Tuesday, December 13, 2011

NO MIRES A LOS OJOS



Soy el niño que se metía debajo de la cama cuando venía una visita. Y soy el niño que cuando venían visitas hacía todas las gracias e imitaciones que le pedían, unas gracias con las que todos se reían. Era, pues, el tímido y el atrevido. Todos somos todas las cosas. Sólo hace falta tiempo. Creemos ser ahora algo. Pero todo puede ser distinto. Yo no creía en el mal de ojo, por ejemplo, pero el otro día una mirada, al cruzarme con una señora, me heló la sangre y pensé que podía ser la muerte que a lo mejor va buscando miradas por las calles, haciéndose la encontradiza, y que quizás se enamora de alguién y se lo lleva pronto con ella. Entonces, todavía desconcertado ante mis propios temores superticiosos, sorprendido ante mi propia irracionalidad, volví a sumergirme en aquellos miedos de la infancia a ser mirado, al deseo compulsivo de ocultarme a las miradas, de encerrarme con llave en un cuarto, quedándome para siempre solo conmigo mismo, a solas. Miradas en las que quizás alguna vez descubrí una sombra de piedad, o de burla (y eso se siente, como sentí -físicamente- esa mirada del otro día). Esas miradas que, cuando pierdes la inocencia, ves detrás de las miradas. Me he zambullido en el miedo. He penetrado en él. Huir no sirve de nada. Muerte. Miedo a la muerte. Amuletos. Cruces de Caravaca colgadas del cuello, higas hechas con la mano en el bolsillo. Y escribiendo esto traspaso el miedo, penetro en ese miedo -metido dentro- a una mirada burlona que de mí se apiada, una mirada que no es limpia, de una suciedad que no comprendo y me paraliza.

2 comments:

  1. Amigo mío.
    Mira a la gente de frente, es lo mejor que tenemos cada uno. La mirada dice mucho.
    No te rompas la cabeza. Cuando tenga que llegar, llegará sin perdirnos permiso.

    Recojo con cariño el beso que me has dejado y te regalo uno igual.

    Abrazos

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  2. Gracias por ese abrazo.

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