Friday, January 07, 2011

MENOS HUMOS


Empezó a regir la prohibición por la noche. A la mañana siguiente pensé que sería la última vez que mi ropa oliera así después de una noche de marcha. Sería el primero de muchos otros cambios. Por la mañana habíamos quedado con los amigos para la cervecita. Muchos fuman y se trata de estar juntos. En el bar habían colocado unas mesitas fuera. Aunque hacía frío, acabamos tomando el aperitivo allí. Otros entraban y salían. Todos se sentían cómplices fuera. Es curioso, gente que antes no se trataba, unidos ahora por el vicio. La prohibición crea compañías nuevas. Los de fuera, miran a los de dentro calentitos, pero ellos están dispuestos a pagar el precio. Vaya rasca. Y yo que no fumo...Iba a coger mi primer catarro solidario. Menos mal que los días siguientes lució el sol y apetecía estar en las terrazas. Al aire libre todo sigue igual que antes...de momento. Eso, haciéndonos un poco los suecos. Porque el colegio de las monjas está cerquita (nadie quiere concretar mucho). Hay otros que fuman a escondidas, como antaño en el colegio. J. había aguantado bien toda la tarde, saliendo apenas un par de veces, pero en la cena, ya fue demasiado. Se fumó dos casi seguidos, ocultando el cigarro debajo de la mesa. Parecía que nadie se enteraba. Al tercero le dijo el camarero: oye, que ya llevas tres...No se le podía negar que había sido tolerante. Y es que ahora el humo canta mucho en el ambiente transparente de cualquier local. Por lo visto, me cuentan, el cura ha asegurado que va a permitir fumar dentro del templo (que no hace acepción de personas).
Ahora que no hay humos fuera, caemos en la cuenta de lo que fuman los cuñados. Por la noche, en casa, teníamos reunión familiar para esperar la llegada de sus Majestades. Fuman. Fuman tanto que creo que voy a tener que irme a algún bar para respirar aire limpio. Me van a hacer perder la costumbre de vivir en medio del humo y va a disminuir mi tolerancia, lo sé. Mi ropa, al día siguiente, sigue oliendo a tabaco, como siempre, y se que pese a la prohibición, voy a seguir siendo fumador pasivo, salvo que mande a la calle a mi cuñado. Pero estamos en enero. Todo se andará. Quizás el año que viene pondrán ya en los bares estufas en las terrazas y podremos volver a estar todos a gusto. Al menos recuperaremos la tradición de hacer vida en la calle y no dentro de locales cerrados. Y que cada uno fume o no, según le parezca.
Ya pasó la Navidad y cada uno se vuelve a su casa. El pueblo se queda vacío. Lo hemos pasado bien criticando al Gobierno y su manía de hacernos vivir más años, para luego tener que jubilarnos más tarde. Ya terminaron las fiestas y hoy toca descambiar los regalos.

3 comments:

  1. Me gusta, el primer texto que leo sobre "LA PROHIBICIÓN" que me gusta de verdad, casi tanto como fumar.

    He sonreído, he pasado frío y he fumado muy a gusto mientras te leía. Tanto, que voy a releerlo y a refumar, por supuesto.

    Yo también he vuelto, pero en mi caso de la ciudad que se ha llenado justo tras mi marcha.

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  2. Me gusta pasar un poco de frío con los amigos...

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