Tuesday, February 07, 2006

EL PADRE AUSENTE


Fernando Arrabal fue educado como un niño huérfano de padre. Al cabo de muchos años supo que su padre vivía cuando él era niño y que estaba encerrado en una carcel militar por haberse opuesto al Alzamiento. Luego, desapareció y se perdió su pista. Su esposa odiaba al padre de Fernando, como culpable de su situación familiar, de todos los problemas económicos que vinieron a consecuencia de su defensa del orden legal. Odiaba esas ideas políticas, odiaba al hombre que había antepuesto esas ideas a sus obligaciones familiares, al responsable de todo el dolor que suponía ser la familia de un rojo...tanto lo culpaba que simbólicamente lo mató, lo condenó a muerte. Y como muerto se lo contó a su hijo, condenando así a éste -a su vez- a vivir sin padre.¿Qué sabemos los "huérfanos" de nuestros padres? Lo que nos contaron. Quizás lo que nos mintieron. Y tal vez lo que más odiamos de ellos -su ausencia- era mentira también. Un niño se lo cree todo. Un niño se siente culpable de todas las lágrimas de su madre. Y así, Fernando se hizo su propio padre, como todo niño huérfano.¿Perdonó alguna vez a su madre? Supongo que sí. Sin su mentira, el no habría sido Arrabal.

3 comments:

  1. He recuperado esta entrada de mi tercer blog -"Mitologías personales"- porque sentía que había un vínculo con la entrada anterior: "madre e hijo". Esa relación en la que se forja en el niño su manera de entender lo masculino y lo femenino. Esa madre que "mata" al padre con una mentira: la mentira mata la verdad. O ese hijo -Simenon- que quiere creer que él y su madre se querían y fingían ignorarse. La dureza, en ambos casos, de la madre (como esposa o como madre, como mujer). Me recuerda a esa otra madre, la mujer de Isaac, que disfraza al hijo (Jacob) para que el padre ciego lo confunda con el mayor (Esaú), quitándole así su derecho legítimo a la herencia.

    ReplyDelete
  2. Puede resultar duro decirlo y oirlo, pero no somos libres hasta que nuestros padres no han muerto. Nos colocamos entonces en primera línea, avanzamos hasta el máximo rango en la escala de la supervivencia. Pero alterar ese orden siempre es problemático. Cada cosa a su tiempo.
    Sin embargo, toda verdad encierra otra como las muñecas rusas y el anverso no existiría sin el reverso. La falta del padre, a veces, ha otorgado fortaleza al huérfano de naturaleza débil; la fuerza de tener que sustituir al padre ausente.
    Todo es demasiado complejo y, en cualquier caso, no conviene examinar nuestras vidas como si fuera ropa sucia para lavar y comprobar las manchas que tiene. Y si así lo hacemos, tengamos presente que el mejor detergente es el olvido

    ReplyDelete
  3. Anonymous2:49 PM

    Amigo mío, que alegría si se pudiera olvidar.El problema, tal como lo veo, es la impronta que queda el dolor en esos años tan elementales para el resto de la vida. Solo olvidamos, gracias a los sucedaneos, las maquetas que creamos para huir del dolor: Alcohol, ansiolíticos y un largo etc, que mejor no nombrar.
    Solo se puede aceptar la muerte de los padres, cuando estos te han amado y hecho libre. Jamás aceptaras su desaparición, si no te dieron la seguridad y el amor que necesitabas. Correrás como un perro tras ellos, buscando una chispa de amor para salir de la maldita ansiedad.
    Amigo mío, cuando no se ha sido amado,no queda ni el placer de la venganza.

    Hormigas enla boca.

    ReplyDelete