
En París me siento un privilegiado, paseando por esas calles, sentado en la terraza de "Les deux Magots", comiendo unas ostras en cualquiera de las tascas de allí, paseando por el mercado (flores, hongos, vino...), perdiendo el tiempo en los puestos de libros viejos, mirando trabajar a los pintores ambularntes, viendo Notre Dame con una luz y con otra luz distinta, andando por la Rue de L'Université, junto al Sena, simplemente soy feliz. Y uno viene a la vida para ser feliz: ira a vivir a esa ciudad sería lo sensato.

Pero si decidiera vivir en París tendría que dejarlo todo, dejar mi cómoda y convencional vida de ahora. Dejo volar la imaginación: mi apartamento allí, bastarían veinte metros cuadrados, a un precio carísimo, pero todo lo compensaría poder asomarme por las mañanas y ver amanecer sobre París, sintiéndome parisino, parte de esa ciudad. Lo pienso y se me ponen los pelos de punta. Un lugar en París, en el Barrio Latino. Donde escuchar Edith Piaf o Aznavour. Donde leer a Hemingway o Vila-Matas. Donde estar a la espera de lo que va a suceder en el mundo. Porque París es el centro del mundo. Eligiría París siempre, por encima -desde luego- de Nueva York y Londres, para fugarme allí y esperar allí la muerte. Porque los franceses nos han enseñado a vivir, a gozar del vino, a gozar de la buena mesa, de la literatura, del arte, del cuerpo, del amor...
Ya no viviré en París. A mis años, no creo que tenga el valor de dejarlo todo (se necesitan al menos dos para emprender esa tarea). Pero hay una cosa cierta, sé que París es mi ciudad, porque me emociona, y me bastaría para ser feliz, el simple hecho de asomarme a mi ventana cada mañana, mientras desayunara unos croisants con mantequilla y un café au lait, para luego salir caminar por la ribera del Sena y tomar a media mañana una baguette de jamón y queso en una terraza, viendo la gente pasar -dejando morosamente pasar las horas- y no hacer nada más. Un lugar ideal para ver, para gastar el dinero ahorrado, para simplemente sentirme vivo. Pero no creo que tenga el valor de dejarlo todo para irme (al menos se necesitan dos para emprender esta tarea) y vivir en Paris.
























