Wednesday, August 29, 2007

EL POEMA VIAJERO ( I I )


DUNAS


Un horizonte de nubes

ilumina el camino hacia tus caderas,

ebrias, cálidas,

rebosantes de agua salvaje

capaces de ahogar abismos,

rutinas

y silencios.

En las dunas de tu piel

se detiene la nieve

que mi cuerpo derrama.

Avanzo hacia ti con deseo

trenzado en la voz.

Tus noches y mis días

se consumen

al calor del último iceberg.


Marta Navarro ("Ocho islas y un invierno")



Fotografías de Lucien Clergue

Thursday, August 23, 2007

EL POEMA VIAJERO ( I )



El nudo en los confines



Igual que recordamos unos ojos

que nos miraron una vez tan sólo

y ese recuerdo ingrato se convierte

en una coordenada incomprensible,

igual que nos conmueve la derrota

o nos educa el alma la experiencia:

Hay ciudades electas que se anudan

como una dulce envidia a nuestra vida.

Su voz nos reconoce de improviso

al encontrar sus calles, sus paisajes

familiares y extraños, sus rincones

parece que han mirado nuestros pasos

desde la propia infancia, sus razones

parece que son nuestras y en su clima

azaroso destilan

aromas conocidos que parecen

llegar desde un lugar que hemos perdido

en un tiempo inconsciente de la vida.

Hay recuerdos dormidos que parecen

despertar en nosotros.

De todas mis ciudades deseadas

es la más alejada la que añoro.

Aquella que se alzaba sobre hostiles

confines, la que asediaban aguas

extranjeras, la trazada por amplias

fortalezas, vencedora de asedios,

delicada y altiva, sospechosa

colonia inteligente que se inunda

cada tarde de luz y de horizonte,

yo añoro muchas veces la paciente

ciudad de La Valleta y he tenido

en sus correctas calles la templanza

saliendo de mis ojos por mirarla.

Sí, recuerdo ese lugar como si fuera

un regalo del tiempo, una ganancia.




Jesus García Calderón, "Los nudos de la vida" (Ánfora Nova, 20o6)



Monday, August 20, 2007

Thursday, August 16, 2007

UN DULCE OLOR A VIDA

En estos días, propicios para la lectura, entre la selva de literatura formalista y conceptista, me llega la frescura narrativa de Guillermo Arriaga. Su novela "Un dulce olor a muerte", me trae -paradógicamente- toda la vitalidad de la vida rural mexicana.





Se trata de un relato en el que engaña la trama policial. No es, aunque lo parezca, una novela policiaca. Es una historia de sentimientos profundos, una novela pegada a la tierra y a la naturaleza, en la que casi se escuchan los vientos, se siente el calor insoportable en la noche, se perciben olores y sonidos de pájaros revoloteando por los campos de sorgo.


Una muchacha aparece muerta, desnuda, acuchillada por la espalda. Un joven encargado de la cantina del pueblo es considerado por todos, desde que aparece el cadáver, el novio de la difunta, verdad que se le impone con la fuerza del pueblo y que le condena a vengar esa muerte.


Conocía a Arriaga como autor de guiones de cine ("Babel", "21 gramos"). Ahora, en la carátula del libro (Belacqua), lo veo con su cara y me sorprende que naciera el mismo año que yo. Tanto más viejo me parece, tocado con su sombrero de ala ancha. Pero luego, la perfecta hilatura de la narración, su dominio del tiempo en que va avanzando la historia, me desvela un autor que conoce bien su tierra y sus gentes.

Este es, para mí, un verano marcado por México. Primero fue el conciertazo de Maná, en Sevilla. Luego, en el Camino de Santiago, el amigo mano, con el que anduve. Ahora se me vuelve a asaltar el deje y la entonación charra en esta novela.
Estos días sigo el viaje virtual que va narrando nuestro amigo Jesús Alonso en su blog (http://unalbornozllenodenotas.blogspot.com/).

A él quiero dedicarle esta foto, para completar su álbum. Me la envió un amigo presente en la Feria del Libro de Guadalajara. Es del más puro estilo Jalisco: situada en un ayuntamiento o juzgado, no recuerdo. Esa vida fronteriza y macha que hoy consideramos desde lo alto de nuestra vida "civilizada".



Tuesday, August 07, 2007

EL SIRVIENTE


Cuenta Vila-Matas que Robert Walser se sentía atraído por los mayordomos. Walser hallaba el gozo de vivir mayormente en las regiones inferiores de la vida. Allí donde el orgullo no tenía dónde posarse.
Pero no era esa probablemente la única razón.
El sirviente se identifica de tal forma con el amo que convierte su existir en el eco de la vida de otro, consiguiendo, mediante la obediencia, sustraerse a la feroz dictadura de la propia identidad.
Walser quiso olvidarse de sí y para ello, renunciando a la condición de escritor reconocido, encarnó el personaje de paseante anónimo. Para él la superioridad moral consistía ceder el sitio a otro. Quedar en segundo plano, libre ya del nombre. El siervo, amo de su nada.
Walser buscó la oportunidad de una nueva vida. Una vida vacía, secundaria. Yo tengo hoy el recuerdo de una vida así, hace muchos años, una vida vacía, en la que disponía con libertad (y sin angustia) del propio vacío de mi tiempo y mi corazón. Walser, en sus días finales, durante sus paseos quizás recordaría vagamente otras vidas, casi ya como si otra persona distinta las hubiera vivido.

Friday, August 03, 2007

INVISIBLE


Ahí esta ella trabajando en la cocina. No la ven. Está sola. Pero escucha una voz antigua: la del resentimiento. Ella prepara la comida. La otra escucha al Maestro. ¿No se da cuenta de que hay mucha gente para comer y ella está sola para tanta tarea? Ella ama: con obras. Cocina para el Maestro. Le han enseñado a sacrificarse. La otra es una egoísta que siempre va a lo suyo (todo esto se lo va diciendo esa vieja fea que le calienta los cascos con reproches de injusticia). "A ella nadie le pone la mano en el hombro, como si fuese invisible". Y esa voz se ha ido apoderando de ella y el rencor creciendo y ocupando todo... Si al menos el maestro se diera cuenta. Él le diría algo a la otra. (María está entre los hombres. Eso no es correcto. No es su sitio…).
Pobre Marta cansada,turbada... Hasta que vomita su verdad: se acerca al maestro y se queja de su hermana. Y tiene que escuchar estas palabras de boca de Jesús: “Te ocupas de muchas cosas pero sólo una importa. María ha escogido lo mejor y no le será quitado”. Luego, el maestro que predica el amor ¿no la ama a ella? Y el amor de Marta se desploma. Y ella se viene abajo. En este momento no puede comprender lo que Él le dice.
¿Qué es lo que importa, que es lo mejor, lo que no puede faltar? La alegría de la vida, el gozo. Eso es lo que nadie puede quitar ahora a María. Marta en cambio está triste. Ha dado lo que no quería dar y se ha quedado vacía. Y es verdad que sólo podemos dar de nuestra abundancia. Lo que tenemos para los demás, lo que sobreabunda despues de quedar saciados. Dar de verdad es un deseo de dar lo que tenemos. Es un don de la alegría.