Monday, September 17, 2007

VUELO EN LA NOCHE

Para El Aviador Capotado

Decía Saint-Exupéry que lo que importa es lo que un hombre llega a ser, no lo que es, (que eso no se sabe). El asunto de la vocación, de no traicionar la propia vocación, era, para él, lo esencial de la vida humana. Por eso para el autor del Principito, el hombre “tarda en nacer” (lo que me recuerda al "Para nacer he nacido" de Neruda). Un hombre que sigue su vocación sin traicionarla, a menudo no halla la dicha, pero sí la densidad de la propia vida.
En otro lugar, se compadecerá del burócrata, ese hombre amodorrado que, para alcanzar la paz, ha cerrado con cemento todas las posibles vías a la luz y ha quedado atrapado en sí mismo, haciendo imposible ya para siempre que emerja el ingeniero, el médico, el inventor, el actor, el periodista…que alentaba dentro de él. Desde niño, Antoine quisó ser aviador. Su bautismo del aire tuvo lugar a los doce años, pero el ya soñaba con volar desde los cuatro.


Saint-Exupéry, presionado por una mujer a la que amaba, renunció a entrar en el Ejército del Aires y entró a trabajar como oficinista en el faubourg Saint-Honoré. Aguantó poco. En pleno marasmo emocional, la aviación comercial le salvó. Allí encontró una misión y unos compañeros. Siempre creyó que el único lujo verdadero de un hombre eran sus relaciones personales. Y ese vínculo se forja luchando con otros por un objetivo común, para el que cada uno se hace responsable de todos. Aquél equipo de pilotos que mantuvo la línea aérea Toulouse-Casablanca-Buenos Aires, con vuelos transoceánicos nocturnos y haciendo frente a los peligros del desierto y las acciones armadas de las tribus levantadas en el Marruecos colonial.
Didier Daurat, director de explotación de la Compañía Latecoere, le nombró jefe de la base aérea de Cabo Juby, situada en Rio de Oro y que era escala obligada de los aviones en la ruta Casablanca-Dakar. Rio de Oro era una región insurrecta en el Marruecos español. Muchos aterrizajes forzosos habían terminado con los pilotos secuestrados o asesiandos. Organizó hasta 14 expediciones de salvamento.
Aquellos heroicos pioneros del correo postal fueron la verdadera familia de Saint-Exupéry. Sintió que su vida se anudaba a la de ellos. Y encontró el sentido de lo humano en la experiencia del desierto. Allí, "los hombres azules" eran príncipes sin poseer nada. Descubrió la alegría expontánea del pueblo, los artesanos, las gentes en las medinas. Los lazos con los demás son los que dan sentido a los actos del hombre. Esos lazos rotos por el individualismo de nuestras ciudades. En medio de la pobreza había riqueza y en medio de la ignorancia sabiduría del vivir. Conoció esa vida intensamente comunitaria, tan distinta de la vida europea.

Estaba licenciado. Tenía 44 años. No debía volar. Europa estaba en guerra. Para el la guerra era la oportunidad de volar. De tomar su responsabilidad. De cumplir un deber. Tuvo que mover cielo y tierra (y conseguir una recomendación del hijo del Presidente de Estados Unidos) para ser enviado al frente. Mientras llegaba la autorización esperaba en la habitación de su hotel, escribiendo Ciudadela, su obra más ambiciosa y desconocida. Al fin le autorizaron para realizar únicamente cuatro vuelos. Arrancó de sus mandos, como favor, la oportunidad de llevar a cabo una última misión. Despegó de Alghero, en Córcega a las 8,30.A las 13,30 no había regresado. Le quedaba gasolina para una hora. A las 14,30 se le dio por desaparecido. El había dicho que guardar unas cuantas ovejas bajo las estrellas significa mucho si el pastor tiene conciencia de su papel, si se da cuenta de que es más que un servidor. "Es un centinela.Y cada centinela es responsable de todo un imperio"

Friday, September 14, 2007

RETRATO DE UN MÉDICO FILÓSOFO

Decía Hesse que no somos nosotros los que buscamos los temas sino que son los temas los que nos buscan a nosotros.
A.E., médico. Le dan asco los enfermos. Su profesión le asquea. Considera que es inútil (Andrés Hurtado, el médico de "El árbol de la vida" barojiano llega a la misma conclusión tras asistir impotente a la muerte de su hermano menor, de su hijo y de su esposa). Siempre existirá el dolor en el mundo. A nadie le importa nada. La revolución no se hará porque los ricos tienen ideas de ricos y los mujik ideas de mujik. El mujik besa la bota que aplasta su cabeza. A.E. sólo encuentra placer en la filosofía, en el mundo de las ideas. Pasa el día en su casa leyendo. Apenas acude al Hospital cuya dirección tiene encomendada. ¿Para qué? No hay medios, nada puede hacerse. La brutalidad impera en esta sociedad. El toma cada día su cerveza a media tarde y discute sobre estos temas con su amigo, el encargado de Correos...hasta que un día se encuentra en el pabellón número seis con un enfermo singular. Es profesor universitario, paranóico incurable. Pero su conversación exaltada, su defensa irreductible de la libertad, su fe en la revolución venidera llenan de gozo a A.E. y despiertan en él hacia el enfermo una sincera simpatía. Discutirá con él, tratará de que acepte su condición de enfermo aislado, invocará la doctrina estóica: el dolor es nuestra conciencia del dolor...Cree tener al fin una misión, algo que hacer por otra persona.
"El pabellón número 6". Antón Chéjov. Lo leí a los catorce años. Y sigue ahí. Y vuelve. Y yo soy -yo puedo ser- Andrei Efimich, el médico incompetente, el médico negligente que se desentiende de los que sufren y se recluye en mil filosofías para abandonar el trabajo, para hacer frente al doloroso tedio del vivir ("hastío, pajarraco de mis horas"). Y mientras tanto otros se apoderan del Hospital, personajes sin escrupulos que medrarán imponiendo a los enfermos un régimen brutal, administrado por el guardián del pabellón. El que se aisla de la doliente realidad en una poltrona de comodidad autocompasiva, acaba siendo la víctima de su propia indolencia. "A nuestos puestos". Este parece ser el grito fraternal que nos lanza Chéjov.
Los temas nos buscan. Porque acabamos pareciéndonos a lo que odiamos.

Sunday, September 09, 2007

LA BELLLEZA CASUAL

Esa tarde estoy ansioso. En un libro leo la frase de Heráclito: "El orden más bello es el que emana de un montón de escombros apilados al azar" (Si miramos... -me digo-, porque delante de una obra de arte solemos abrir bien los ojos buscando la belleza pero cuando vemos una pila de escombros ni miramos).
A veces no miramos lo que tenemos delante, porque estamos pensando en otras cosas. Porque la rutina nos nubla la vista. Para provocar la entrada de lo casual en mi vida, -a modo de ejercicio- el libro sugiere buscar una determinada línea en una determinada página del libro que tenga en la mesilla de noche, para preguntarme cómo se relacionan esas palabras casuales con mi momento presente.
No tengo cosa mejor que hacer. Tomo el libro ("La mesa limón", de Julian Barnes), busco la página 103 y en ella la línea 19 y leo: "...la cosa es que hicieron su viaje juntos. Ahora podría ser evocado, mejorado, transformado en la encarnación, la realización del si-hubiera. Él siguió invocándolo hasta la muerte. Fué, en un sentido, su último viaje, el último del corazón. 'Mi vida queda atrás' -escribió- 'y aquella hora pasada en un vagón de tren, en que casi me sentí como un joven de veinte años, fue la última llamarada".
Hasta aquí la cita. Quedo perplejo y cautivado. Ya había leído este cuento, pero no para mí, no como una profecía que tuviera que ver con mi vida.

El relato se titula "El reestreno". Narra la aventura amorosa de un Tolstoy de sesenta años con la actriz que protagonizó el reestreno de una de sus obras teatrales de juventud. Él se enamora quizás de su personaje o de su juventud al escribirlo. Ella del autor que escribió el texto que ha interiorizado. Ambos se enamoran de algo que no existe ya. Pero lo importante es que su corazón late, funciona. Sienten la llamarada.

Sin embargo Tolstoy ha asumido la idea de renuncia y evita el amor. Tolstoy idealiza, evita la realización, prefiere mantenerse en el pasado condicional, en el si-hubiera (sido más joven), al presente de indicativo. Y la aventura no pasará de una hora de besos en un vagón de ferrocarril. Y de una fantasía de ese momento: la posibilidad de liarse la manta a la cabeza juntos y provocar un escándalo.

Años más tarde el anciano Tolstoy dirá a unos amigos que él solo se enamoró una vez en su vida "o quizás dos". El estreno y el reestreno. El estreno es un momento único que pasa. Lo otro es un "quizás", algo ilusorio. Porque ya no existe la seguridad del principio, ni la ilusión de la primera vez. Uno ya sabe hacerse trampas.
¿De verdad todo esto tiene que ver conmigo? No lo sé...Pero decido dejar los juegos de azar y sus retos y seguir atento en mi vida.

Thursday, September 06, 2007

CAÓTICA BELLEZA



De “Caótica Ana” me sorprendió la cantidad de subvenciones públicas, algunas sin aparente relación con la película (Gobierno de Canarias, Gobierno vasco…). Luego me enteré de que es la más cara de Julio Medem y que ha costado cinco millones de euros.
Después de verla, hace unos días, sigo recordando escenas, siguen viniéndome imágenes, ideas. Me tuvo con los ojos muy abiertos las dos horas que dura. Pero en cambio mi acompañante se aburrió y me dijo que le parecía infumable.
Yo hubiera dicho que es “rara”. Pero es que a mí me gustan las pelis raras. Busco una opinión profesional y leo las críticas. Son despiadadas: el guión es un puro despropósito, a Medem se la ha ido la olla, es un presuntuoso, los desnudos de la protagonista son gratuitos, los diálogos absurdos, el personaje de Bebe no aporta nada…La conclusión, un bodrio: el autor no hace más que mirarse al ombligo a costa del dinero público. La escena final –dice alguno- es una vergüenza para el cine español y nos demuestra lo bajo que ha caído. Todo por este estilo.
No es por llevar la contraria pero a mi me ha gustado. Antes que nada, creo que a Medem se la tienen muchos guardada por su película sobre la violencia en el País Vasco. Era descabellado
hacer cine de autor sobre un tema como ese. Contar su visión fue un riesgo excesivo, pues aunque existe la libertad en España, hoy por hoy, la “equidistancia” (que también practica algún que otro obispo) es una posición imposible de sostener en presencia de las víctimas. Aquí creo que fue un ingenuo Medem.
Dejando este espinoso tema (que Julio Medem no quiso dejar o no tuvo la sensatez de dejar), vuelvo a su película.
Peca de la misma falta de sensatez. La insensatez consiste en hacer lo que te de la gana en ese momento, sin respetar la lógica, las convenciones, el buen gusto…las reglas del juego. Y sin embargo el creador, el autor ¿no se arriesga más si se amolda a todas esas reglas? Por eso, lo que habría que preguntarse es si esta película es puro Medem o no. Si lo es, el autor sigue el único camino posible para él y honesto (aunque se quede solo y esta sea su última película).





Para mí, visualmente, es una película fascinante. Las localizaciones ofrecen imágenes de una belleza impresionante (el desierto de Arizona, el poblado indio en las rocas, la entrada en el puerto de Manhatan…). Los actores son también, cada uno a su forma, seres bellos, que parecen elegidos por esa belleza. Estética pura que se ve punteada aquí y allí con los cuadros de la hermana de Medem, muerta en el 2000 y a la que dedica la película.
Del contenido, aparte incoherencias, me quedo con la vida en esa especie de república libre de artistas que inventa Medem en un palacio de Madrid, comuna en la que cada cual hace lo que le viene en gana, pagado todo por una mecenas (que luego se lleva el 60% de las ventas). Viene a ser un sueño de libertad, que creo que es el sueño del propio Medem (pagado, eso sí, por un mecenas público).

Monday, September 03, 2007

DOS PAJAROS Y UN TIRO

Para Amanda


Este verano es el de los conciertos de Serrat y Sabina y el de las tardes de José Tomás. Como somos así, la gente se siente obligada a definirse y unos dicen que son de Serrat (seguramente también lo fueron de los Beatles) y otros que de Sabina (seguramente también serían de los Rolling Stones). Lo tierno y lo fuerte en el amor, lo tierno y lo fuerte en la música. Romanticismo y sexo.
Yo era de Serrat y hasta me disgustaba un poco físicamente Sabina. Pero estoy cambiando. Cada vez me gusta más Sabina. ¿Por qué? Quizás porque también en ese desgarro y en esa chulería voy descubriendo ahora una ternura (oculta, vergonzante, pero ternura al fin y al cabo) y el hecho de esconder ese desamparo lo voy atribuyendo a pudor, más que a cinismo. Y si es como creo, ya entiendo ahora esta armonía de contrarios que (de tanto explotar sus diferencias), con el tiempo, se han hecho amigos. Es que ellos también cambian: se ha serratizado Sabina con los años y se ha sabinizado Serrat al envejecer. Y ya entiendo ahora que, con los años, el que quería abolir la fiesta de los toros, acabe llorando ante una faena de José Tomás. ¿Por qué no, si en el fondo, aunque no lo creamos,somos un tanto parecidos? Y somos siempre algo que cambia, algo que va perdiendo el pudor o que lo gana, algo que aprende a emocionarse y llorar o algo que aprende a encubrir sus emociones para hacerlas más hondas.

(Niños malos y niños buenos. Pero no. Porque siempre maliciamos que los niños buenos no eran tan buenos, y que los niños malos tenían su corazoncito. Y siempre intuímos que había más peligro -y más morbo- en el niño malo que por melindre se hacía pasar (y luego te la jugaba y se quedaba con las niñas buenas -y con sus madres-), que en ese niño feo, siempre empeñado en tener mal pronto, pero sin acabar de ser canalla. Todos supimos, en el fondo, que el sexo muestra lo que la palabra encubre; que la piel da verdad y el romanticismo gato por liebre; que el sexo cura y la palabra envenena; que el cuerpo va derecho y desnudo a la soledad esencial y el ideal se engríe, cree poder y se alza, y es vanidoso. Porque el sexo es la sabiduría del amor, ya resignada. Siempre tuvimos que haber sabido que había más peligro en "Esas pequeñas cosas" que en cualquier canción procaz y arrabalera).

Wednesday, August 29, 2007

EL POEMA VIAJERO ( I I )


DUNAS


Un horizonte de nubes

ilumina el camino hacia tus caderas,

ebrias, cálidas,

rebosantes de agua salvaje

capaces de ahogar abismos,

rutinas

y silencios.

En las dunas de tu piel

se detiene la nieve

que mi cuerpo derrama.

Avanzo hacia ti con deseo

trenzado en la voz.

Tus noches y mis días

se consumen

al calor del último iceberg.


Marta Navarro ("Ocho islas y un invierno")



Fotografías de Lucien Clergue

Thursday, August 23, 2007

EL POEMA VIAJERO ( I )



El nudo en los confines



Igual que recordamos unos ojos

que nos miraron una vez tan sólo

y ese recuerdo ingrato se convierte

en una coordenada incomprensible,

igual que nos conmueve la derrota

o nos educa el alma la experiencia:

Hay ciudades electas que se anudan

como una dulce envidia a nuestra vida.

Su voz nos reconoce de improviso

al encontrar sus calles, sus paisajes

familiares y extraños, sus rincones

parece que han mirado nuestros pasos

desde la propia infancia, sus razones

parece que son nuestras y en su clima

azaroso destilan

aromas conocidos que parecen

llegar desde un lugar que hemos perdido

en un tiempo inconsciente de la vida.

Hay recuerdos dormidos que parecen

despertar en nosotros.

De todas mis ciudades deseadas

es la más alejada la que añoro.

Aquella que se alzaba sobre hostiles

confines, la que asediaban aguas

extranjeras, la trazada por amplias

fortalezas, vencedora de asedios,

delicada y altiva, sospechosa

colonia inteligente que se inunda

cada tarde de luz y de horizonte,

yo añoro muchas veces la paciente

ciudad de La Valleta y he tenido

en sus correctas calles la templanza

saliendo de mis ojos por mirarla.

Sí, recuerdo ese lugar como si fuera

un regalo del tiempo, una ganancia.




Jesus García Calderón, "Los nudos de la vida" (Ánfora Nova, 20o6)



Tuesday, August 21, 2007

Monday, August 20, 2007

Thursday, August 16, 2007

UN DULCE OLOR A VIDA

En estos días, propicios para la lectura, entre la selva de literatura formalista y conceptista, me llega la frescura narrativa de Guillermo Arriaga. Su novela "Un dulce olor a muerte", me trae -paradógicamente- toda la vitalidad de la vida rural mexicana.





Se trata de un relato en el que engaña la trama policial. No es, aunque lo parezca, una novela policiaca. Es una historia de sentimientos profundos, una novela pegada a la tierra y a la naturaleza, en la que casi se escuchan los vientos, se siente el calor insoportable en la noche, se perciben olores y sonidos de pájaros revoloteando por los campos de sorgo.


Una muchacha aparece muerta, desnuda, acuchillada por la espalda. Un joven encargado de la cantina del pueblo es considerado por todos, desde que aparece el cadáver, el novio de la difunta, verdad que se le impone con la fuerza del pueblo y que le condena a vengar esa muerte.


Conocía a Arriaga como autor de guiones de cine ("Babel", "21 gramos"). Ahora, en la carátula del libro (Belacqua), lo veo con su cara y me sorprende que naciera el mismo año que yo. Tanto más viejo me parece, tocado con su sombrero de ala ancha. Pero luego, la perfecta hilatura de la narración, su dominio del tiempo en que va avanzando la historia, me desvela un autor que conoce bien su tierra y sus gentes.

Este es, para mí, un verano marcado por México. Primero fue el conciertazo de Maná, en Sevilla. Luego, en el Camino de Santiago, el amigo mano, con el que anduve. Ahora se me vuelve a asaltar el deje y la entonación charra en esta novela.
Estos días sigo el viaje virtual que va narrando nuestro amigo Jesús Alonso en su blog (http://unalbornozllenodenotas.blogspot.com/).

A él quiero dedicarle esta foto, para completar su álbum. Me la envió un amigo presente en la Feria del Libro de Guadalajara. Es del más puro estilo Jalisco: situada en un ayuntamiento o juzgado, no recuerdo. Esa vida fronteriza y macha que hoy consideramos desde lo alto de nuestra vida "civilizada".



Tuesday, August 07, 2007

EL SIRVIENTE


Cuenta Vila-Matas que Robert Walser se sentía atraído por los mayordomos. Walser hallaba el gozo de vivir mayormente en las regiones inferiores de la vida. Allí donde el orgullo no tenía dónde posarse.
Pero no era esa probablemente la única razón.
El sirviente se identifica de tal forma con el amo que convierte su existir en el eco de la vida de otro, consiguiendo, mediante la obediencia, sustraerse a la feroz dictadura de la propia identidad.
Walser quiso olvidarse de sí y para ello, renunciando a la condición de escritor reconocido, encarnó el personaje de paseante anónimo. Para él la superioridad moral consistía ceder el sitio a otro. Quedar en segundo plano, libre ya del nombre. El siervo, amo de su nada.
Walser buscó la oportunidad de una nueva vida. Una vida vacía, secundaria. Yo tengo hoy el recuerdo de una vida así, hace muchos años, una vida vacía, en la que disponía con libertad (y sin angustia) del propio vacío de mi tiempo y mi corazón. Walser, en sus días finales, durante sus paseos quizás recordaría vagamente otras vidas, casi ya como si otra persona distinta las hubiera vivido.

Friday, August 03, 2007

INVISIBLE


Ahí esta ella trabajando en la cocina. No la ven. Está sola. Pero escucha una voz antigua: la del resentimiento. Ella prepara la comida. La otra escucha al Maestro. ¿No se da cuenta de que hay mucha gente para comer y ella está sola para tanta tarea? Ella ama: con obras. Cocina para el Maestro. Le han enseñado a sacrificarse. La otra es una egoísta que siempre va a lo suyo (todo esto se lo va diciendo esa vieja fea que le calienta los cascos con reproches de injusticia). "A ella nadie le pone la mano en el hombro, como si fuese invisible". Y esa voz se ha ido apoderando de ella y el rencor creciendo y ocupando todo... Si al menos el maestro se diera cuenta. Él le diría algo a la otra. (María está entre los hombres. Eso no es correcto. No es su sitio…).
Pobre Marta cansada,turbada... Hasta que vomita su verdad: se acerca al maestro y se queja de su hermana. Y tiene que escuchar estas palabras de boca de Jesús: “Te ocupas de muchas cosas pero sólo una importa. María ha escogido lo mejor y no le será quitado”. Luego, el maestro que predica el amor ¿no la ama a ella? Y el amor de Marta se desploma. Y ella se viene abajo. En este momento no puede comprender lo que Él le dice.
¿Qué es lo que importa, que es lo mejor, lo que no puede faltar? La alegría de la vida, el gozo. Eso es lo que nadie puede quitar ahora a María. Marta en cambio está triste. Ha dado lo que no quería dar y se ha quedado vacía. Y es verdad que sólo podemos dar de nuestra abundancia. Lo que tenemos para los demás, lo que sobreabunda despues de quedar saciados. Dar de verdad es un deseo de dar lo que tenemos. Es un don de la alegría.

Tuesday, July 31, 2007

NO HACER


El amor no es algo que ponemos nosotros en la vida: está ahí. Nos mira. A veces no lo vemos: dormimos al amor. El amor es algo que a veces dejamos que entre en nosotros: nos abrimos a recibir el entusiasmo de la vida. Y en ese momento los objetos brillan.


Amar es permanecer despierto, atento. Amar es una facultad de apreciar las cosas, las personas, los milagros, las sorpresas...Es permanecer agradecido...a la belleza que se nos entrega, y merecemos porque nos es entregada (aunque nos la neguemos). Amar es dejarse "llenar de gracia": porque el amor se nos da sin merecerlo.



(Cuadro de Giorgio di Chirico)

Thursday, July 26, 2007

YA SOMOS HISTORIA

Mi abuelo solía decir, para alabar la comida que preparaba mi madre: "en esta casa se come mejor que en el hotel la Perla”.

El hotel formaba parte del decorado de mi infancia. Allí, en la esquina de la Plaza del Castillo, bajo los soportales, solía esperar de niño el autobús. Allí perdí en una ocasión mi cartera, con sus asas de plástico. Allí, al lado, en una peluquería, me pelaban. Luego supe que en ese hotel se hospedaba Hemingway, el gran novelista (y Nobel) americano, cuando venía por San Fermín (nueve años vino, a vino beber y a vivir ese estado especial de humanidad que es la fiesta en Pamplona). En la habitación 207, desde cuyo balcón veía pasar el encierro camino de la Estafeta, todo se conservaba igual desde que murió el escritor (en 1961) y contaban que un editor sueco la había alquilado hasta el año 5000. Pero el hotel, a pesar de su tradición, había ido decayendo (los toreros preferían el Yoldy).






Por eso nos sonaba a cuento viejo y nos daba un poco de risa cuando el abuelo seguía poniéndolo como el mejor lugar para comer. Para comer de verdad, “Las Pocholas”, en el Paseo de Sarasate. Allí es donde iban a comer los catedros de la Universidad. Allí se contaba que comió un día San Josemaría Escrivá, el santo al que tuve ocasión de tocar siendo un muchacho. También había ido decayendo el restaurante. Sólo vivían dos de las ocho o nueve hermanas que guisaban en ese templo de la gastronomía navarra. Hasta que un día cerró el restaurante, tras 69 años de vida, sin más anuncio, y en el local al cabo de unos años, acabó abriendo su primera oficina en Pamplona "La Kutxa".




Ver “Las Pocholas” convertido en una sucursal bancaria; ver el hotel “La Perla” convertido en un edificio apuntalado…eran razones para sentir el doloroso paso del tiempo, cuando en los últimos años volvía de visita por mi tierra. Parecía una ciudad amortajada, un resto en ruinas de lo que fue, sobre todo la parte vieja. Como si todo el mundo se hubiera puesto de acuerdo en olvidar. El colmo fue el año en que me dirigí a la Plaza del Castillo y ¡no estaba! Había en su lugar un tremendo socavón.
Pero lo que se fue a veces vuelve. Me entero que el Hotel La Perla ha abierto de nuevo, convertido en un cinco estrellas. La habitación de Hemingway, se ha conservado intacta (milagros de la tecnología) y se puede reservar por 8.000 euros la noche (un capricho). Y en cuanto a la comida…el restaurante del hotel se llama “Las Pocholas” y reproduce fielmente el antiguo del Paseo de Sarasate, con el busto del Rey de Navarra presidiendo el salón. La dirección del restaurante se ha encomendado a las dos “Pocholas” que viven, ya muy mayores: Josefina y Conchita Guerendiáin. Todo resucita. Incluso Hemingway. Es el milagro de la memoria. Milagro que se transforma de repente en una ensoñación...


al poder compartir ahora la barra del café Iruña ¡con el mismísimo Don Ernest! al que encuentras bebiendo tranquilamente una copa de "Fundador" en su rincón de siempre. ¿Estaremos en 1959?


Pamplona recupera una parte de su historia: los años cincuenta y sesenta. Mi infancia es ya historia, pero historia al fin recuperada.

Tuesday, July 24, 2007

PATRICIA ELENA VLIEG


En el Camino siempre hay sorpresas. Pasan cosas. Cosas que uno no pudo imaginar cuando se puso en marcha. Entre los hechos insólitos de esta singladura: recibo un regalo ¡que me llega de Panamá! Natxo Andrio me ha traido un CD de Patricia Elena Vlieg, "Origen". Y su voz ha hecho el Camino conmigo en la mochila, como una promesa para la vuelta a casa.
Llego al asfalto, desde los frondosos bosques, a la contaminación desde el aire puro, al calor sevillano desde el frescor gallego. Pero ahora, entre las calles hacia el trabajo, escucho la voz de Patricia, sus letras de serena poesía, su música que desgrana las palabras en una riqueza de ritmos y sonidos, con aportes instrumentales de calidad -cuerdas, bajo, flauta- y su punto jazzístico también...El Camino me regaló el placer de esta música.

Pero voy leyendo las letras y allí encuento una canción 'Sesenta Lunas' que lleva una dedicatoria: "A una niña de cinco años que abandonó su casa para escapar de la violencia doméstica y hoy vaga sola en la noche de una ciudad cualquiera". La letra, de su hermana, Ana Lucía Vlieg. Entre los agradecimientos: "a Natxo, buscador y caminante por contarme la historia de las sesenta lunas que luego se hizo canción" (Natxo que ahora marcha a Guatemala, para trabajar con los niños de la calle).

SESENTA LUNAS

Tú le estás hablando
luna de cristal,
y ella apenas piensa en huir y andar.
¿Qué le están deseando,
estrellas del cielo?
‘Que encuentres abrigo
que encuentres consuelo’

Ella solo lleva
el recuerdo aquél,
abismo en el alma,
golpes en la piel.
Sesenta lunas, cinco veranos,
el corazón ya te han marcado,
sin un arrullo, sin un abrazo,
sin la caricia, sin el regazo.

¿Qué le van diciendo
las calles desiertas?
‘Para ti no hay sitio
ni puertas abiertas’
¿Qué le va diciendo
nuestra indiferencia?
‘Aca yo en mi vida
allá tu sentencia’.
…..
Niña del viento,
niña del llanto,
retoño frágil ya sin raíz.
Vamos, que un día se acabe el llanto
y llegue el tiempo de ser feliz.

El Camino es de alegría, pero es más: envuelto en música, me trae un compromiso de combatir el llanto.

Friday, July 13, 2007

EL CAMINO DEL NORTE

Me voy al Camino. A volver a recordar eso de ir atento a las señales. A conectar de nuevo con mi ritmo de marcha. Abierto a los mensajes del camino... Dispuesto a convivir con otros caminantes que me esperan y hacer junto a ellos esta singladura. Saliendo a andar cada mañana, haga sol o llueva. Para escuchar y oler, para llenar la vista con el verde de los campos y el color de las hortensias. Para sentir el frescor de las frondosas sendas. Me voy a repetir lo que tantos antes que yo hicieron, durante siglos: ponerse en camino y dejarse transformar por el camino. Peregrino por tierras de Galicia, hacia Santiago. Buen camino.

Thursday, July 12, 2007

EL REGALO ESCONDIDO


El 16 de mayo de 1954 fue hallado el coche en que viajaban al fondo de un precipicio, en una carretera montañosa de los Andes. Los tres cadáveres correspondían al fotógrafo Werner Bischof, al geólogo Ile de Szepessy y al conductor del vehículo. La foto fue encontrada en su último carrete y quizás fue hecha poco antes del accidente. La imagen del muchacho peruano tocando la flauta es un canto a la vida, a la naturaleza majestuosa, a la sencilla alegría. Siento, al ver la foto, la misma emoción que hizo disparar su cámara a Werner. Quizás ese sentimiento de paz y gozo sereno se mantuvo en su corazón y pudo llevárselo consigo. Él que en sus viajes a la India había retratado la miseria y el hambre, que había contemplado el llanto de los niños de vientres hinchados y la desesperación de los ancianos famélicos. Él que había descubierto en Japón y sus templos un mundo espiritual, hecho de gestos y vacío, pero de espaldas a la vida cotidiana. Al final de la vida fue llevado a la cima de una montaña para que allí se cruzase con la emoción de un hecho corriente: un niño que va por el camino, tocando despreocupadamente su canción.
Cuanto sucede a nuestro alrededor puede encerrar un regalo oculto para nosotros. El corazón sensible que saber mirar agradecido, demorando el tiempo en la mirada, recibe acaso el don de la belleza, que habita en las cosas pequeñas del mundo.

Wednesday, July 11, 2007

LA TUMBA DEL HÉROE



En Grunewald Forest, un cementerio de Berlín, descansa en su tumba, en la que una negra lápida une el suyo al nombre de su madre. Me emociona este encuentro final tras el peregrinaje de una vida, nómada entre los nómadas. No sé si expresó el deseo de volver o fueron razones prosaicas las que hicieron que fuera enterrada allí y en esa compañía. En todo caso, lo que importa es lo que siento yo ante ese túmulo. Siento algo de la circularidad de toda existencia, que emprende un camino que la lleva muy lejos para siempre terminar en el origen. Ella volvió. Descansa en brazos de su madre la que siempre anduvo emancipada por el mundo, sin hogar ni apellidos, apátrida, apenas un fantasma o adorno señero, pero dueña de su tiempo y su secreto.


Me emociona también esa muerte prosaica y casual, al caer de una bicicleta, mientras descansaba un verano en Ibiza, cuando ya parecía serenarse su vida. La muerte en debilidad de una vida llena de fortaleza. Una de esas muertes propiciatorias, como la de T. E. Lawrence, que llega a los héroes al final de su aventura, todavía jóvenes, como un piadoso don, para sustraerlos de la decrepitud y preservarnos a los mortales el brillo de su leyenda. Emocionan estos héroes terminales, tan pronto con la vida a cuestas, como una carga ya de su destino, que mueren por nosotros, para que recordemos su plenitud. El resto, lo que queda del mito, el frágil envoltorio de la vida, vuelve a la casa, a la madre y a la tierra.

Thursday, July 05, 2007

PRESANFERMINERO (II) VISPERAS


Para Cristina

Hoy la ciudad está quieta. Silenciosa. Espectante. En las calles se palpa un ambiente especial. Retenido, ansioso. Se hacen las compras un tanto precipitadamente. La risa es pronta. Hay nervios. Se aceleran los preparativos. Hace días que fueron llegando visitantes. Se ven mochilas, maletas, forasteros en chancletas, jóvenes risueños con rastas y pendientes, que miran con ojos muy abiertos las botas de las tres Zetas en el escaparate. Jóvenes inquietos, tensos. Los paseos de la ciudad, sin embargo, están tranquilos. Desde el balcón de la Media Luna se ve como todos los días, majestuosa, la nave de la Catedral, que tantas cosas ha visto pasar y las montañas que protegen la ciudad.
Mañana un cohete romperá el aire y un silbido rajará el silencio...Estallará la fiesta. Y será otra ciudad (otro mundo) durante una semana.

Wednesday, July 04, 2007

PAÍS: UN POEMA DE ROCIO ARANA


A veces, en mi casa, cuando gritan
los perros, cuando ladran los minutos,
cuando no sé qué hacer, pero no tengo
mapas para mis manos y mis ojos,
cuando las cosas lloran su silencio
entonces, lentamente voy girando
la cara para ver tu luz de tarde.
Has venido, me tomas por sorpresa.
Como un país lejano,
una pequeña flor gritando vida
en un camino seco, se me cuelan
tus últimas palabras, ese gesto
de mirar tu reloj en una isla,
la sonrisa perfecta, chimenea.
Te quedarás conmigo
te mostraré mis nueve manuscritos,
cenaremos al fin en la terraza
entre limones, viento y buganvilla,
y luego marcharás.
A veces, cuando vuelvo de tu vida
a mis manos vacías en mi cuarto,
a los perros, la tarde y la pantalla,
de pronto surges tú
de un país remotísimo, poblado
por islas y volcanes,
donde te estoy viviendo cada día.
23.VI.2003
Rocio Arana ("Pampaluna". Adonais. 2004)