Monday, September 17, 2007

VUELO EN LA NOCHE

Para El Aviador Capotado

Decía Saint-Exupéry que lo que importa es lo que un hombre llega a ser, no lo que es, (que eso no se sabe). El asunto de la vocación, de no traicionar la propia vocación, era, para él, lo esencial de la vida humana. Por eso para el autor del Principito, el hombre “tarda en nacer” (lo que me recuerda al "Para nacer he nacido" de Neruda). Un hombre que sigue su vocación sin traicionarla, a menudo no halla la dicha, pero sí la densidad de la propia vida.
En otro lugar, se compadecerá del burócrata, ese hombre amodorrado que, para alcanzar la paz, ha cerrado con cemento todas las posibles vías a la luz y ha quedado atrapado en sí mismo, haciendo imposible ya para siempre que emerja el ingeniero, el médico, el inventor, el actor, el periodista…que alentaba dentro de él. Desde niño, Antoine quisó ser aviador. Su bautismo del aire tuvo lugar a los doce años, pero el ya soñaba con volar desde los cuatro.


Saint-Exupéry, presionado por una mujer a la que amaba, renunció a entrar en el Ejército del Aires y entró a trabajar como oficinista en el faubourg Saint-Honoré. Aguantó poco. En pleno marasmo emocional, la aviación comercial le salvó. Allí encontró una misión y unos compañeros. Siempre creyó que el único lujo verdadero de un hombre eran sus relaciones personales. Y ese vínculo se forja luchando con otros por un objetivo común, para el que cada uno se hace responsable de todos. Aquél equipo de pilotos que mantuvo la línea aérea Toulouse-Casablanca-Buenos Aires, con vuelos transoceánicos nocturnos y haciendo frente a los peligros del desierto y las acciones armadas de las tribus levantadas en el Marruecos colonial.
Didier Daurat, director de explotación de la Compañía Latecoere, le nombró jefe de la base aérea de Cabo Juby, situada en Rio de Oro y que era escala obligada de los aviones en la ruta Casablanca-Dakar. Rio de Oro era una región insurrecta en el Marruecos español. Muchos aterrizajes forzosos habían terminado con los pilotos secuestrados o asesiandos. Organizó hasta 14 expediciones de salvamento.
Aquellos heroicos pioneros del correo postal fueron la verdadera familia de Saint-Exupéry. Sintió que su vida se anudaba a la de ellos. Y encontró el sentido de lo humano en la experiencia del desierto. Allí, "los hombres azules" eran príncipes sin poseer nada. Descubrió la alegría expontánea del pueblo, los artesanos, las gentes en las medinas. Los lazos con los demás son los que dan sentido a los actos del hombre. Esos lazos rotos por el individualismo de nuestras ciudades. En medio de la pobreza había riqueza y en medio de la ignorancia sabiduría del vivir. Conoció esa vida intensamente comunitaria, tan distinta de la vida europea.

Estaba licenciado. Tenía 44 años. No debía volar. Europa estaba en guerra. Para el la guerra era la oportunidad de volar. De tomar su responsabilidad. De cumplir un deber. Tuvo que mover cielo y tierra (y conseguir una recomendación del hijo del Presidente de Estados Unidos) para ser enviado al frente. Mientras llegaba la autorización esperaba en la habitación de su hotel, escribiendo Ciudadela, su obra más ambiciosa y desconocida. Al fin le autorizaron para realizar únicamente cuatro vuelos. Arrancó de sus mandos, como favor, la oportunidad de llevar a cabo una última misión. Despegó de Alghero, en Córcega a las 8,30.A las 13,30 no había regresado. Le quedaba gasolina para una hora. A las 14,30 se le dio por desaparecido. El había dicho que guardar unas cuantas ovejas bajo las estrellas significa mucho si el pastor tiene conciencia de su papel, si se da cuenta de que es más que un servidor. "Es un centinela.Y cada centinela es responsable de todo un imperio"

7 comments:

  1. Siempre recordaré la figura de Saint-Exupery de mis clases de literatura francesa. Mi profesor estaba convencido que lo más interesante eran los autores más modernos, así que empezábamos el libro por detrás y el primero, entonces era éste. Hasta años después no leí una de sus obras que estudiábamos, Le Petit Prince, y descubrí entonces uno de los libros que más me han encantado de todos los que he leído nunca. Saluditos.

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  2. Despues de leer Ciudadela, no logro volver a ver al Saint-Exupery de El Principito.

    Precioso texto del emisor, lo imagino anillo al dedo para Aviador Capotado.


    B x C

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  3. Hola Búcaro y Tantamounth: el Pequeño príncipe -lo mismo que Ciudadela- comparten un concepto de lo humano, creo, crítico con el individualismo burgués. Una mirada a lo esencial que no es cuantificable. Yo Ciudadela no lo leo como un libro fascista (exaltación del Jefe y tal), sino como un deslumbramiento del autor con la vida trashumante y las exigencias que impone al hombre (lazos de lealtad...). La vida comunitaria, frente a la social ¿Es distinto El Principito? Creo que en la forma y en su encanto como fábula. Ciudadela (tengamos en cuenta que es un esbozo, mucho material no hubiera quedado) es otro género literario, pero el mismo hombre, preocupado por trascender de lo material. Pienso...Saludos a los dos.

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  4. Precioso post lo subo a artículos recomendamos. Me ha encantado.
    Sigo de viaje y leyéndote...

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  5. No comparto la pasión por el vuelo, pero comparto la pasión por la pasión.

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  6. Querido Francisco. Gracias por la dedicatoria. Me siento honrado.
    Debo reconocer que solo he leído El Principito y algún dossier sobre S-Exupéry en Babelia, quizás en Letras Internacionales o Quimera, ahora no lo recuerdo.
    Para no intoxicar este escrito, no he hurgado en ninguno de sus libros. Me ceñiré al vuelo y post.
    Siempre me he preguntado si S-Exupéri tuvo realmente un accidente en aquel vuelo de observación o fue “una fuga sin fin”. Acaso no pudo soportar la jaula de la cotidianeidad y sin posibilidades, escapó hacia “el punto de no retorno” se negó a ser el mono del Informe para una Academia de F. Kafka.
    Un vuelo es como escribir un relato. Hay un rumbo, una ruta, la correspondiente deriva, lo aleatorio con que nos premia la meteorología y un final de trayecto. Pero sobre todo la soledad, la hermosa soledad suspendido en el aire, libre, fuera de todo. Escondido pero estando.
    Yo paré mi vocación, la paré conscientemente. Mas allá no me gustaba, perdía sentido, era feo, demasiado técnico.
    Me inicié en la aviación con aeroplanos que me superaban en adad. Aquellos trastos tenías que domarlos, luego, se volvían dóciles, formábamos parte el uno del otro. De ellos, como de las personas, tengo un rostro en el recuerdo. El olor del que perdía combustible y perfumaba la cabina de bencina, el de vibrante cuadro de mandos, el incomodo asiento, la Jodel y sus extraños, la madrasta Stinson, para la que no había octanaje adecuado y había que hacer rutas con escalas cortas pues se formaba plomo en sus enormes bujías y tenía la mala costumbre de asustar en vuelo. Era como la vida y las personas “únicas y diferentes”.
    Entiendo que S-Exupéry fuera un buen pensador ¿acaso se puede hacer otra cosa que pensar y hacer introspección en un vuelo solitario de tres o cuatro horas en una ruta conocida?
    Hay experiencias inolvidables: La primera vez que vuelas solo, el primer viaje, los sustos, la lluvia mezclada con el sonido redondo del motor, falta de visibilidad y pistas embarradas.
    Bauticé a cada uno de ellos: la madre, el tarugo, el cigarrón. Cada uno tenía vida propia y así se comportaban.
    Varé mi ascenso hacia otro modelo de vuelo, reitero, a conciencia. Como bien dices, descubrí en Matacán, que la gente lo tenía todo claro, que volar significaba un proyecto de futuro económico y algo de héroe pequeño burgués. De modo que paré en una licencia en concreto y deje rendijas para vivir la vida como me apetecía.
    Nunca he disfrutado con la adrenalina ni las heroicidades, sencillamente traté de ser feliz.
    Hay un post en el aviador capotado de fecha mayo 2006, donde el escritor Rafael de Cózar relata parte de un vuelo con este aviador.
    Podría extenderme más, pero temo que cansaría

    Gracias de nuevo y fuerte abrazo.

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  7. Francisco, no he podido subir el artículo a la sección que te mencioné antes. Algún problema que no puedo solucionar lo impide.
    Lo sigo intentando.

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