De nuevo la majestad arquitectónica del aeropuerto madrileño me sobrecoge: luz, mucha luz, en esta mañana de promesas, como siempre al emprender vuelo. Y en esa nos movemos, sin prisa, como paseantes despreocupados de Domingo.

De repente, nos sorprente en un hall de la terminal la exposición de Manolo Valdés, ese escultor que ha hecho procesionar a sus meninas por los paseos y parques de media Europa, dotando de gracia a la imponente materia de sus grandes volúmenes.


LA REALISTA
Sólo existe lo que piso, miro, siento y toco:
la lluvia que nos moja, los perros que nos huelen
y los apresurados transeuntes.
Detesto las mentiras de la irrealidad.
Acato sin protestar la tiranía de todo lo existente.
Sólo amo lo posible
y me sublevo contra el hechizo de las ilusiones.
Pobres amigas, ustedes tienen miedo a la vida
y por eso se esconden
entre las musarañas de la fantasía.
Yo sé vivir.
Las frases me llegan como una verdad tan rotunda como las piezas de Valdés. Es como si me hablase una desconocida (una mujer bella y distante) para traerme a la realidad y darme un un tirón de orejas. Es como si me dijera que para vivir tengo que silenciar todo ese jaleo mental que llevo encima y que me impide acercarme a las cosas y abrazarme a ellas, ese lastre que es como esas cajas que Valdés coloca a ambos lados de las cabezas de sus piezas, cajas que imagino llenas de libros, de discursos, de razones.

Y así emprendo el viaje (vuelto al centro del presente), con el propósito de abrazar todo aquello que encuentre y aprovechar cada momento para disfrutar de lo que ese momento depare. Ahora, es el momento. Esto que hay es el regalo que la vida tiene para mí
La realista tiene razón y se equivoca a partes iguale. Está bien saber que la realidad es la que manda en el organismo, pero luego está la imaginación, ese camino hacia el arte. Es un camino que, precisamente, nos alivia de "la tiranía de todo lo existente".
ReplyDeleteEn fin, que todo en su justa medida. Al fin y al cabo, nada es verdad, nada es mentira, nos debemos al equilibrio en la equidistancia.
Buenos días, Francisco.
Me ha gustado esta entrada. Saludos. Volveré por aquí.
ReplyDeleteAyer estuvimos en una exposición al aire libre de esculturas de Henry Moore. Quisimos recordar aquella otra exposición, también al aire libre, que pusieron en la Alameda de Hércules de esculturas de Manolo Valdés . No tenía seguridad en qué año fue. En este blog figura que fue en 2008 y, después de bastantes indagaciones, he comprobado que fue en 2007, Le felicito por la calidad literaria
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