Monday, July 31, 2006

UN MÚSICO FRACASADO

El hermano mayor de mi madre era un soltero de cuarenta y tres años, larguirucho y de nariz aguileña, que se ganaba la vida como clarinetista. Como todos los Fogg, tenía tendencia a la apatía y la ensoñación, a fugas repentinas y prolongados letargos. Después de un prometedor comienzo en la Orquesta de Cleveland, estos rasgos de su carácter acabaron por dominarle. Llegaba tarde a los ensayos porque se había dormido, se presentaba en los conciertos sin corbata y una vez tuvo la osadía de contar un chiste verde delante del concertino búlgaro. Después de que le despidieron, Víctor fue de un sitio a otro con varias orquestas menores, a cual peor, y cuando regresó a Chicago en 1953 ya había aprendido a aceptar la mediocridad de su carrera...Víctor sabía que le faltaba ambición, pero también sabía que había otras cosas en el mundo aparte de la música. Tantas, en realidad, que a menudo se sentía abrumado por ellas. Como era de esa clase de personas que siempre están soñando con hacer otra cosa mientras están ocupadas, no podía sentarse a practicar una pieza sin detenerse a resolver un problema de ajedrez, no podía jugar al ajedrez sin pensar en los fracasos de los Chicago Cubs, no podía ir al estadio de béisbol sin acordarse de un personaje secundario de Shakerpeare y luego, cuando al fin volvía a casa no podía sentarse delante de un libro más de veinte minutos sin sentir la urgente necesidad de tocar el clarinete. Por lo tanto, dondequiera que estuviese o adondequiera que fuera, dejaba tras de sí un desordenado rastro de malas jugadas de ajedrez, marcadores con resultados provisionales y libros a medio leer...Víctor no pretendía ser algo que no era.
(...)
Pondremos rumbo al Oeste, internándonos en las tierras salvajes. Creo que será interesante, independientemente de lo que salga de ello. Una panda de tipos urbanos en la tierra de los vaqueros y los indios. Pero me atrae la idea de esos espacios abiertos, la idea de tocar mi música bajo el cielo del desierto. ¿Quién sabe si no se me revelará allí una verdad nueva?.- El tio Víctor se rió, como para disimular la seriedad de ese pensamiento.

(Paul Auster, "El Palacio de la Luna")

Friday, July 28, 2006

ENCUENTRO



Me lo crucé por la calle en Oviedo. Pasé a su lado, pero creo que no me vió. Iba pensativo y con las gafas rotas. Preferí no decirle nada.

Wednesday, July 26, 2006

AFORISMOS DE ESTE MOMENTO

Para la vida, son más importantes las excepciones que las reglas.
Perdonar es haber comprendido nuestra propia estupidez.
Vivir de verdad es estar dispuesto a vivir menos tiempo.
Amar es afrontar que el otro ama de otra manera.
La mayor conquista es ser capaz de no tomarse uno en serio.
La libertad consiste en superar el miedo a equivocarse.
Inteligencia es sacar de nuestras imperfecciones algo valioso.
Nadie es bueno, pero ¿quien quiere ser nadie?

Tuesday, July 25, 2006

OPINIONES

Que algo lo diga Agamenón o su porquero, siendo cierto, debe dar igual.
No es así. Según quien hable, lo que diga será juzgado. Fulano ha dicho...ah, fulano es un comunista, o fulano es un facha. Y no escuchamos lo que dijo.
Kurt Cobain nos dejó estas seis leyes, escritas en su diario:

1.- No violes.
2.- No tengas prejuicios.
3.- No seas sexista.
4.- Ama a tus hijos.
5.- Ama a tu vecino.
6.- Ámate a tí mismo.
No dejes que tus opiniones obstruyan esta lista.

No me importa quién fue Kurt Cobain, lo que hizo ni cómo murió. No me importa la fama de su viuda. Sólo digo que, en su sencillez, el suyo me parece un buen programa. Lo dijera Kurt Cobain, o su porquero.

Thursday, July 20, 2006

CORAZÓN

Detente, corazón mío!
No pienses! Deja el pensar en la cabeza.

Alvaro de Campos

Wednesday, July 19, 2006

LEVIATÁN


En “Leviatán”, Paul Auster plantea, como en otras novelas suyas, el tema de la pérdida de peso del presente y la angustia ante el cambio: una situación de peligro para la vida (en este caso una caída desde un cuarto piso, amortiguada en último momento por las cuerdas de un tendedero) determina una toma de conciencia del protagonista. Algo, para él, muy grave: es consciente de que –sin saberlo- ha provocado el accidente. Se da cuenta de que algo en él, algo que no era consciente hasta entonces, ansiaba esta crisis, buscaba una salida, un desenlace. El accidente (que se produce un 4 de julio, mientras Ben está contemplando los fuegos artificiales sobre Manhatan) no es pura casualidad, de alguna forma encierra un mensaje, materializa algo profundo, una necesidad radical de cambio. Desde ese momento –desde esa toma de conciencia- Ben sabe que debe cambiar su modo de vivir o volverá a encontrarse con la muerte, tarde o temprano. No es sólo que deba dejar sus hábitos, dejar de escribir sus artículos o interrumpir su acelerada vida social. Él siente que sólo podrá cambiar realmente cuando desate el vínculo más sólido en su vida: el de su matrimonio. Su natural bondad, sin embargo, le hace imposible concebir el comienzo de algo nuevo, a partir de un acto de crueldad (en este caso hacia su esposa). Por ello, envuelto en un pensamiento circular, empieza a provocar –también inconscientemente- que ella tome la decisión de abandonarlo.
Auster vuelve –así- al leit motiv del relato: cada persona da vida a sus propios fantasmas (a la infidelidad de su pareja, cuando deja de sentirse deseada; a la marcha del otro, cuando desea ella misma romper y no puede; a la muerte, cuando no desea ya su vida). ¿Cómo acabar con esos fantasmas? En el caso de Ben y Fanny, es mucho ya lo que han vivido. Han superado problemas de pareja. La pérdida de autoestima de Fanny que generó sus celos hacia Ben (quien quizás se entregó a los encuentros que en principio fueron fantasías de su esposa, como forma de justificarla ante sí misma y como modo de mantener el fuego de su relación), celos que sólo pudieron curarse cuando Fanny forzó una relación extraconyugal con Peter, el mejor amigo de Ben (recuperando así el sentimiento de ser una mujer deseable y salvando a Peter de la tentación de reanudar su rota relación anterior).
Cuando Ben acabe forzando el abandono de Fanny, se dará cuenta de que ha perdido para siempre lo único que tenía, de que tiene entre manos un final y no un principio. La libertad como sueño de escapar a nuestra propia identidad (la estatua de la Libertad es una constante referencia, el vértigo a la caída, como peligro y como destino), es un Leviatán, un monstruo que destruye.
El narrador, Peter (Auster siempre está presente con un alter ego en todas sus novelas), se refiere a un momento en que se vio, por primera vez y con toda claridad, de pronto envejecido: sintió que la vida pasada había cristalizado en este presente suyo, en las personas con las que ahora estaba, las que ahora tenía en su corazón…Eso era su vida: esto de ahora. Creo entender a lo que Auster se refiere. A la fantasía de otra vida distinta de la que hemos ido construyendo, como algo posible y que requiere desbaratar (malbaratar) todo lo conseguido. Pero –nos advierte- no hay otra vida, se trata de una pulsión autodestructiva, siempre presente en cada uno de nosotros: tirar por la borda lo que tenemos es una forma de negar nuestra vida, de anticipar nuestra muerte, por un deseo de “serlo todo”, que viene a ser lo mismo que “no ser nada”.

Monday, July 17, 2006

DOS CABEZAZOS


Nos fuimos del hotel para ver la prórroga (la televisión del hall era pequeña y apenas distinguíamos a los jugadores desde nuestro sitio). Callejeamos y entramos en un bar del centro en el que vimos una mesa libre. No había muchos parroquianos. Pedimos una botella de sidra y un surtido de quesos. Allí el camarero tira la sidra justo en el momento, para que bebas ese trago burbujeante al romper el líquido en el vaso. Los quesos son repulsivos en su contextura, color y olor, pero el paladar resulta exquisito. La prórroga está siendo para los franceses. Luis me dice, por enésima vez esa noche, que parecen drogados: no pueden correr así con más de veintinueve años de media en las botas. Se anima a Italia (yo, sin embargo, tengo mis silenciosas simpatías por el equipo francés, cuyo esquema de juego es el que más me gustó durante el campeonato). Hay un entrar y salir de gentes, casi todas habituales, a lo que parece. Uyyy. A punto ha estado de marcar Zidane, de cabeza. La ha girado bien, pero el portero ha evitado el tanto. Un cliente al lado se dirige a nosotros en busca de conversación. Está solo. Junto a él una sillita de niño (seguramente su esposa le dejó bajar a ver el fútbol, pero con la condición de llevarse al pequeño). El niño, de tres o cuatro años, no deja de corretear por entre las mesas. Se sigue el partido con profusión de comentarios entre los clientes habituales. De repente el niño pasa por delante de nuestra mesa y se cae para atrás. Ha resbalado en el suelo encharcado de sidra y se ha dado un fuerte golpe en la cabeza. Ha quedado en el suelo, llorando y doliéndose. Nos incorporamos, mientras el padre acude a recogerlo. Por un momento dejamos de atender al partido, y en esto, se produce un jaleo en el bar ¿qué ha pasado? Zidane ha dado un cabezazo en el pecho a un defensa italiano, el árbitro consulta, va y viene, saca la tarjeta roja. Le han expulsado “¿Qué hiciste Zidane? ¿qué hiciste?” –grita el señor de la barba- . Ha sido una agresión grave. Un gesto lleno de rabia y violencia. “Han tomado algo”, insiste mi amigo. El padre intenta tranquilizar a su hijo, que se revuelve en la silla y le tapa la boca con un chupete para que deje de llorar, mientras grita al señor de la barba. “Ya le ha pasado otras veces, a éste se le va la cabeza”. Era su último partido. “De héroe a villano, en un momento”. “Esto es lo que se recordará de este Mundial”. ¡Qué pena! “Demasiado bueno, Zinedine” (pienso en mi mujer, que tanto lo admira). En esa confusión aparece la madre de la criatura gesticulando a su marido, airada. “¿Por qué le diste el chupete?”, “Se cayó, mujer. Se cayó”. El marido da explicaciones, mientras están tirando los penaltis.
Pero ya…da lo mismo. Estoy decepcionado. “¿Por qué tuvo que acabar así uno de los mejores jugadores”. Entonces, recuerdo lo que dijo Borges. El Infierno y el Paraíso son desproporcionados: los actos de los hombres no merecen tanto. Ninguno somos ángeles ni demonios. Hacemos ídolos de hombres de carne y hueso. Y mostrarse como tal, como humano, es algo que hay que agradecer al dios argelino. Y pienso, y se lo digo a Luis, que lo que ha pasado demuestra que Zidane no se preocupó de sí mismo, de su prestigio, de su historial, no jugó para alimentar su aureola de hombre equilibrado, correcto, caballeroso. Se metió en el partido sin reservas, como siempre lo había hecho. Y esto, a mi modo de ver, lo ensalza y lo muestra como un verdadero deportista (a pesar de lo poco deportivo de su conducta). La pareja de al lado, desentendidos del partido, siguen su romántico cortejo. Yo espero que Zidane salga a recoger su medalla. Se lo digo a Luis: “Todos le perdonarían”. Todos necesitamos perdonarle: basta que pida perdón. Que reconozca su error: es un ser humano. Pero su arrogancia puede más. La fiereza de su mirada afilada continuará fuera del estadio y ya nunca habrá un final a este partido. Esta es la decepción verdadera, la que me llevo de vuelta al hotel.

Friday, July 14, 2006

CON LAS MANOS AL VOLANTE


Ya hice todo lo que tenía que hacer. He ganado y he perdido, he amado y he sufrido. Ahora todo está consumado. Y, sin embargo, sigo aquí. Hay una vida residual ¿qué sentido tiene? Ayer me salté un stop. Pude morir, pero no circulaba ningún vehículo por la otra vía en ese momento. Frené bruscamente y paré en el arcén, con el corazón desbocado. “Se me concede una nueva vida. Todo lo anterior no cuenta. Empiezo de nuevo. Otra ciudad. Otra identidad”. Oviedo ¿por qué no? Podría ir por esa nueva vida como un turista japonés. Podría ir por esa vida nueva como aquél catedrático borracho que tuve, que sólo daba su clase después de trasegarse un whisky en el bar, ese hombre cuyas clases eran geniales, en las que hablaba inspirado y profético, con aquél énfasis y aquella brillante embriaguez. Podría ir por esa vida como aquél vaquero que llegó al rancho, donde nadie conocía su pasado de boxeador o pistolero que había matado a alguien, y empezar a trabajar honradamente con el ganado, junto a esa mujer sola y su hijo adolescente, al que enseñaría a hacer nudos o ha tallar con la navaja.
¿Qué dirá de esto Paul Auster? Leo en “La noche del oráculo” que las palabras modifican la realidad…Hay que tener cuidado de cómo nos contamos la historia de nuestra vida, porque la fantasía se puede convertir en realidad. A veces, como le sucede a uno de los personajes, me siento encerrado en un refugio antinuclear sin llave (sin saber cómo seguirá la historia) o me cuento mi propia realidad como un callejón sin salida. Pero, ya al decirme esto, estoy tirando la llave. La llave es el amor: el escritor al que da vida Paul Auster, acaba rompiendo ese cuaderno azul que le ha llevado a escribir historias sin final, historias de desamor, de traición, de amargura. Sólo es real el deseo de terminar con esos fantasmas, el deseo de comprender al otro, de vivir en cada momento en la realidad (sin que la escritura o la fantasía nos impidan escuchar el teléfono que suena, o a nuestra mujer que entra en la habitación en que escribimos). Estar presente y contarnos nuestra historia con palabras de ternura ¿es eso lo que dice Paul Auster? ¿es ese el oráculo extrañamente moralizante del libro que he leído?
En todo caso, decido recordar ese stop la próxima vez que pase por aquí y me prometo a mí mismo conducir con más atención y dejar de fantasear con un volante en la mano.

Thursday, July 13, 2006

Wednesday, July 12, 2006

MÚSICA DE TERCIOPELO




A la vuelta de unos días por tierras asturianas y gallegas, el trabajo me ha estado aguardando. Hay que afrontarlo. Nada mejor (aunque este post encajaría mejor quizás con mis "Mitologías Personales"), que ponerse dandy y recordar el lujo escénico de "The Style Council", ese grupo tremendamente pijo, del pijo mayor del Reino Unido, Paul Weller.Por que, en la guerra eterna entre mods y rockers, he de reconocer que fui siempre un mod, y admiré los sonidos y las indumentarias de estos chicos británicos para los que la música era una proyección de una vida cómoda y risueña de "niño bien".
En "Las insólitas aventuras del pez", leo dos entradas sobre el grupo (creo que ya se puede decir "de culto")recomendables para quien guste de su música. Moda, alegría de vivir, todo un reto en la época del thacherismo y las huelgas mineras. Un modo de ir por la vida un tanto serio, orgulloso, seguro de uno mismo, con ropa de marca y buenos cortes de pelo, al parecer sin grandes cosas en qué ocuparse (fuera de uno mismo y su ropa). Ese tipo de vida muelle, de salida nocturna por el puerto para dejarse ver por las niñas bien y tomar una copa, dejándose querer y encantado de haberse conocido, vida a la que uno -ahora con el trabajo encima de la mesa- dirige la imaginación y el deseo.
http://aventuraspez.zoomblog.com/archivo/2006/01/18/the-Style-Council-Las-Pruebas.html

http://aventuraspez.zoomblog.com/archivo/2005/04/21/the-Style-Council-Dandismo-Critico.html



Paul Weller, el "padrino" del mod (antiguo vocalista de "The Jam") y otro elegante, el pianista Mick Talbot. Sonidos distinguidos producidos por estos dos jóvenes limpios y aseados, con sus blazers, sus pulligans por los hombros, los naúticos, ese cigarrillo rubio sin filtro en la comisura de los labios y un concepto de "estilo", en el que se mezclan los martinis y el café capuchino con el gin-tonic de Bombay Saphire. Los noventa ingleses aportaban estas cosas: distinción con ese punto hortera, típico de los hollygans. Una música suave, aterciopelada, relajante, para una vuelta al trabajo también pausada y amable.

Tuesday, July 11, 2006

PINTADAS (EL ARTE DE LOS GRAFITEROS). 1


Este gran ojo, con hojas a modo de verdes pestañas, está en un muro a la salida de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla. Cada vez que he pasado por allí, lo he mirado, absorto en su mirar, no se si triste o gozoso. Ojo de mujer, para mí, que llora o ha llorado y ése es para mí el brillo que refleja esa luz y si ha llorado, mira ahora hacia arriba, hacia el cielo.

Thursday, July 06, 2006

ACERCA DE LOS HÉROES



El otro día me bajé a la playa con el libro que estaba leyendo. Era “Homero, Ilíada”, de Alessandro Baricco. Quizás no haya otro momento menos épico para leer una obra épica –pensé mientras las bañistas se sumergían en esas aguas, las mismas que en tiempos de Homero se teñían de sangre, las bañistas cuyos cuerpos semidesnudos no serían muy distintos de aquellos por los que pelearon Menelao con Paris o Aquiles con Menelao- y mientras me embadurnaba de protección solar, pues era una hora peligrosa, con mis gafas de sol graduadas y bajo la sombrilla, una vez refrescado con un breve chapuzón, me disponía -sin convicción- a proseguir la lectura, comenzada la noche anterior, aislándome de la conversación que M y C mantenían a mi lado, una conversación que versaba seguramente sobre héroes modernos cuya efímera fama es cantada por los medios, no de distinta manera que Homero cantara las gestas de los difuntos héroes, para que perdurasen sus hechos, pues la muerte no debía acabar con la memoria. Estaba leyendo cómo Aquiles no quería guerrear y se dedicaba a la música mientras innumerables aqueos morían –como un moderno pacifista- y sólo entró en combate por un exceso de amor, por vengar la muerte de su amado Patroclo. Y para que su alma no descendiera sola al Hades, sacrificó ante su túmulo a doce jóvenes guerreros, apenas muchachos, a los que degolló sin concederles la piedad que suplicaban, llorando agarrados a las rodillas del héroe, pero él no tuvo piedad, y tal matanza provocó que el río a cuya orilla los ultimaba uno a uno se encolerizase –tanta era la sangre juvenil que lo iba tiñendo- y formase una ola gigante para arrastrar lejos al impío Aquiles (cuando la religión dotaba a la Naturaleza de una voluntad propia y admitía que un río pudiera encolerizarse o el viento enfurecerse ante los hechos de los hombres y éstos podían, así, reflexionar y aplacar a tales fuerzas naturales con ofrendas, religión que nos sería ahora tan conveniente y sin embargo el hombre ya no cree que la Naturaleza pueda enfrentársele, ni que exista un alma ni una furia que castigue, no cree en ese castigo, se cree inmune y dueño de todo lo demás que existe y actúa como un depredador). Y volvía entonces –entornados los ojos por la luminosidad- a contemplar las aguas y a los niños que se bañaban, y me volvía introducir en el mar, tragando sí un poco de agua o aspirándola de mi mano, para gozar de su sabor antiguo, y me lanzaba con brío y entraba a las olas que venían, cuando –al salir de una de ellas- me encontré rodeado de cuatro jóvenes de pechos desnudos, saltando como ninfas que jugasen con la espuma, ceñidas sus caderas por las aguas, y era como estar en el libro, con Helena y sus doncellas (moderno Paris). Y volvía otra vez a mi silla y a mi libro, secándome al sol, mientras algunas de las ninfas seguían riendo ruidosas entre juegos, y allí encontraba a Aquiles enfrentado a Héctor, el héroe troyano que había causado estragos entre las naves aqueas y estando ambos a las puertas de Troya y a la vista de todos sus compatriotas y de todos los aqueos, Héctor flaquea y empieza a correr perseguido por Aquiles y llevan dadas tres vueltas a la muralla, uno huyendo del otro, cuando un hermano menor de Héctor sale de la fortaleza y se enfrenta a su hermano recordándole que la suerte de la ciudad está en sus manos, y Héctor recupera el aplomo y se decide a aceptar su destino (los héroes de entonces podían huir -otra vez ya Héctor se había escabullido entre las filas del ejército troyano y había entrado disfrazado por la puerta falsa de la ciudadela franqueda por su nodriza, para buscar el cobijo de las mujeres, y recuperar entre ellas la propia estimación, pues en aquellos tiempos era compatible el miedo y el arrojo y las mujeres no afeaban las flaquezas del héroe, porque cuando uno era valiente, era un dios el que lo poseía y combatía a su lado y en tal caso éramos invencibles y nadie podría vencernos y en tal caso no era indigno huir y alejarse de la muerte, lo que es propio de nuestra naturaleza, pero tampoco al matar decidíamos la muerte del otro sin contar con la venia de los dioses –pero hoy vivimos sin dioses y creemos que los héroes no huyen y que el que huye es un cobarde, y nos creemos héroes o cobardes, inventando así una identidad que nos aprisiona y nos cierra cualquier salida, condenados a ser nosotros los que matamos o los que morimos). Y al levantar los ojos, la marea que ha subido y está a punto de mojar la toalla y hay que plegar la sombrilla y hay que irse a almorzar.

Wednesday, July 05, 2006

REFLEXIONES PRE-SANFERMINERAS


Pensando en tanto kalimocho y zurrakapote, he rescatado de mi archivo de noticias importantes la siguiente:

La 'pastilla del KGB' contra la resaca, que hace furor en EEUU, llegará a España en unos meses
la ru-21, inventada hace 30 años,elimina los efectos de la metabolización del alcohol

El producto ayudaba a los agentes secretos soviéticos a mantenerse sobrios mientras emborrachaban a sus rivales

WASHINGTON. Lapastilla del KGB , la píldora contra la resaca que inventó un científico ruso durante la Guerra Fría, está causando furor en EEUU, donde los que buscan sacudirse de los excesos del día anterior se han gastado dos millones de dólares en un mes.
Y la cosa no queda ahí ya que los fabricantes de la RU-21, nombre con el que se comercializa la pastilla, están dispuestos a llegar "hasta el último rincón del planeta" para librar al mundo de la temida pokhmelie , -resaca en ruso-.
El producto, que se vende en 12 países, entre ellos Chile, Vietnam y el Reino Unido, estará disponible en España antes de finales de año y debutará en México en las próximas semanas, según aseguró Emil Chiaberi, presidente de Spirit Sciences USA, la compañía californiana que distribuye la pastilla.
RU-21, conocida en Rusia como Antipokhmelin , nació en un laboratorio de Moscú hace más de 30 años cuando Yevgeny Mayevsky desarrolló un compuesto con vitamina C, hidratos de carbono y aminoácidos.
El invento de Mayevsky reduce la producción de acetaldehído, un químico nocivo resultado de la metabolización del alcohol que no sólo es el causante de la resaca, sino que se transforma en un pernicioso ácido para el hígado, el ácido acético.
Según la leyenda, que Spirit Sciences se ha encargado de alimentar, los primeros clientes de Mayevsky fueron los agentes del KGB quienes creían que la Antipokhmelin les ayudaba a mantenerse sobrios mientras extraían jugosas confesiones de sus ebrios rivales.
La ciencia no evolucionó por esos derroteros pero los espías rusos sí podrían haberse librado del amargo trago de la pokhmelie . Pese al revolucionario invento, Mayevsky y su pastilla permanecieron en el anonimato hasta el 2000, año en el que Dmitry Myasnikov, socio de Chiaberi, comenzó la producción masiva del producto en Rusia.
El siguiente paso de la Antipokhmelin fue el debut en EEUU en mayo del 2003 con el nombre de RU-21, en alusión a la edad legal para empezar a consumir alcohol, los 21 años. Desde Estados Unidos, Spirit Sciences ha diseñado una agresiva estrategia comercial que se ha traducido en ventas anuales en todo el mundo de 36 millones de dólares.
De todos modos, el embriagador éxito del producto ha ido acompañado de una buena dosis de controversia ya que la gente bebe más de lo habitual al ofrecer una falsa sensación de seguridad. EFE.

Tuesday, July 04, 2006

LEER LAS CARPETAS


Dean Brown ha actuado en Tenerife con el grupo de David Samborn. Según cuenta Tritácora ha sido un concierto fabuloso. Dean Brown, con sus contorsiones convulsas, es un guitarrista -más que eléctrico- electrificado. Espasmódico. Cuando toca parece poseído por su música, a la que acompaña con todo el cuerpo y con ese rostro, tan parecido al judío Fagin, de Oliver Twist. Pero -a pesar de todo ello- estamos ante un músico totalmente controlado y con un gran nivel técnico (singularmente afinado, como apunta Tritácora, y dominando en todo momento el sonido que quiere extraer de su guitarra). Brown formó parte en los noventa del grupo del bajo barriobajero Marcus Miller, momento al que pertenece esta foto. En esa banda dotaba a sus breves solos de una increíble intensidad. Los preciosos temas que el Sr. Miller compuso para el último Miles Davis.
Leyendo el comentario del concierto, percibo en Tritácora un gran aficionado. Escribir sobre jazz es difícil ¿cómo transmitir la emoción de la música? Es, con toda seguridad, un género literario. Los buscadores de excesos (en mi caso, vicarios), gozamos de esa lectura, de esas biografías en el límite, de esas vidas arrastradas por hoteles de mala muerte, entre vómitos. Es un género difícil. Por eso, entre nosotros, muy pocos son los críticos especializados que saben relatar un solo o dar el contrapunto literario a determinado tema (Rubio, el inefable Cifu). Escribir carpetas es un arte. Requiere el dominio de una jerga especial. A mí me gusta leer, también, lo que dicen los propios músicos. El ambiente de la sesión o su impresión sobre sus compañeros. De Tete Montoliú dijo el productor de uno de sus discos (Bues for Nuria, Joachim Berendt) que tenía "el sonámbulo instinto del ciego". Yo leí una y otra vez aquella carpeta. En ella se contaba la historia de un niño ciego, al que su padre, maestro de la Banda de Barcelona, llevaba al Conservatorio. Y allí, en Barcelona, se presentó y le dió clases Don Byas, y ese ciego se hizo músico de jazz (esa música viciosa de las madrugadas, llenas de tabaco y whisky, una vida no apta para ciegos adolescentes). Y ese negro mujeriego (era bajito pero llego a enamorar a grandes damas), arribó por razón de amores a Barcelona, y vivió de dar clases de música (saxofonista él), como yo ahora recibo clases de un americano varado en Sevilla. Y descubrió el jazz, y dedicaba un tema a su bajista, alemán, prematuramente muerto (Visca L'Ampurdá), y a su hija (ese sexo ciego de los ciegos), y la carpeta contaba tantas historias a la vez, para un chico de quince años, que leía solo...otro munto. Frases como esas me aficionaron a leer (no a sentir el jazz: ese lo sentí siempre, es lo más auténticamente mío que tengo) las carpetas de los álbumes, para aprender de los músicos y algo para adivinar lo que dicen (a duras penas por mi falta de inglés). En mi recluída adolescencia, esas lecturas y esas audiciones llenaron muchas horas y compensaron mucha infelicidad. Ahora estudio inglés. Me gustaría entender algunas letras de Ben Sidran, me gustaría leer por fin algunas de las carpetas que sólo he imaginado. Una vida de jazz.

Monday, July 03, 2006

RAZONES PARA EL SILENCIO

Ya me lo advirtieron: escribir es vaciarse. Hay que llenarse para eso. Pero, además, me ha pasado como dice Gil de Biedma: lo que me gustaba cuando empecé era ese "apostarse entero" en cada cosa que escribes, esa pasión. La he puesto, y a cambio, he vivido momentos emocionantes, que recordaré siempre. Pero la pasión decae (y más a falta de piel y miradas). E indudablemente, cuando ya no hay pasión, sobrevive la costumbre y entonces surge el personaje, ese yo más falso que verdadero, con el que nos identifican y acabamos identificándonos. Ese corresponsal previsible. No me gustan las artes que ese personaje va aprendiendo para defenderse, sus tonos y soniquetes, sus rabietas y sus moralinas, sus celos y sus ensoñaciones amorosas, sus discursos asertivos o melancólicos que, inevitablemente, va reiterando de forma aburrida (y consabida). También decía Gil de Biedma para justificar sus años de voluntario silencio: "a lo largo de estos años he aprendido, bien o mal -bien y mal-, a ser un encajador, un aprendizaje modesto pero absorvente, que apenas permite escribir poemas". Encajar ¿qué? Seguramente mi realidad, para distinguirla nítidamente: quién soy y cuántos años tengo, cuál es mi presente y cual fue mi pasado. Aunque sea para inventar en el futuro una identidad, pero real y cobrando los frutos de mi trabajo. No sé. Se me ha contagiado el estrés ambiente, pre-vacacional, luego vendrá el post-vacacional (de estrés todos sabemos). Los blogs que leo -los que más asiduamente visito, echan el cierre por vacaciones. He pensado yo también en tomarme un descanso, para procurar encontrarme con los que tengo a mi lado y ser feliz con ellos. Pero, escrito esto, me desdigo en seguida. No creo ni quiero creer en las despedidas. Mientras estén ahí mis amigos, no quiero cerrar el puesto. Un beso para todos y todas.