy no están. Y su madre quisiera que no hubieran sido valientes. Quisiera haberles dejado abierta la puerta del dormitorio. Quisiera haberles podido encender una luz cuando llegaban las sombras. Quisiera tenerles todavía cerca de su corazón por las noches, como cuando eran niños asustados.

Monday, January 14, 2008

INMORTALIDAD DE LA NADA

Él siempre regresaba a Oviedo. Era un hombre con raíces. Sus raices eran esta ciudad y una derrota. Un padre al que no conoció y un hermano fusilado. Supo siempre cuál era su lugar, su sitio. Su sitio era compartido, solidario. Con sus muchos amigos compartió la noche, el ámbito en el que cobraba una energía inagotable. Compartió la risa y el vino, la canción y la poesía.
A los cuarenta y cinco años se reinventó la vida. Dejó su puesto de funcionario oscuro y marchó muy lejos. Para ser profesor de literatura española. El verde resplandor de su tierra, sus humedades, lo cambió por la dorada sequedad del desierto de New México. El skyline de Albuquerque, edificios en medio de la nada, sería su nueva patria. Ya solo volvería a España los veranos, de vacaciones académicas. Pero se fue para siempre.

Quizás en el invierno, coincidiendo con Hallowen, la plaza de la vieja ciudad le recordaría a su tierra, la Navidad española. Los villancicos y las canciones populares.

Puede que le recuerden, ahora que ya no volverá, en este lugar. Él gustaba del buen comer y de todos los placeres hizo uso y aún abuso. Uno se va y queda vacía una mesa, un rincón. Todo sigue sin él.


Como esa plaza con su iglesia, que tantas veces habrá paseado, con sus amigos de allí, con sus alumnos de literatura española. Los lugares aquellos le recuerdan. Pero él ya está de vuelta en Oviedo.


Uno se muere -es cierto- "ante la cruel complacencia de los objetos cotidianos" (Banville). Sin embargo, "todo lo consumado en el amor/ no será nunca gesta de gusanos"

Friday, January 11, 2008

EL SILENCIO


Hay un silencio que buscamos para encontrar allí la paz. Para ser un yo que se detiene y considera.
Hay otro silencio, sin embargo, trágico. El de vivir en mundos separados, aunque permanezcamos juntos en una misma habitación. Como esa mujer enferma y angustiada que está sola, porque la enfermedad nos deja abandonados en un país lejano, inaccesible a los otros. O como el niño encerrado con dos adultos que no son capaces de jugar con él, abandonado a un mortal aburrimiento, en medio del vacío de un frío hotel. O como la mujer del fondo, aburrida también de estar encerrada, velando a una eferma, cuidando de un niño. Esa mujer sana, sensual, pero indiferente. Ella con su deseo y su culpa: abonimar de esas ataduras.
La soledad profunda es, así, el silencio entre esos seres que deambulan en una misma habitación, pero no encuentran en el otro o no saben decir ellos mismos la palabra necesaria, la del consuelo. El silencio que está hecho de palabras convencionales, dichas para evitar asomarse al abismo de la verdad: nuestro desentendimiento del otro, que le aisla y condena al silencio. Somos incapaces de sentir sus sentimientos, pensar sus pensamientos, experimentar sus angustias, sus anhelos. Y nos callamos o hablamos del tiempo. Y el otro está aislado en la condena del silencio.
En la película de Bergman, la enferma -en el extremo de su soledad- busca tendida en la cama de su habitación, entre los escondites de su cuerpo, una sensualidad que la abandona -una pausa entre los aullidos del dolor- y se aferra a ese placer triste, efímero, que es como una despedida de la vida que se le escapa.


Friday, January 04, 2008

EL REGRESO

Estos días he leído a Bernhard Schlink. Es un profesional del Derecho (juez) que escribe novelas. Es, por tanto, un novelista. Pero no un profesional de la novela (o eso entiendo). La escritura puede convertirse en una profesión. Es más, muchos que escriben conciben el éxito editorial como la forma de poder vivir de la escritura. Sin embargo, profesionalizar la escritura es –para mí- tan triste como profesionalizar el amor. Me parece preferible escribir cuando tienes algo que contar y no para subsistir. Vivir del éxito. No. Mejor ser siempre aficionado, amateur (“amante”) de la escritura. En no tener éxito puede radicar el éxito, para un escritor verdadero. O en, si tiene éxito, ser capaz de renunciar a entregarse a la rueda del tinglado mercantil montado alrededor del libro. La libertad es el más preciado tesoro de un escritor (también de un editor), aunque no proporcione dinero. Porque la libertad se encuentra en lo oculto, en lo escondido. Ese fiscal que escribe. Esa oficinista que escribe. Ese abogado que escribe. Ese profesor que escribe. Todos ellos llevan a cabo una obra verdadera. Sería un error deslumbrarse con la ambición de ser otro.



La novela que he leído se titula “El regreso”. He disfrutado leyéndola, por momentos con voracidad. Es verdad lo que dice el narrador: es el lector el que aporta sentido a cada texto. He leído esta novela en este momento de mi vida y la novela me ha leído a mí, me ha contado cosas de mí mismo. ¿Qué me ha dicho el texto? Me ha hablado de mi pasado. De la relación de un nieto con su abuelo. De la convivencia de un hijo con su madre…con el recuerdo de su padre. También me ha hablado del presente. Del cambio que se avecina. De la necesidad sentida de ir a una mayor corporalidad, a una menor palabrería conceptual, de desprenderme de muchas cosas, objetos e ideas, que achican el espacio y me limitan. De despojarme de lo que no sea esencial e imprescindible. De simplificar y simplificarme, reconociéndome tal cual soy, para no perderme, para no confundir lo verdadero con lo soñado, con lo virtual.

En la novela el protagonista siente la necesidad de irse (abandonar la ciudad en que vive, a su novia y su hijo, su tesis doctoral que se ha convertido en pura palabrería para él). Una noche sueña que a la vuelta del trabajo se encuentra su casa completamente arrasada por un incendio. Al estupor inicial sigue una intensa sensación de libertad y alegría: es como si la destrucción de su casa le proporcionara la libertad de comenzar una nueva vida. Sin embargo, cuando pasan los años, desde la experiencia de lo que fue para él abandonar todo aquello, ya no querrá que un comienzo tenga el sabor de la huida. No es preciso destruir para cambiar. Además la destrucción es siempre ilusoria. Lo realmente nuestro es indestructible y nunca nos abandona, ni lo podemos abandonar. Es algo que llevamos con nosotros, allá donde nos dirijamos.

Yo soy el lector. Y el libro ha llegado a mis manos en una circunstancia memorable y feliz. Ha sido como el regalo mágico de unas hadas, que cogí al vuelo y me ha traído un mensaje cifrado. Un mensaje amable y de buen augurio. La reunificación de las dos Alemanias, tan presente en el libro, que me sugiere la necesidad de seguir conciliando mis polaridades (tan distintas), para continuar siendo quien soy, haga lo que haga y esté donde esté. De esta forma, ahora podré marcharme a donde quiero ir, con la alegría de saber que nada de lo vivido se pierde y que siempre podré regresar.