Monday, January 02, 2006

DOS O TRES SENTIMIENTOS DE AMOR


Michel Petrucciani nunca fue bello. Nació con una enfermedad, la osteogénesis imperfecta (huesos de cristal) que iba progresivamente deformando su pequeño cuerpo de enano. Empezó a tocar el piano a los seis años, con su padre y su hermano (cómo le amarían...). A los trece se presentó como solista en un recital. Triunfó como músico de jazz y su talento fue mundialmente reconocido. En sus improvisaciones queda patente un poderoso lirismo (habrá tenido una gran capacidad de amar). Poseía sin duda una sensibilidad excepcional (habrá tenido una gran capacidad de ser herido). En las portadas de sus discos siempre aparece sonriente; sentados o arrodillados a su lado sus compañeros, que admiraron su genio. Junto a ellos, su gran cabezota repulsiva se ilumina con unos ojillos profundos y vivos y una risa clara. Al piano, su expresión era concentrada y por momentos arrobada. Alzaba la cara cerrando los ojos, transportado a un mundo donde no existían esos límites físicos que le condenaron a un vida breve y dolorosa. Murió en 1999, con treinta y siete años. Parecía un anciano. Sufrió. Vivió. Sintió. Nos dejó la belleza de su música. Fue querido. Triunfó sobre la adversidad.

5 comments:

  1. Adversidad. Qué bonita palabra. Y cúantas vueltas le he dado a esta palabra ultimamente...La adversidad es necesaria, dicen. No sé si es necesaria pero está claro que es inevitable así que mejor llevarse bien con ella. ¿No crees?
    Una brujita se tomó su primer pote de 2006 en el Noé. Si lo llega a saber hubiera alzado su copa para brindar por tí. Lo hago ahora. Un abrazo. Me gusta mucho tu blog.

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  2. Parece que el brujo fuera yo...caramba. He leído tu comentario cuando iba a editar de nuevo la entrada. Pero ya no, ya te digo lo que iba a decir. Quería hablar de si ese hombre feo se pudo ver algún día -en los ojos de una mujer que le pudiera amar- bello y cómo el amor embellece a las personas y cómo lo único real es lo que se ve con esa mirada. Me quedé sin respuesta para tu otra pregunta...tan dura, como ingenuo mi comentario. Pero puede curar al médico el ser consciente no es él el que cura, que la enfermedad es un camino que el enfermo hace -no triste, no impuesto, de alguna forma enriquecedor y elegido- y en él le acompañamos un tranco (como de Estella a Puente la Reina, bajo el sol, o desde Roncesvalles, con la nieve) y no le decimos adiós, porque a lo mejor nos volveremos a encontrar (así es de desconocido el camino que hacemos, tan extraño como haber estado contigo en el Noé sin saberlo). Un abrazo y gracias por compartir conmigo estas cosas.

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  3. De Petrucciani solamente conocía su música. Me ha sorprendido conocer su aspecto... pero de todas formas es anecdótico, ¿no crees?
    A veces parece como si el arte, la música, la literatura, se desprendiera de sus autores, les sobrepasase, les hiciera inmortales. Quizás el secreto de Petrucciani era precisamente ese, lo efímero de la carne, lo perdurable del arte.
    Te deseo buena singladura.
    Un saludo.

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  4. Hola Portnoy, bienvenido. Sí, del artista queda su obra, e incluso el "personaje". El individuo, su vida interior, sus sentimientos, son -sin embargo- la madera que se quema en el fuego de su arte. Por eso vale la obra, porque lleva dentro (se ha hecho a costa de) una pequeña vida (tan pequeña y miserable como todas). Jesús García Calderón lo recordaba de Pessoa: en su casa le llamaban "el inútil" (una cucaracha kafkiana). Yo estuve en el museo de Pessoa en Lisboa (donde se alzaba la casa que, lógicamente tiraron abajo). Él se asomaba a la ventana porque en la casa de enfrente vivía la mujer lejana, su amor. Ahí trabajaba. Soñaba, sufría...Ese dolor, es como la espina en la que el ruiseñor apoya su corazón para extremar la belleza de su canto (la metáfora de Wilde). Ese es el artista. Un abrazo.

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